Mitos suales que dañan tu salud mental

Mitos sexuales que dañan tu salud mental (y tal vez no lo sabías)

Resumen

Los mitos sexuales influyen en la autoestima, la ansiedad y la calidad de las relaciones. Creencias como que el deseo debe ser constante, que el orgasmo es obligatorio o que el amor garantiza buen sexo pueden generar culpa y frustración. La educación sexual, la comunicación abierta y el apoyo profesional son claves para una vivencia sexual más saludable.

Hablar de sexo en la familia, con amigos, o simplemente en público sigue siendo incómodo, cuando no tabú, en muchas ocasiones, y cuando sí se habla de ello, suele estar lleno de mitos, historias creadas y falsas creencias que afectan cómo nos vivimos en la intimidad. Pero lo que muchas personas no tienen en cuenta es el gran impacto psicológico que esos mitos pueden tener, y que se refleja con mucha frecuencia en terapia: ansiedad, culpa, baja autoestima… ¿Te suena?

En este artículo vamos a intentar desmentir algunos de esos mitos que nos encontramos en el discurso popular, entender de dónde vienen y, sobre todo, ver cómo pueden dañar nuestro bienestar emocional y sexual. Porque lo más importante para tener una vida sexual sana y plena es informarse bien.

Mito 1: “Los hombres tienen un deseo insaciable e incondicional de sexo”

Esta creencia es una de las clásicas dentro de la ideología popular. La idea de que el deseo masculino es constante e inagotable, así como la imagen de “macho” que se espera y se aplaude en los hombres (siempre ligado, por supuesto a lo sexual) no solo es falsa, sino que pone una presión brutal sobre los hombres.

¿Qué pasa entonces si un hombre no tiene ganas de sexo? En terapia a menudo me encuentro con chicos de más o menos edad que dicen sentirse “menos hombres” o tener miedo a ser juzgados, por mujeres en caso de relaciones heterosexuales, pero sobre todo por otros hombres.

¿Cómo afecta, por tanto, este miedo a no tener un deseo insaciable?

En primer lugar, aparece la ansiedad por rendimiento. Muchos de los hombres que dicen tener problemas relacionados con el sexo en consulta están muy centrados en “durar” o en “querer” lo suficiente, pero para contentar al otro, no para sentirse bien con ellos mismos. De igual manera, estos hombres van a tener dificultad para expresar emociones que “impidan” o dificulten tener sexo o vulnerabilidad durante las relaciones sexuales, puesto que esto destruye esa imagen de “macho”. Y, por último, pero desde luego no menos importante, la gran parte de los casos de problemas con la erección que encuentro en la consulta son debidos al estrés, bien sea por los dos factores ya mencionados o a no atender al estado emocional del momento en el que se va a tener la relación sexual (y, si estamos agotados o agotadas después de un largo día, nos encontramos mal o estamos de mal humor, no apetece, ¿verdad?).

La realidad es que el nivel deseo varía en todas las personas. Y los hombres también pueden tener momentos en los cuales su deseo sexual fluctúe sin que eso sea una señal de “falta de virilidad” (y tampoco de falta de sentimientos de atracción hacia su compañero o compañera sexual, que es un miedo también muy común).

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Mito 2: “Las mujeres no tienen tanto deseo sexual como los hombres”

Este mito es doblemente tóxico: por un lado, repite patrones ya conocidos y mantenidos durante siglos de represión sexual femenina: limita y puede llegar a castigar el deseo femenino; por otro lado, lo hace invisible, lo oculta aún más en un plano secreto o tabú. Además, limita el acceso de un alto porcentaje de mujeres a la educación sexual o a la exploración del propio deseo, puesto que muchas mujeres han aprendido (a raíz de oírlo) que “no está bien” desear, tomar la iniciativa o hablar de placer.

Esta idea puede generar un gran impacto en diversos sentidos: en primer lugar, nos encontramos en terapia con mujeres con culpa o vergüenza por sentir deseo sexual o incluso por querer explorar ese deseo (puede ser solas, pero esto crece mucho más si se hace con varias parejas sexuales distintas a lo largo del tiempo). También podemos escuchar relatos de mujeres que se “contienen” durante el sexo, que no muestran placer o no comunican sus deseos a sus parejas por miedo a ser “demasiado”, lo cual acaba generando una mala relación con el sexo y puede incluso derivar en problemas de pareja.

Las mujeres, al igual que los hombres, tienen deseo sexual. Este deseo sexual puede ser mayor o menor, y depender de diversos factores (emocional, circunstancial…al igual que en hombres, vaya). Lo que cambia en muchas ocasiones, y puede reforzar este mito, son las formas de expresión de dicho, que además están influenciadas por el entorno cultural.

Mito 3: “Las emociones no afectan al sexo”

Esta idea está tan extendida y se ha visto tan reforzada en películas y libros, que muchos pacientes en la consulta pasan por alto su estado emocional al tener relaciones con otras personas. La falta de reconocimiento de las emociones puede llevar a un gran número de pacientes a creer que hay un problema de base fisiológica o psicológica, cuando la realidad es que simplemente no se está escogiendo bien el momento.

Es bastante lógico pensar que, si estamos cansados, estresados, tristes o enfadados, no podamos conectar de igual manera con personas, planes o actividades (aunque normalmente nos gusten). En el sexo, esto ocurre de igual manera: si no podemos generar excitación (porque ya hay otra emoción que ocupa ese lugar) y conectar con la pareja sexual, la calidad de la relación puede bajar hasta volverse imposible.

Al igual que en otras facetas de la vida, las emociones son inherentes al ser humano, por lo que no podemos posponerlas, ni siquiera para el sexo. La realidad es que, cuanta más disponibilidad emocional haya, cuanto más podamos conectar con la excitación, el placer y la confianza con la otra persona, mejores serán nuestras relaciones sexuales.

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Mito 4: “El sexo debe ser espontáneo y perfecto”

¿Te imaginas una vida en la que todas las relaciones sexuales fueran como en el material adulto o en las películas? Seguramente sería una experiencia intensa, cansada, irreal…y frustrante. La creencia de que las relaciones sexuales deben surgir de manera “natural” y “perfecta” (¿qué hay más natural que la interacción humana? ¿Qué es perfecto en el sexo si cada uno somos diferentes?) nos desconecta de nuestras necesidades y gustos. La clave para disfrutar de buenas relaciones se basa en el conocimiento propio y del otro, en la comunicación y en el consentimiento. Contra la creencia que muchas personas traen a consulta: hablar durante las relaciones sexuales es necesario. Comunicar necesidades, gustos, preferencias, pedir permiso y mucho más solo mejoran la conexión de las dos personas, alineándose para un mayor disfrute (no, no corta el rollo).

Si nos comunicamos de manera abierta durante el sexo, podemos evitar tener expectativas irreales sobre lo que debemos hacer y lo que no, dejar de lado el miedo a poder fracasar o que la otra persona no lo pase bien, y normalizamos expresar lo que sentimos. Con estos tres sencillos pasos para construir el sexo, no hay error posible.

Mito 5: “Si hay amor, el sexo será siempre bueno”

Aunque el amor y el sexo placentero y satisfactorio pueden ir de la mano (y normalmente los pacientes expresan conectar sexualmente mejor con personas con las que tienen algún vínculo sentimental), no son dos condiciones correlativas. La existencia de un buen vínculo emocional no nos hace superhumanos, no nos da el poder de saber lo que hay en la cabeza del otro, ni mucho menos nos garantiza que vayamos a disfrutar siempre del sexo. La realidad es que hay muchas variables más allá del vínculo emocional que pueden afectar a la satisfacción con las relaciones sexuales.

Si damos lugar a la idea de que solamente por querer a la otra persona, el sexo será si o sí satisfactorio, podemos llegar a sentir culpa por no estar satisfechos o contentos (si yo quiero a mi pareja, ¿porqué no soy capaz de disfrutar nuestras relaciones?), podemos evitar hablar con la otra persona de lo que nos sucede o lo que necesitamos y esto puede generar problemas de pareja. De hecho, si el sexo siempre es placentero en pareja cuando hay amor, ¿porqué muchos de los pacientes repiten que el amor y el compromiso están, pero la pata de lo sexual cojea con frecuencia?

Al igual que con el anterior mito, la realidad se impone: el sexo no se obtiene de la nada, sino que se trabaja, incluyendo el vínculo emocional para una mayor conexión con la otra persona, pero sin dejar de lado las necesidades de cada individuo, incluso en las relaciones más amorosas.

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Mito 6: “El orgasmo es el objetivo del sexo”

Cuando el sexo se convierte en una “carrera al orgasmo”, perdemos de vista todo lo que hay en el camino, pudiendo obviar señales de incomodidad o llegando a no disfrutar del proceso. Esta idea de que el sexo debe culminar sí o sí en el orgasmo para ser satisfactorio trae consigo diversas dificultades, como generar ansiedad si el orgasmo (y ya no solamente el propio, si no el de la otra persona) no llega, así como un impacto muy importante en la autoestima y la percepción de uno mismo y de las capacidades (sexuales, físicas y emocionales) si no se alcanza el pico de placer. Además, puede llegar hasta la ya conocida en terapia profecía autocumplida: nuestros pacientes tienen tanto miedo y tanta presión por lograr un orgasmo, que nunca llega (recordemos que las emociones afectan al sexo).

¿Cómo sentirnos mejor en las relaciones sexuales? ¿Cómo tener sexo placentero? La realidad es que el objetivo del sexo no pasa por alcanzar o no el orgasmo. El placer de las sensaciones físicas, de la conexión con la otra persona, de la intimidad compartida y de la presencia del otro definen una relación satisfactoria. Hay muchas más cosas anteriores o complementarias al orgasmo: besos, caricias, juegos, confesiones, alabanzas…el orgasmo puede formar parte de ello, pero no es el punto final.

Recapitulando, ¿cómo afectan todas estas creencias a nuestro bienestar psicológico?

Los mitos sexuales no son sólo cuentos, sino que forman parte del imaginario social colectivo e impactan en la manera que tenemos de pensar, de sentir, de actuar e incluso de relacionarnos con los demás. Algunos de los síntomas más frecuentes que vemos en terapia son:

  • Sentimientos de culpa o vergüenza por lo que deseamos o no deseamos.
  • Autoestima afectada por no encajar con el molde de la perfección sexual.
  • Miedo al error, al fracaso, ansiedad por no cumplir con lo que “está bien” y miedo al rechazo.
  • Muchos problemas en las relaciones de pareja por falta de comunicación (genera frustración, sensación de aislamiento, de no sentirse entendido…).

Desaprender estas creencias para adoptar ideas más compasivas y adaptativas lleva tiempo, pero es posible. Aquí van algunas claves para comenzar:

  • Educación sexual real: lee, infórmate, escucha a profesionales. Explora qué te gusta en el sexo. Habla de ello con otras personas, hazte preguntas a ti mismo o misma. Cuanto más conocimiento tengas sobre tu cuerpo, mejor te sentirás expresando necesidades. Cuanta más información y mayor neutralidad tengamos hacia el sexo, más difícil será para esas creencias generar un impacto negativo.
  • Habla sin tabúes: con tu pareja, con amistades, en terapia. Hablar de sexo con naturalidad es un acto de salud mental y emocional. Desmitificar el sexo pasa por normalizarlo. Normalizar el sexo pasa por hablar de ello de manera abierta, libre de prejuicios y libre de vergüenza.
  • Consulta con profesionales: si sientes que tus relaciones sexuales se están viendo afectadas, no dudes en acudir a un profesional. Compartir dudas o inseguridades en un entorno seguro ayuda a eliminar el sentimiento de soledad y puede ofrecer perspectivas nuevas y amables para una mejor vida sexual.
  • Cuestiona lo que ves: recuerda que muchas de las imágenes que consumimos en nuestro día a día (en redes, en material adulto, en literatura y cine, incluso en conversaciones con otras personas) no marcan la realidad. Antes de acatar alguna creencia como cierta, toma un espacio de reflexión para preguntarte si tú lo sientes así, si a ti esta idea te convence, cuáles son las creencias que vienen unidas a la principal (si el sexo siempre es bueno en pareja, ¿significa un sexo poco satisfactorio falta de amor) y, en caso de necesitarlo, acude a un profesional psicológico/sexológico.
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Es importante no vivir la sexualidad desde la culpa o la exigencia. Cada persona tiene unas vivencias y necesidades distintas y los mitos solo son una mochila invisible que cargamos y nos acaba pesando. Abrir la mente a otras realidades es el primer paso para vivir el sexo con más libertad, placer y salud mental. Hay muchas maneras de vivir un buen sexo, pero alimentando creencias irreales, encontraremos una misma salida: el malestar.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

1. ¿Es normal que el deseo sexual fluctúe?
Sí. El deseo varía según factores emocionales, físicos y contextuales. No es constante ni define la valía personal.

2. ¿Las emociones influyen en el rendimiento sexual?
Sí. El estrés, la tristeza o el cansancio pueden afectar la excitación y la conexión con la pareja.

3. ¿El orgasmo es necesario para que el sexo sea satisfactorio?
No. El placer, la intimidad y la conexión también forman parte de una experiencia sexual satisfactoria.

4. ¿El amor garantiza una vida sexual plena?
No necesariamente. La satisfacción sexual requiere comunicación, autoconocimiento y atención a las necesidades individuales.

5. ¿Cuándo debería consultar con un profesional?
Cuando aparecen ansiedad, culpa, conflictos de pareja o malestar persistente relacionado con la sexualidad.

Sobre la autora

Clara Gallego es psicóloga general sanitaria en Sinews MTI. Está especializada en terapia de pareja, trauma y apego. De igual manera, atiende otras dificultades tales como ansiedad, duelo, problemas relacionados con la sexualidad, conflictos familiares y dificultades en las relaciones interpersonales. Su orientación es integradora, adaptando la intervención a cada paciente, pero con clara prevalencia sistémica (el individuo como parte de un sistema). En esta intervención también incorpora sus conocimientos de mindfulness y compasión.

Clara Gallego
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Clara Gallego
Psicóloga
Adultos y parejas
Idiomas de trabajo: Español, italiano e inglés
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