"Nunca volverás a estar completamente en casa, porque una parte de tu corazón siempre estará en otro lugar. Ese es el precio que se paga por la riqueza de amar y conocer a la gente en más de un lugar"

Mirim Adaney define muy bien en este par de frases las dificultades de ser expatriado o vivir lejos de nuestra familia y amigos. Y es que todos los que hemos pasado por esa experiencia, sabemos cuan enriquecedora y dura puede llegar a ser al mismo tiempo. 

¿Pero qué ocurre si a las dificultades propias de vivir lejos de casa, en muchas ocasiones en un cultura nueva y con un idioma distinto, le sumamos las medidas de distanciamiento social y las restricciones debidas al COVID? Suena difícil ¿verdad?

Lo es, y lo es principalmente por dos cuestiones:

    1. Estas medidas están dificultando muchísimo el proceso de adaptación a la nueva cultura y al nuevo lugar de residencia, ya que imposibilitan o dificultan el establecimiento de nuevas relaciones sociales y el mantenimiento de rutinas habituales como ir al gimnasio o a clases de idiomas de manera presencial (lugares que propician la creación de nuevas amistades y relaciones así como el establecimiento de rutinas que nos ayudan a sentirnos “en casa”).
    2. Es mucho más difícil, y en algunos casos imposible, visitar o volver a casa para tomar un respiro, descansar y conectar con nuestras raíces.

 

 

Esta sensación de estar entre dos mundos, se acentúa ya que por una parte no podemos conectar plenamente con el nuevo (establecer nuevas conexiones, tener una vida social satisfactoria, salir, viajar, conocer a fondo este nuevo lugar, su cultura y su gente) y por otra,  nos sentimos y estamos físicamente mas lejos de nuestras raíces. 

En definitiva, el proceso de adaptación cultural se hace mucho más pesado, difícil y se suma la imposibilidad de volver a casa, lo que produce una tremenda MORRIÑA.

La morriña, es el sentimiento de tristeza o de pena que se siente al estar lejos de la tierra natal o de las personas o lugares queridos. Y este sentimiento tan natural que experimentamos al estar fuera de casa, se ve tremendamente exacerbado por la incertidumbre que nos rodea estos días debida a las consecuencias de la pandemia. 

Anteriormente, una gran manera de lidiar con esta tristeza era apuntarnos a actividades que facilitasen el contacto social, planear las siguientes vacaciones para ir a casa, tener una fecha definida que nos permitiese tachar días del calendario… pero ahora, con las restricciones que nos acompañan, esto se hace tremendamente difícil e incluso imposible de llevar a cabo. 

Cuando entramos en este estado de morriña, podemos experimentar emociones y sentimientos muy difíciles como la tristeza, sensación de fatiga, imposibilidad para concentrarnos, frustración, cansancio, enfado…. Y aunque todos ellos son considerados completamente normales a veces son muy desagradables y la intensidad puede hacer que necesitemos algo de ayuda para lidiar con ellos. 

¿Y qué podemos hacer si esto nos ocurre? 

Bueno, en primer lugar, entender que esto que sentimos es completamente normal. 

Como hemos explicado, vivir lejos de casa, aunque es una experiencia súper enriquecedora,  siempre conlleva un cierto grado de  dificultad que se ve exacerbado por la situación actual que estamos sobrellevando. Sé paciente, toma consciencia de que mucho de lo que ocurre esta provocado por el contexto, permítete “estar mal” en algunos momentos y pide ayuda si es necesario.

 

Y a partir de aquí, buscar soluciones que nos hagan lidiar con esta situación y sintomatología de la manera mas positiva posible. Para ello, aquí van algunos tips e ideas que pueden ayudarnos a sobrellevar y mejorar nuestra salud mental en situaciones como esta:

  1. Encuentra iguales: aunque nuestra idea puede ser intentar interactuar lo máximo posible con locales, siempre es importante tener también la posibilidad de hablar con personas en tu misma situación con las que puedas compartir lo que te ocurre y lo que sientes. Si es posible y si eres de otro país, que estas personas sean de tu cultura y hablen tu idioma va a ayudarte a sentirte más cerca de casa. Existen multitud de grupos y comunidades online para conectar gente, así como aplicaciones que están diseñadas para hacer amigos. Internet va a ser tu mejor aliado, realiza una búsqueda e infórmate de los recursos que tienes a tu disposición. 
  2. Mantente activo y presta atención a tu rutina: Aunque puede ser difícil adaptar nuestro ritmo a las restricciones, siempre podemos encontrar alternativas para adaptarnos y hacer las mismas actividades con seguridad. Intenta mantener siempre tus horarios de sueño y comida así como realizar actividades deportivas. Si en tu ciudad el acceso a los gimnasios no es todavía una opción, intenta practicar deporte al aire libre o en casa. A través de internet puedes también encontrar aplicaciones y grupos que pueden ayudarte en este sentido. 
  3. Mantente conectado a tus raíces: Comunícate con casa, planea video llamadas con familiares amigos y en la medida de lo posible intenta planifica actividades con ellos. Solo necesitamos un poco de imaginación, podemos cocinar o comer juntos, tener una cita, ver una película, jugar juegos online… piensa en que solíais hacer juntos antes y busca una alternativa. No todo tiene por qué se comunicación online, a veces mandarnos cartas, postales o fotos puede hacernos sentir más cerca de casa.
  4. Encuentra cosas que echas de menos: En muchas ocasiones no solo extrañamos a la familia y amigos, también nuestras comidas o productos favoritos. Intenta encontrar una tienda que venda productos autóctonos de tu país en tu ciudad o pídele a un familiar o amigo que prepare un paquete para ti. No solo puede incluir tu galletas o salsas favoritas, también objetos que te hagan sentir cerca de casa. 
  5. Intenta conectar con personas de tu ciudad y hacer amigos: usar tus hobbies para ello puede ser una gran idea. Busca actividades que te hagan disfrutar y que puedan realizarse de manera segura, puedes apuntarte a clases o conectar con personas que tengan tus mismos intereses. Esto va a hacer que poco a poco vayas encontrando personas nuevas, aumentando tu círculo social a la vez que disfrutas y te relajas haciendo una actividad. 

 

Si después de intentar todo esto, sigues teniendo dificultades y estas emociones difíciles afectan y empañan otras áreas de tu vida, recuerda que siempre puedes pedir ayuda profesional. 

 

Hablar sobre nuestro dolor, no lo hace más grande, nos ayuda a aliviarlo y curarlo.