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Fatiga Pandémica: 8 Claves Para Superarla

Veröffentlicht von am in Artículos y entrevistas
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Este marzo se ha cumplido un año desde que comenzó la crisis sanitaria producida por la COVID-19.  Lo que en un principio iban a ser dos semanas de confinamiento, se fue convirtiendo poco a poco en una situación casi interminable. Meses de confinamiento, encerrados en casa, con miedo e incertidumbre. Y aún no sabíamos a qué nos estábamos enfrentando. ¿Hay un riesgo real? ¿Es histeria colectiva? Mientras tanto, las noticias arrojaban incansablemente información sobre riesgos, medidas de seguridad, distanciamiento social, números y más números sobre la evolución de la pandemia, la nueva normalidad y sus fases, y un largo etcétera que íbamos escuchando e integrando en nuestro día a día. 

 

Y al salir, ¿con qué nos encontramos? Restricciones, miedos, distanciamiento social, toque de queda y más incertidumbre.  Un panorama sociopolítico contradictorio que no entendemos, y una vuelta a la vida, que muy lejos estaba de la normalidad. Quién nos iba a decir que, más de un año después, la palabra “PANDEMIA” aun tendría tanta fuerza, y que habríamos pasado no por una, ni dos olas, sino tres y pensando en una cuarta. 

  

Sin duda alguna, esta circunstancia continuada en el tiempo y tan impredecible, nos va dejando huella. Los primeros días estábamos dubitativos con las nuevas normas de seguridad, pero poco a poco fuimos entendiendo la importancia de seguir con todas las pautas. Gracias a ello, nos sentíamos con algo más de control respecto a nuestra propia protección y más responsabilidad de cara a los demás. Sin embargo, un año después la pandemia sigue su curso, y las medidas que fácilmente tomamos (mascarilla, gel hidroalcohólico, distancias, cuarentenas, etc.) son cada vez más difíciles de mantener y, sin darnos cuenta, se van diluyendo. La sensación de control y responsabilidad disminuye, a la par que nuestra desmotivación y cansancio aumenta. 

 

Esto es lo que se conoce como Fatiga Pandémica. Según la OMS este término hace referencia a “una reacción de agotamiento y desmotivación para seguir las conductas de protección recomendadas que aparece de forma gradual en el tiempo y que está afectada por diversas emociones, experiencias y percepciones, así como por el contexto social, cultural, estructural y legislativo”. Según el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), los datos muestran que a medida que se prolonga esta situación nos estamos volviendo más descuidados cuando se trata de seguir los protocolos de seguridad. 

 

Hoy estamos cansados/as, y la fuerza y capacidad de adaptación que mostramos en un principio, se ve mermada. Nuestras estrategias de afrontamiento que sirvieron en los primeros meses de esta pandemia están disminuyendo, y ahora que sabemos que no hay un fin establecido, la motivación decae, dejando la puerta abierta a la fatiga pandémica.



¿Te sientes identificado? Si es así, esto es lo que puedes hacer.

 

Estos consejos no harán que la COVID-19 desaparezca. Pero pueden ayudarte a lidiar con ello haciendo este camino un poco más fácil para tu salud emocional.

 

  1. Normaliza lo que sientes

    Llevamos ya un año con esta situación. El agotamiento, la tristeza y el estrés son una consecuencia natural en el curso de la pandemia. Estamos viviendo una situación completamente inesperada y nueva para nosotros/as. 

    Analiza si estás siendo muy duro/a contigo mismo/a por sentirte así y trata de aceptar y permitir estas emociones tan desagradables. Esto es la clave para poder minimizarlas.

  2. Ajusta expectativas

    La pandemia no es un paréntesis temporal en nuestras vidas. Por tanto, es necesario ajustar nuestras expectativas para poder involucrarnos en planes y proyectos ajustados a las posibilidades reales de la situación que vivimos. 

    Deja de posponer planes para “cuando acabe la pandemia”, y empieza a planear aquello que podemos hacer hoy. Esto te ayudará a conectar con tus gustos, deseos y a encontrar la motivación en tu día a día.

  3. Prioriza el autocuidado

    Mucho se ha hablado de hacer ejercicio y comer sano. Y por supuesto esto nos puede ayudar, pero el autocuidado va mucho más allá. Además de los hábitos saludables hay varios tipos de autocuidados: emocional (autoagradecimiento, manejo del estrés, autocompasión y búsqueda de la positividad), social (ser escuchado/a, saber pedir ayuda, tener relaciones sanas y la afectividad) y cognitivo (leer, meditar, conectar con la naturaleza, darte tiempo para ti, etc.).

    Prioriza cuidar de ti mismo/a, porque con todo lo que está pasando a nuestro alrededor es muy fácil olvidarnos de nuestro autocuidado. 

  4. Date un descanso y permítete el tiempo improductivo

    Necesitamos un descanso psicológico. Necesitamos darnos permiso para desconectar. No solo en vacaciones. Cada día después del trabajo o de tus ocupaciones, trata de desconectar y descansar. Prueba a ver una comedia o simplemente respirar mientras escuchas la radio. No es tiempo improductivo, ya que el descanso es necesario para poder seguir con nuestro día a día. Igual que los deportistas entienden que el descanso es parte del entrenamiento, recuerda que, para ti, el descanso es parte de la productividad.

  5. Deja tiempo para actividades gratificantes

    Ya está bien de solo trabajar y estudiar. La vida es mucho más y la pandemia no ha llegado para arrebatarnos esto. Por supuesto, ha cambiado nuestra forma de vivir y encontrar gratificaciones, pero esto no es excusa. Seguro que hay algo que puedes incorporar en tu día a día que te haga sentir bien.

     

    Tú eres el mayor experto/a en ti mismo/a, y como experto/a sabes qué actividades gratificantes son las que te funcionan a ti. Pasear, leer, juegos de mesa con convivientes, tocar un instrumento, hacer alguna manualidad. ¿Hay algún proyecto personal que puedas comenzar? ¿Puedes explorar tu creatividad? ¿Hay algún hobbie olvidado que puedas retomar? Y, sobre todo, no olvides, que nunca es tarde para aprender algo nuevo.

  6. Limita la infoxicación y evita el monotema

    COVID, COVID, COVID, COVID, COVID y COVID. ¿Sabes de lo que hablo? Seguro que te suena un poco. Y es que, si no tenemos cuidado, es prácticamente de lo único que hablamos, y la mayor parte de las noticias que nos interesan. Sin duda alguna, este es el principal ingrediente de la fatiga pandémica. Estar informados es necesario, pero la sobreinformación puede ser muy perjudicial para nosotros/as, generando más y más ansiedad y miedo. Reduce el tiempo expuesto a noticias COVID y, cuando estés con otras personas, aprovecha para hablar de otros temas que no fomenten que la pandemia sea el centro de nuestras vidas. ¿De qué hablábamos antes de todo esto?

  7. Conecta con otras personas

    Los seres humanos somos seres sociales. Estar solos y aislados va en contra de nuestra naturaleza y puede tener muchos efectos dañinos en nuestra salud mental.  Por ello, busca la forma de estar en contacto con los demás, siguiendo todas las medidas de seguridad. La distancia de seguridad, no significa distancia social.

    ¿Qué puedes hacer? Tal vez sea un buen momento para enseñar a tu abuela a hacer una videollamada, también puedes reunirte en espacios abiertos, hacer actividades al aire libre como senderismo con compañeros o simplemente pasear acompañado. Por supuesto, no te olvides que, si estás en cuarentena, existe el móvil. Llama a tus amigos/as o familiares y pasa un buen rato como si estuvieras en persona.

  8. Crea nuevas tradiciones

    Si la pandemia ha llegado para quedarse (de momento), tendremos que crear nuevos rituales y nuevas tradiciones que la acompañen. En el primer confinamiento, creamos la “tradición” del aplauso de las 20h. Otros, crearon la videollamada familiar de los viernes por la tarde, y otros sabían que los sábados por la mañana era día de cocinar un pan de plátano. 

    Por suerte, ya no estamos encerrados en casa. Pero podemos seguir creando tradiciones que añadan a nuestra vida algo de color. Por ejemplo, ¿qué te parece si el primer sábado de cada mes pruebas una nueva receta? También puede ser buena idea, que los miércoles toque ver película en el salón con tus convivientes, y los jueves jugar al trivial.

    Se creativo, y piensa en qué tradición te gustaría incluir en tu nueva forma de vida.

En definitiva, la fatiga pandémica es real, y nos afecta a todos/as. Si te encuentras en una situación en la que la desmotivación, miedo y/o tristeza parece estar muy lejos de tu control, no dudes en pedir ayuda. Los profesionales estaremos aquí para acompañarte en tu proceso. Sentirte y mostrarte vulnerable también es una parte tu fortaleza.

 

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