¿Por qué mi terapeuta me pregunta sobre mi infancia y la relación con mis padres? La importancia en psicoterapia de explorar las relaciones tempranas durante la infancia

¿Por qué mi terapeuta me pregunta sobre mi infancia y la relación con mis padres? La importancia en psicoterapia de explorar las relaciones tempranas durante la infancia

Generalmente, cuando tomamos la decisión de ir a terapia es porque tenemos algún problema en el presente que nos genera malestar y nos vemos sin recursos para poder manejar la situación de forma efectiva. A veces, este problema lleva un tiempo con nosotros (meses, años); otras veces, ocurre algo repentino en nuestra vida que hace que busquemos ayuda de forma inmediata. Independientemente del tiempo con el que llevemos conviviendo con el problema, lo que suele ocurrir cuando decidimos comenzar terapia es que este problema interfiere de forma significativa en el presente en diferentes ámbitos de nuestra vida (personal, familiar, laboral, académica, de pareja, etc.).

Durante la terapia, nuestro terapeuta nos va a realizar preguntas para entender cómo se manifiesta el problema (sintomatología), desde hace cuanto tiempo convivimos con él y cómo nos afecta a las diferentes áreas de nuestra vida. También nos va a hacer preguntas sobre nuestra infancia, adolescencia y edad adulta, pero especialmente, va a querer profundizar en las experiencias tempranas con nuestros padres o personas cercanas con las que crecimos.

Evidentemente, podemos entender que sea importante que nuestro terapeuta nos conozca, no solo en el presente, si no que también conozca nuestra trayectoria vital, pero ¿por qué tanto interés en conocer las experiencias relacionales en la infancia?

Veamos por qué es tan importante conocer en profundidad estas experiencias infantiles para entender los problemas o dificultades que tenemos en el presente.

En la infancia, a través de la interacción con las personas que nos rodean y con el mundo exterior, se comienzan a establecer los patrones de pensamiento y comportamiento, las estrategias de afrontamiento y habilidades de regulación emocional, así como los esquemas mentales sobre cómo funcionan las relaciones con los seres queridos o personas del entorno cercano.

Puesto que cuando somos pequeños somos dependientes de los adultos cercanos para poder sobrevivir, cuando somos niños vamos a hacer todo lo posible por mantener a nuestros padres/cuidadores lo más cerca posible para que satisfagan nuestras necesidades (físicas, emocionales, cognitivas, sociales). Para ello aprenderemos, a través de la interacción con ellos, cómo tenemos que comportarnos para recibir atención, amor y cuidados. Así, a través de las experiencias tempranas con nuestros padres/cuidadores aprendemos nociones básicas sobre como funcionan las relaciones afectivas en términos de cuidado, seguridad, intimidad y dependencia.

En la interacción con nuestros padres/cuidadores también empezaremos a forjar el concepto de nosotros mismos en base a las cosas por las que se nos valora, recompensa o se nos quiere; y en base a las cosas por las que se nos castiga, desprecia o maltrata. De esta forma, comenzaremos a desarrollar nuestro autoconcepto, nuestra opinión sobre nosotros mismos, en términos de si somos válidos, suficientemente buenos, o merecedores de amor/cuidado/atención por parte de las figuras importantes de nuestra vida. Así mismo, comenzaremos a conformar nuestro sistema de valores y de creencias, nuestra idea sobre lo que tiene valor en el mundo, tanto respecto a nosotros mismos como con respecto a los demás.

Por tanto, las experiencias infantiles con nuestros padres/cuidadores tendrán un gran impacto sobre quienes somos y sobre cómo pensamos, sentimos y nos comportamos tanto en la adolescencia como en la edad adulta. Así, vemos como los patrones de relación, comportamiento y pensamiento que adquirimos en la infancia nos acompañarán a lo largo de nuestra vida.

Evidentemente, esto no significa que otras experiencias posteriores ocurridas durante otras etapas de la vida no tengan impacto sobre nuestros esquemas mentales y patrones comportamentales; por supuesto que sí. Sin embargo, las experiencias tempranas con nuestros padres/cuidadores van a establecer las bases sobre la forma en la que vemos y nos enfrentamos al mundo y a las relaciones interpersonales. Y esto es fundamental a la hora de entender el origen de los problemas que podemos tener en el presente.

Veamos un ejemplo:

Si un niño ha sufrido abandono o negligencia durante la infancia, si ha crecido en un ambiente en el que sus padres no han estado disponibles para atender sus necesidades de forma consistente y predecible, el niño no se sentirá seguro en la relación con ellos. Crecerá con la sensación de que no puede depender de las personas cercanas y es probable que tenga miedo a ser abandonado, pues la experiencia le indica que no puede confiar en que las personas cercanas vayan a estar disponibles cuando las necesite. De esta forma, en la interacción con sus padres se irán formando sus esquemas mentales sobre como funcionan las relaciones afectivas, y esta será la base de la cual partirá en posteriores relaciones de amistad o de pareja.

Como hemos explicado anteriormente, los niños van a desarrollar ciertas conductas para mantener a los padres lo más cerca posible y aumentar así las posibilidades de que sus necesidades sean cubiertas. Así, ante la falta de atención y cuidado por falta de los padres, es probable que este niño llore desconsoladamente cuando se separe de ellos con el objetivo de evitar la separación. También es probable que le moleste que los padres presten atención a otras personas, pues eso minimizaría sus posibilidades de ser atendido. Generalmente, la incertidumbre respecto a la satisfacción de necesidades se traduce en gran malestar, desconcierto, sensación de falta de control y miedo al abandono.

Respecto al concepto de sí mismo, es probable que este niño sienta que no es querible, que no es suficiente, que hay algo malo en él que hace que las personas cercanas no le quieran/cuiden/atiendan (a nivel más inconsciente). Al formarse estos esquemas en la infancia, los niños no pueden llegar a entender el complejo mundo de los adultos y las razones por las cuales los padres/cuidadores no les atienden adecuadamente, por lo que generalmente, asumen la responsabilidad por la falta de atención o cuidado por parte de los padres. De esta forma, este niño irá formando un concepto negativo de sí mismo que, a su vez, le afectará en posteriores relaciones y otros contextos de la vida (de pareja, laboral, académico, etc.).

Así, es muy probable que cuando este niño se convierta en adulto, en futuras relaciones, especialmente en relaciones de pareja, siga manteniendo este concepto de sí mismo y estos patrones de pensamiento y comportamiento. Esto se puede manifestar en las relaciones adultas en problemas de celos, dificultades para confiar en la pareja, miedo constante a que la pareja le abandone, enfadarse constantes porque la pareja pase tiempo con otras personas o realizando sus hobbies, etc. Como vemos, estos comportamientos se parecen mucho a los comportamientos que esta persona utilizaba en la infancia para llamar la atención de sus padres/cuidadores.

Estos patrones de pensamiento y comportamiento se suelen mantener con independencia del comportamiento de la pareja, pues son los esquemas de relación que construyó en la infancia. Es decir que, aunque su pareja no diera ninguna señal que indicara la intención de abandono, esta persona seguiría teniendo miedo porque parte de la expectativa de que las personas cercanas no son confiables y se van a marchar en algún momento. Respecto al concepto de sí mismo, esta persona seguirá sintiendo que no es suficiente, y probablemente no entenderá por qué su pareja quiere estar con él; de aquí, también el miedo al abandono.

Así, vemos como estos esquemas de relación que esta persona adquirió en la infancia, fundamentalmente en el contexto familiar, le acompañarán a lo largo de su vida y serán trasladados a otros contextos y a otras personas.

En el caso particular de esta persona, estos patrones de pensamiento y comportamiento probablemente darán lugar a altos niveles de ansiedad y a síntomas depresivos, además de gran cantidad de conflictos y malestar en la pareja. Estos problemas serán las razones por las cuales esta persona tomará la decisión de comenzar la terapia. Así, vemos como los problemas que presenta esta persona en el presente tiene sus raíces en las relaciones tempranas con sus padres.

Por esta razón, en terapia siempre exploraremos las relaciones infantiles. Lo que iremos haciendo en terapia será conectar presente y pasado, y veremos como lo que está ocurriendo en el presente tiene relación con las experiencias pasadas y con formas de funcionar en el mundo que aprendimos durante la infancia.

Al inicio del tratamiento abordaremos la sintomatología y las dificultades en el presente, proporcionado entendimiento sobre el origen y mantenimiento de los problemas y proporcionando herramientas para gestionar estas dificultades. Posteriormente, abordaremos temas más profundos, que nos lleven a cuestionarnos los patrones de pensamiento/comportamiento, los esquemas de relación, las creencias y valores; los cuales se instauraron en la infancia y son la base de nuestros problemas en el presente. A raíz de este proceso de cuestionamiento, iremos sustituyendo estos esquemas por otros que sean más adaptativos y que estén más ajustados a la realidad que estamos viviendo. Lo cual se traducirá en un impacto positivo en nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos en el presente, y mejorará así nuestro estado de ánimo y la calidad de vida.

Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Amanda Blanco Carranza
Psicóloga
Adultos
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

¿Por qué es importante saber identificar y expresar emociones adecuadamente?

Las emociones nos proporcionan información importante sobre lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, sobre cómo nos afectan los eventos externos y qué significado tienen para nosotros. Las emociones también nos informan sobre cómo nos afectan los eventos internos, ya sean pensamientos o reacciones fisiológicas. De esta forma, las respuestas emocionales a eventos externos e internos se convierten en guías que nos orientan a la acción, nos disponen a actuar de una u otra manera, nos indican qué hacer dependiendo de la emoción que estemos sintiendo.

Si no sabemos identificar adecuadamente las emociones que sentimos, es muy probable que tengamos dificultades para gestionar nuestros sentimientos, reflexionar sobre porqué nos sentimos de esa manera y sobre qué tenemos que hacer para cambiar nuestro estado emocional. Por eso, es muy importante que sepamos identificar las emociones que estamos sintiendo y que sepamos identificar a qué pensamientos están asociados, de forma que podamos tomar decisiones para gestionar nuestras emociones y dar respuesta a la situación a la que nos enfrentamos.

Las habilidades de identificación y expresión de emociones se han de favorecer en la infancia para que los niños desarrollen un sistema emocional que les permita una adecuada gestión y manejo emocional. Sin embargo, estas habilidades a veces no se han desarrollado adecuadamente durante esa etapa de la vida y podemos encontrar adultos con dificultades para identificar, expresar y gestionar sus emociones. En ocasiones, las personas con estas dificultades sólo pueden determinar si están “bien”, “regular” o “mal”, pero no saben identificar exactamente que emoción están sintiendo. En otras ocasiones, pueden diferenciar entre emociones básicas (como alegría, tristeza, miedo, ira, asco y sorpresa), pero tienen dificultades para ser más específicos con estados emocionales más complejos.

A continuación, se describen algunas herramientas y recursos que pueden ser de gran ayuda para desarrollar estas habilidades de identificación y expresión de emociones. Todas ellas se pueden utilizar con adultos, y algunas de ellas, con los más pequeños, dependiendo del nivel de desarrollo emocional que tengan.

Rueda de emociones

Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

La Rueda de las emociones es un recurso muy útil y sencillo para ayudar a identificar y nombrar emociones. Esta rueda es una circunferencia compuesta por el nombre de diferentes emociones, las cuales están categorizadas partiendo de emociones básicas, en la parte interior del círculo, a emociones más específicas y complejas, en la parte exterior del círculo.

La Rueda de las emociones proporciona un vocabulario rico y concreto para identificar y nombrar emociones. En ocasiones, es necesario profundizar en el significado de las emociones más específicas para aprender a diferenciar entre emociones parecidas pero distintas dentro de la misma categoría emocional (por ejemplo, diferencias entre estar apático/a o indiferente).

Junto con el nombramiento y descripción de la emoción sentida, es importante que también se identifique en qué parte del cuerpo se localiza esta emoción y como se siente (por ejemplo, “cuando me siento furioso noto que se contrae mi frente y lo siento en la cabeza y en el pecho”; “cuando me siento asustado lo noto en la boca del estómago”). Identificar la parte de cuerpo donde se siente la emoción ayuda en el proceso de identificación de las emociones.

A su vez, es importante que investiguemos sobre los pensamientos y comportamientos asociados a esa emoción, para que entendamos el por qué de las emociones que sentimos y cómo influyen en nuestra manera de pensar y de comportarnos, y viceversa.

Tabla periódica de las emociones

Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

La Tabla periódica de las emociones es una herramienta similar a la rueda de las emociones, que tiene el mismo objetivo: ayudar a identificar y nombrar las emociones. En este caso también encontramos diferentes categorías emocionales con formato de tabla periódica, que a su vez se subdividen en emociones más específicas.

Este recurso es recomendable cuando las capacidades de identificación y nombramiento de emociones son algo limitadas. En ese caso, quizá sea más útil comenzar por utilizar la tabla periódica en vez de la rueda de las emociones, ya contiene menos emociones, y éstas son de menor complejidad que las que encontramos en la rueda.  

Al igual que hacíamos con la rueda de las emociones, parte del proceso de identificación y nombramiento de las emociones implica la localización de la emoción en el cuerpo, y el explorar los pensamientos y comportamientos asociados a la emoción.

Libro “Emocionario” de Cristina Núñez

Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

El Emocionario es un libro donde se presenta la descripción y representación gráfica de una gran variedad de emociones y sentimientos. Este libro puede considerarse un diccionario emocional.

Es un libro muy útil para aprender a identificar emociones de forma adecuada, pues no sólo describe los diferentes estados emocionales, si no que también ayuda a distinguirlos exponiendo como se relacionan unas emociones con otras y explicando de forma sencilla las posibles causas de la emoción sentida.

Este libro está dirigido principalmente a la población infantil. Sin embargo, es un recurso muy útil también para personas adultas que tienen dificultades para identificar sus emociones. Por tanto, este libro es muy recomendable para cualquier persona que intervenga en la educación infantil (e.g., padres, profesores, etc.), y para personas adultas que quieran profundizar y mejorar sus capacidades de identificación emocional.

La sencillez y concreción con la que se describen las diferentes emociones hace que este libro sea una herramienta de cabecera para el trabajo con la identificación y expresión emocional, tanto dentro como fuera de terapia.

Libros “El laberinto del alma” y “Diario de emociones” de Anna Llenas

El laberinto del alma es otro libro de referencia para la identificación de emociones y sentimientos. Este libro, al igual que el Emocionario, también es considerado un diccionario emocional, pero a diferencia de este, El Laberinto del Alma está dirigido a población adolescente y adulta, pues se describen sentimientos de mayor complejidad emocional (por ejemplo: vínculo, empatía, abandono, toxicidad, ceguera emocional, etc.).

Especialmente interesantes son las representaciones gráficas que acompañan la descripción de cada una de las emociones/sentimientos que se presentan en el libro, pues captan de forma muy precisa la esencia de la emoción descrita.

La representación gráfica de las emociones es un recurso muy importante para ayudar a desarrollar las capacidades de identificación y expresión de emociones, pues en muchas ocasiones, tiene mucho más poder a la hora de transmitir lo que la persona está sintiendo, que únicamente la identificación y nombramiento de la emoción.  

Y es precisamente la representación gráfica de las emociones lo que se trabaja en el libro Diario de emociones. Este libro está compuesto por diferentes ejercicios orientados a la identificación y expresión emocional, entre los cuales podemos encontrar ejercicios para conectar con diferentes emociones para después dibujarlas (e.g., “escucha una canción triste y déjate llevar” expresando gráficamente como te hace sentir); ejercicios para localizar la parte del cuerpo donde sentimos diferentes emociones y colorearlas con el color que represente para nosotros esa emoción; ejercicios para la expresión de nuestros miedos; etc.

La expresión emocional a través de dibujos, imágenes y colores además de facilitar la identificación de emociones también es una herramienta terapéutica de gran valor en el proceso de gestión y canalización de emociones. Por tanto, el Diario de emociones es un libro muy recomendable para explorar nuestro mundo emocional y nuestra forma de expresar lo que sentimos.

Cartas Dixit

Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

El dicho común “Una imagen vale más que mil palabras” es especialmente aplicable en el caso de la expresión emocional, pues en ocasiones las imágenes pueden captar el mundo emocional de manera mucho más precisa que las propias palabras. 

En ocasiones es difícil poner en palabras lo que estamos sintiendo, pues es posible que no sepamos que estamos sintiendo o no contemos con un adecuado vocabulario emocional para describir la complejidad de nuestro mundo emocional. Por ello, las cartas del juego de mesa Dixit pueden ser un gran recurso para ayudar a desarrollar o mejorar las capacidades de identificación y expresión emocional.

Estas cartas están compuestas por una gran variedad de imágenes, las cuales además de ser tener un gran valor estético, son cartas muy simbólicas y con mucho detalle, por lo que son muy útiles para representar la variedad y complejidad de los estados emocionales, incluso de representar los pensamientos asociados a esas emociones.

Evidentemente, el significado que cada persona atribuya a cada imagen es subjetivo; es decir, una imagen puede representar una emoción o emociones para una persona, y representar otras emociones completamente diferentes para otra. Por eso es muy importante utilizar esta herramienta de forma que la persona pueda expresar lo que significa para ella. Especialmente importante, para la mejora de la identificación y expresión de emociones, es que se exploren los pensamientos y comportamientos asociados a las imágenes de las cartas.

Es muy recomendable combinar el uso de las cartas Dixit con la rueda de emociones o la tabla periódica de las emociones, para que, partiendo de las imágenes representadas en las cartas, se vaya desarrollando la capacidad de identificar, nombrar y diferenciar las emociones que se están sintiendo.

Por tanto, el uso de las cartas Dixit es especialmente útil para personas que tiene dificultades para identificar que emoción están siendo, o para aquellas personas cuya diferenciación entre emociones sea muy básica.

Dibujos, collages y plastilina

Otros recursos para la identificación y expresión de emociones pueden ser la realización de dibujos, collages o la representación de las emociones con plastilina. Estos recursos son muy interesantes como medio para dar forma y externalizar el mundo emocional, y como un medio de gestión y canalización de emociones.

El uso combinado de las representaciones gráficas con otros recursos de nombramiento de emociones, como la rueda de las emociones o los diccionarios de emociones, puede ser de gran ayuda para mejorar las capacidades de identificación y expresión emocional. Al igual que hacíamos con otras herramientas, es muy importante explorar los pensamientos y comportamientos asociados a las emociones, e identificar la parte de cuerpo donde se localizan.

Las herramientas y recursos descritos pueden ser utilizados tanto por terapeutas y otros profesionales (profesores, educadores, etc.), así como cualquier persona que quiera mejorar sus capacidades para identificar y expresar sus emociones.

A la hora de trabajar con el mundo emocional, es muy importante ser creativo y contar con gran variedad de herramientas que faciliten el proceso de identificación y expresión de emociones, ya sea con población adulta como con población infantil, y por supuesto, siempre adecuando los recursos al nivel de desarrollo emocional que presenta la persona.

Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Amanda Blanco Carranza
Psicóloga
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Maneras de Amar

Maneras de Amar

Maneras de Amar

Maneras de amar, escrito por los psicólogos Dr. Amir Levine y Rachel Heller, es un interesante libro de autoayuda que tiene el objetivo de acercar al lector los últimos avances en investigación científica sobre la forma en la que las personas adultas tendemos a formar vínculos afectivos con nuestras parejas sentimentales. 

Los autores hacen un gran trabajo a la hora de transmitir, en términos sencillos y comprensibles, los principales hallazgos científicos sobre la teoría del apego y su influencia en las relaciones de pareja adultas. 

La teoría del apego explica la forma en la que los seres humanos establecemos vínculos afectivos con otras personas, especialmente con personas cercanas, en base a las experiencias con nuestros padres o principales figuras de cuidado durante los primeros años de vida. A través de estas experiencias aprendemos nociones básicas sobre funcionamiento de las relaciones afectivas en términos de intimidad, seguridad, cuidado, dependencia y autonomía. La forma en la que los adultos establecen lazos afectivos con sus parejas se parece a los establecidos entre padres-hijos. Por tanto, estas experiencias tempranas acabarán forjando nuestro particular estilo de apego, es decir, la forma específica en la que tendemos a relacionarnos afectivamente con otras personas.

Los estilos de apego son estables a través del tiempo. Sin embargo, esto no significa que sean rígidos. Los estilos de apego son maleables, es decir, que podemos aprender nuevas formas de relacionarnos afectivamente con nuestras parejas para tener relaciones más sanas y satisfactorias.

Este libro se centra fundamentalmente en los estilos de apego en las relaciones sentimentales adultas. Los autores del libro exponen que, en función de nuestro estilo de apego, diferiremos en las expectativas que tenemos sobre la relación y la pareja, las ideas sobre la intimidad emocional, la actitud hacia las relaciones sexuales, la capacidad para expresar deseos y necesidades, y la forma de reaccionar ante el conflicto.

Si los miembros de la pareja tienen estilos de apego diferentes, estas diferencias pueden dar lugar a conflictos o desencuentros, problemas de comunicación, dificultades en la comprensión de las necesidades del otro, así como dificultades para satisfacer estas necesidades. Por tanto, conocer nuestro propio estilo de apego y el de nuestra pareja puede proporcionarnos información muy relevante para ayudarnos a entender las dificultades de pareja y cómo abordarlas para conducir nuestra relación a buen puerto. 

Los autores describen 3 estilos de apego: apego ansioso, apego evasivo (también llamado evitativo) y apego seguro. Todas las personas encajamos en uno de estos estilos de apego; estudios científicos han encontrado estos estilos en diferentes países y culturas. Las características principales de estos estilos de apego son las siguientes:

Apego ansioso:

Las personas con este tipo de apego anhelan cercanía e intimidad. Suelen querer estar el 100% del tiempo con sus parejas y suelen molestarse cuando su pareja pasa tiempo con otras personas o realizando otras actividades. Suelen obsesionarse con su relación y dudan de que sus parejas puedan corresponderles a sus necesidades amorosas; suelen sentir que tienen más necesidad de intimidad que sus parejas, por tanto, sienten mucha inseguridad sobre el futuro de su relación y el miedo al abandono suele estar muy presente.

Apego evasivo (evitativo):

Las personas con este tipo de apego anhelan autonomía e independencia, por lo que suelen mostrarse frías y distantes emocionalmente. La intimidad emocional les incomoda por lo que evitan el acercamiento. No les gusta sentir dependencia de otras personas, tienen dificultades para confiar en la pareja. Suelen tener dificultades para abrirse emocionalmente y comunicar sus necesidades, problemas o dificultades, y no muestran gran preocupación por las relaciones sentimentales o por como pueda sentirse su pareja.

Apego seguro:

Las personas con este tipo de apego suelen ser cálidas y cariñosas. Suelen sentirse cómodas  acercándose e intimando con sus parejas. Suelen gestionar bien el equilibrio entre intimidad e independencia. No suelen preocuparse por la posibilidad de que su pareja les abandone. Suelen comunicar adecuadamente sus necesidades y sentimientos. Son receptivos a las necesidades de la pareja y proporciona apoyo cuando la pareja lo necesita.

De los tres estilos de apego, el apego seguro es en apego más sano y el que genera menos conflictos y dificultades en las relaciones sentimentales. Las relaciones formadas por parejas en la que uno o ambos miembros de la pareja tienen estilos ansiosos o evasivos, suelen tener más conflictos y más dificultades para comunicarse y comprender las necesidades de la pareja.

Este libro proporciona una descripción muy detallada de los estilos de pensamiento, estados emocionales y formas de actuar de las personas en las relaciones sentimentales adultas en función de cada estilo de apego, y proporciona herramientas útiles y sencillas (cuestionarios) para la identificación de nuestro estilo de apego y el de nuestra pareja. Por otro lado, describe las necesidades emocionales especificas y puntos débiles de cada estilo, y proporciona consejos y estrategias para lidiar con las dificultades que se pueden encontrar cuando la pareja esta formada por dos personas con estilos de apego diferentes.

Especialmente importante es la sección del libro dedicada al apego seguro, donde se proporciona pautas y estrategias especificas para mejorar los estilos de comunicación, técnicas de resolución de conflictos y expresión de necesidades para personas con apegos ansiosos o evasivos, para ayudarles a acercarse más a los que utilizan personas con apego seguro.

En conclusión, este libro es una guía útil para ayudarnos a navegar el mundo de las relaciones sentimentales proporcionando un entendimiento más profundo de la forma en la que nos relacionamos con nuestras parejas para alcanzar un mayor bienestar psicológico y emocional.

Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Amanda Blanco Carranza
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