Esperanza en Espera

Esperanza en Espera

Tenías tantas ganas de reinventarte, cambiar tu trabajo, dedicarte más a tu familia, viajar y explorar… Y entonces llegó la pandemia. Muchos planes, ilusiones y sueños se han visto parados, pospuestos o incluso cancelados, por el momento. La tentación es añadir… “para siempre”. Pero la diferencia entre para siempre y por el momento es la esperanza.

¿Qué es la esperanza? En palabras de C.R Snyder, autor de la clásica Teoría de la Esperanza, la esperanza es la sensación que se genera cuando sabemos que podremos conseguir lo que nos proponemos. Surge cuando se juntan dos elementos: la voluntad y las opciones. Cuando la determinación encuentra su camino, aparece la esperanza. Dicho de otra forma, esperanza es descubrir que existen diferentes posibilidades para llegar a mi destino y sentir que soy capaz y motivad@ para hacer lo que es necesario para activar esas posibilidades. Es el opuesto de la impotencia, que se caracteriza por una sensación de que hagamos lo que hagamos, no va a servir para nada.

En un mundo de cambios constantes, tener esperanza no significa ser iluso, sino es la manera más realista de plantearnos nuestros sueños. Si la llegada imprevista de Covid-19 te ha roto un sueño, no hace falta rendirse y asumir que nunca será posible. Necesitas reactivar tu esperanza para encontrar una manera diferente para llegar allí.

Muchos de los clientes que estaba apoyando en hacer realidad una transición vital, se han visto parados y temporalmente desanimados durante los meses del confinamiento y la vuelta a la nueva normalidad. Todos ellos tuvieron que reencontrar nuevos caminos para seguir avanzando en la dirección deseada. No es siempre sencillo, pero al final, quién busca, encuentra.

Cuando Covid-19 llegó a Madrid, Sam se volvió a casa de sus padres para estar cerca de ellos en anticipación del impacto que iba a tener la pandemia en Estados Unidos. ¿Dejó atrás su sueño de vivir en España como escritor autónomo? No. Aprovechó el tiempo en casa de su familia para diseñar con más claridad su plan de acción de cambiar de trabajo. Recordó con más detalle sus aficiones de niño al volver a dormir en la habitación de su infancia. Volvió con una determinación renovada para hacer realidad para lo que había venido a hacer. Y había encontrado nuevos caminos. Eso es reactivar la esperanza.

Pero una duda nos queda a muchos… ¿y si estoy soñando lo imposible? Depende…

Sueño o fantasía

Según las sabias palabras de Marcia Wieder, la diferencia entre un sueño y una fantasía es que puedes diseñar una estrategia para hacer realidad tu sueño. Hacer realidad una fantasía por otro lado no depende de ti. No puedes trazar un plan, porque simplemente no hay manera. No hay caminos. Que me toque la lotería, ¿es un sueño? No, es una fantasía. Pero es posibles, ¿no? Sí, por supuesto es posible, con una probabilidad pequeñísima, infinitesimal. Puedes comprar un billete, pero no nos engañemos, si te toca no depende de ti. No puedes hacer nada para inclinar las probabilidades escasas en tu favor. Si insistimos en considerar la compra de billete una estrategia, es bastante ineficaz.

Rescata tu sueño

Lo primero que hago con mis clientes es diferenciar si lo que buscan es un sueño o una fantasía. Si nos encontramos con una fantasía, les recuerdo que detrás de cada fantasía se esconde un sueño, sólo tenemos que encontrarlo y reformularlo:

  • “Quiero que me toque la lotería” se convierte en “Quiero tener libertad financiera”.

  • “Quiero encontrar el trabajo perfecto” se convierte en “Quiero usar mis fortalezas para contribuir a un proyecto que me importa”.

  • “Nunca más quiero trabajar” se convierte en “Quiero generar más fuentes de ingresos pasivos”.

  • “Quiero ir a vivir a una isla caribeña y no tener un jefe más en mi vida” se convierte en “Quiero dedicar tiempo a desarrollar mi plan de negocios y buscarme un socio que tenga experiencia en el emprendimiento”.

  • “Sólo quiero estar tranquilo” se convierte en “Quiero reorganizar mis días para encontrar un equilibrio entre el trabajo, los niños y recuperar una de mis aficiones.”

¿Y si no encontramos ni un sueño, ni una esperanza? Entonces ya tenemos el primer paso: Quiero volver a soñar.

No esperes más. Ahora es el momento. Ahora es el momento para reactivar tu esperanza.

Vuelta con sentido

Al perder libertad de movimiento y tener que acoplarnos a nuevas realidades, nuestra capacidad de acción se ha visto afectada.

Un estudio realizado por el Centro de Psicología Positiva Aplicada (CAPP) en Inglaterra midió el impacto de la pandemia en la expresión de diferentes fortalezas. Los resultados sugieren que nuestra capacidad de acción, relacionada con fortalezas como aprovechar el tiempo, planificar y ejecutar planes de forma satisfactoria se vio mermada de forma significativa.

Cuando nuestras vidas “normales” fueron interrumpidas de forma busca, los salones y dormitorios se convirtieron en colegios caseros u oficinas improvisadas, también se rompieron todas nuestras rutinas de productividad. No había más sitio, ni en nuestras casas, ni nuestras cabezas para meter ni una sola cosa más. Cuando necesitamos crear nuevos hábitos para sobrevivir, los sueños que podrían llevar crecimiento, pero también mucha incertidumbre, pasaron a un segundo plano. Dónde hay mucho miedo y estrés, la ilusión se despide, “Mejor que vuelva luego”. Por eso, nuestras esperanzas se quedaron en espera. Actuemos ahora, para que no caigan en olvido.

Por otro lado, el estudio encontró que fortalezas como la Gratitud, el Crecimiento, la Reflexión y el Autoconocimiento se vieron reforzadas. Hemos aprendido mucho sobre nosotros, somos más fuertes que antes, hemos tenido tiempo para pensar y conocernos un poco más. Nos hemos hecho nuestro máster personal en resiliencia. Aunque no tenga título, vale mucho.

Con suerte, el tiempo y la habituación, junto al calor y el descanso de un verano atípico, nuestra ilusión se empieza a recuperar del susto. Hubo muchas pérdidas, y las hemos llorado. Pero la vida sigue y nuestra salud mental necesita que reactivemos nuestras ganas de crecer. Ante la vuelta a la nueva normalidad, la ilusión nos invita a explorar con curiosidad: ¿Quieres volver? ¿A qué sí? ¿A qué no?

Reactiva tu esperanza

Para reactivar tu esperanza, prueba estos tres pasos, para quitarle el polvo a tus sueños y dejarte inspirar por ellos nuevamente.

Paso 1: ¿Qué es lo que quiero?

Especifica qué tipo de cambio necesitas en este momento en tu vida. ¿Quieres retomar un proyecto que se ha quedado parado? ¿Quieres retomarlo tal cual lo habías imaginado o necesita algún retoque? Si piensas que es imposible, ¿Qué es lo que realmente querrías conseguir mediante este proyecto? ¿Con qué valor está relacionado? ¿Más libertad, más autenticidad, más disfrute, más conexión, más impacto…? Identifica el sueño o la necesidad detrás de la fantasía

Puede que en este momento te sientes atrapad@ y frustrad@, porque hace mucho que has dejado de soñar y no sabes ni por dónde empezar. Tu sueño es volver a soñar. No intentes abordar este paso desde el intelecto. Para permitirte volver a soñar, empieza por las emociones y los recuerdos de pasado.

¿Hay una cierta sensación vital que quieres volver a vivir? ¿Qué recuerdos vinculas con esa sensación? ¿Hubo momentos de inspiración profunda que te pusieron la piel de gallina y que recuerdas con detalle hasta el día de hoy? ¿Qué te hace sentir viv@?

Si te apetece, busca imágenes que expresan esa sensación vital que buscas, sea por un cambio laboral, un cambio personal o simplemente un cambio de hábitos. Crea un collage, digital o analógico, dando un buen uso a todas esas revistas que querrías haber tirado hace tiempo. Crea una representación visual de lo que quieres para tí.

Paso 2: Abre caminos

Recuerda que tener esperanza no requiere cambiarlo todo, sino saber que hay muchas maneras para llegar a dónde quieres. Necesitas encontrar opciones diversas, que te llevarán en la dirección de tu destino deseado. Encuentra tres o cuatro maneras que ves factibles y elige tu Plan A.

Entonces, empieza a dar pasitos en esa dirección. Si quieres volver a ser más creativa en el trabajo, pero no sabes cómo, empieza por pequeñas variaciones en cómo haces tu trabajo. Haz algo nuevo o diferente cada día. Si aparece la oportunidad de mostrar tu vena creativa, cógela, aunque aparezca disfrazada como un nuevo reto que te da un poco de miedo a primera vista.

En la entrevista de trabajo que me dio mi primer trabajo en una multinacional me preguntó mi futuro compañero: “Si no te contratamos, ¿qué harías?” Le contesté con total sinceridad y entusiasmo “No lo sé, si no puedo trabajar en Marketing, a lo mejor me pongo a estudiar Psicología.” Aparte te mi inocencia, la respuesta mostró que sabía intuitivamente que mi mundo no iba a acabar si no podía tener este puesto al que estaba aspirando. Fue una respuesta de esperanza. Que encima se hizo realidad un año más tarde cuando dejé la empresa para perseguir mi pasión, es otra historia…

Un puesto es sólo un camino posible entre las muchas vías que nos acercan a lo que realmente buscamos cuando soñamos: ser feliz, hacer lo que nos gusta, contribuir nuestro granito de arena.

Paso 3: Comprométete con el camino

Parece que los cambios requieren un esfuerzo extraordinario. Es verdad, pero no cualquier tipo de esfuerzo. Necesitan una dedicación prolongada en el tiempo, en vez de un esfuerzo sobrehumano puntual. Habrá momentos difíciles y fáciles, un poco de todo. Lo importante es seguir avanzando, sin prisa, pero sin pausa.

Si un camino que estamos contemplando nos quita las ganas de empezar con sólo pensarlo, tiene que haber otra manera más sencilla, más tuya, más auténtica, más viable. No hagas cualquier cosa, haz lo que te va bien a ti.

Recuerda que el segundo ingrediente de la esperanza es la determinación, las ganas de comprometerte con uno de los caminos que has identificado. Sentir que te apetece, que te pone una sonrisa en la cara y sientes cosquillas en el estómago y pensar “Lo quiero probar. Creo que puede funcionar.” Reconocerás la sensación cuando la sientas.

Puede que habrá contratiempos, puede que tengamos de cambiar de estrategia a mitad de camino. Pero no pasa nada. A veces tenemos que abandonar un camino y elegir otro porque se ha quedado bloqueado. Una vez que estás en marcha, es menos probable que te detengas. Cambiamos la estrategia, pero no la meta. En todo ese proceso buscamos empezar con un plan que parece posible, nos motiva y refuerza nuestra voluntad. Y lo abordamos con confianza, sabiendo que si falla siempre habrá un plan B, C, D o E.

Cuidado con la pasión

La mayor determinación es la que viene acompañada de pasión. Somos más perseverantes cuando hacemos algo de todo corazón. Así lo confirman los estudios de Angela Duckworth, que llama “grit” a la combinación de determinación y pasión.

Pero en mi práctica profesional veo que necesitamos manejar la pasión con cuidado.

Si sabes lo que activa tu ilusión, la sientes en tu cuerpo, la palpas claramente, ¡fantástico! Persigue ese camino. Pero si no, no te preocupes, olvídate del cuento de hadas (o mejor dicho, la novela romántica del artista que redescubre su pasión) y empieza con algo más sencillo. La pasión es sólo un camino. Hay otros.

En una conferencia, Liz Gilbert, autora del bestseller convertido en película de Hollywood “Come, reza, ama” confesó a sus seguidores que había sobrevalorado la pasión. “Siempre he hablado de seguir la pasión. Necesito pedir disculpas si te he confundido. La pasión fue mi camino. Fue fácil, porque siempre lo he tenido claro que querría escribir. Pero sé que hay muchos caminos más. Podemos empezar con algo más básico: Persigue tu interés, y mira dónde te lleva”.

Aparte de la pasión, podemos seguir las indicaciones de nuestro interés, la curiosidad, la intuición, las ganas de aprender…. Más caminos, más esperanza.

No postergas el comienzo

Cuando sepas más o menos por dónde tirar, es el momento de pasar a la acción. Elige tu primer paso. Si te da miedo, elige uno más pequeño. Si no estás seguro, prueba igualmente. Si te sientes sólo, compártelo con alguien que te animará. Pero empieza, ponte en marcha. Vuelve a sentir la ilusión de los comienzos nuevos.

¿Te quedas en blanco? Te propongo un pasito muy sencillo, que no tiene coste, sólo requiere una hora de tu tiempo y te dará un espacio para reflexionar. Si quieres explorar nuevas maneras para reinventar tu vida y tu trabajo a la vuelta a la nueva normalidad, apúntate a la serie de seminarios gratuitos, los viernes de Septiembre 2020 en el este enlace.

Facilitados por Eva Katharina Herber, patrocinados por SINEWS MTI.

La autora: Eva Katharina Herber

Eva es Psicología Clínica Sanitaria en Sinews Multilingual Therapy Institute en Madrid. Ayuda a sus clientes a navegar tiempos disruptivos de cambio con aplicaciones práctica de Psicología Positiva, con un énfasis especial en la generación de sentido en la adversidad y la identificación de las fortalezas personales. Si necesitas un tiempo y espacio para procesar emociones difíciles o buscas apoyo durante un nuevo comienzo, puedes contactarla aquí.

Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Eva Katharina Herber
Psicóloga y Coach
Adultos, adolescentes, parejas y familias
Idiomas de trabajo: Español, inglés y alemán
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Qué no decir, cuando no saber qué decir

Qué no decir, cuando no saber qué decir

“¡Es que no sé qué decirle!” Con 37 años la mejor amiga de Patricia se estaba muriendo. Estando a su lado en el hospital durante sus últimos días, los momentos que compartían se reducían a intercambios cortos, cuidados sencillos y miradas en silencio, interrumpido esporádicamente por las visitas de familiares, enfermeros y la oncóloga.

Patricia querría hacerlo bien, estar allí, encontrar la forma de abordar una situación que la dejaba sin palabras y sin aliento. Entre la tristeza y la rabia por perder a su amiga me llamó y me hizo la pregunta que todos nos hacemos: ¿Qué decir en una situación así?

La cuestión que se esconde tras esa pregunta no tiene nada que ver con las palabras. Lo que buscaba Patricia era mostrar su apoyo y cariño a su amiga en una situación crítica.

Me llamó porque soy psicóloga clínica, y parece que eso me convierte en experta en saber qué decir. Pero no le respondí como psicóloga, sino como amiga y como persona que ha estado allí, en la misma situación, acompañando el proceso de morir, sin palabras. También le respondí como antigua voluntaria de un hospicio, dónde recibimos formación específica al respeto. Lo que me enseñaron esas experiencias, es que hay momentos en las que las palabras están sobrevaloradas y la muerte es sólo uno de ellos.

Cuando una persona pasa por un momento doloroso como una enfermedad, depresión, ansiedad, discriminación, una ruptura o un despido, no necesita palabras. Necesita empatía, sentirse acompañada, querida y apoyada. Los mejores amigos de la empatía son el silencio, la comprensión, la presencia y el compromiso. Si queremos trasmitir una empatía verdadera necesitamos ceder la palabra y escuchar, servir en vez de imponer y preguntar en vez de opinar.

Durante el confinamiento del COVID-19, muchos de mis pacientes me transmitían que no se habían sentido acompañados por sus familiares, amigos o compañeros, porque eligieron palabras que hicieron más daño que bien.

Os quiero contar lo que me contaron, en sus palabras y experiencias.

El siguiente listado no pretende acusar, sino crear conciencia sobre el efecto que pueden tener algunas de las frases más comunes que usamos cuando no sabemos qué decir.

Cuando estoy mal y me dices…

Durante el confinamiento del COVID-19, muchos de mis pacientes me transmitían que no se habían sentido acompañados por sus familiares, amigos o compañeros, porque eligieron palabras que hicieron más daño que bien.

Os quiero contar lo que me contaron, en sus palabras y experiencias.

El siguiente listado no pretende acusar, sino crear conciencia sobre el efecto que pueden tener algunas de las frases más comunes que usamos cuando no sabemos qué decir.

  • No llores.” … siento que me tengo que tragar mis lágrimas, cuando lo que más necesito es un hombro en el que apoyarme y llorar. Abrázame, dame la mano y déjame llorar.
  • No te preocupes.” … me siento insegura, porque la verdad es que ahora mismo me preocupa mucho lo que está pasando. Dime que entiendes mi preocupación, así no me siento tan sola.
  •  “No pasa nada.” … me da vergüenza estar mal, porque parece que es una tontería. Necesito que comprendes que es un tema serio para mí en este momento.
  •  “No te pongas así.” …me siento como un niño pequeño que ha hecho algo mal. Déjame estar mal, porque ahora mismo no consigo estar de otra manera.
  •  “Por lo menos no es tan malo como (otra cosa peor).” …. Me siento culpable y malagradecida con la vida. Dame tiempo y acabaré viendo la luz al final del túnel, acompáñame hasta allí.
  • Tienes que ser fuerte.” …. Siento que tengo la obligación de aguantar estoicamente, cuando realmente me siento vulnerable, asustada y cansada. Recuérdame mis fortalezas, y las usaré cuando esté lista.
  • Ay, pero qué horror.” …. Me asusta pensar que ahora te tenga que tranquilizar a tí, no quiero que te preocupes por mí. Está bien que comprendas la envergadura del tema, pero no me asustes más.
  • Estoy aquí para lo que necesites”… pero no me llamas más, dudo si realmente puedo contar contigo. Si quieres estar allí, quítame algunas de mis tareas, no tengo mucha fuerza.
  • Lo que tienes que hacer es” … me siento presionada y cansada. No necesito más consejos, sino tu apoyo emocional. Siéntate conmigo en silencio, eso me dará fuerza para encontrar mis propias soluciones.
  • ….y hablas y charlas sin parar…. No tendré el valor de pararte. Pregúntame como estoy, dame tiempo para encontrar mis palabras y escucha lo que necesito sacar sin interrumpirme.
  • Sé exactamente cómo te sientes.” …me pregunto cómo lo puedes saber, si nunca has estado en mi situación, viviendo mi vida, sintiendo mis emociones. Pregúntame como me siento, estoy deseando que alguien quiera saber cómo vivo yo todo eso.

Cuando estás con alguien que lo está pasando mal, párate, no busques palabras, no intentes saber sino comprender y estar allí desde el corazón. Requiere valentía, pero merece la pena.

Tal como nos recuerda Brene Brown: “Empatía no es conectar con una experiencia. Empatía es conectar con las emociones que están debajo de la experiencia.”

La autora

Eva Katharina Herber es Psicología Clínica Sanitaria en Sinews Multilingual Therapy Institute en Madrid. Ayuda a sus clientes a navegar tiempos de cambio con aplicaciones práctica de Psicología Positiva, la generación de sentido en la adversidad y la identificación de las fortalezas personales. Si necesitas un tiempo y espacio para procesar emociones difíciles o buscas apoyo durante un nuevo comienzo, puedes contactarla en www.sinews.es

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Enamórate de tus rutinas

Enamórate de tus rutinas

Olvidarse de las rutinas, vivir sin reloj, tener la libertad de hacer lo que nos gusta y cuando nos apetece… los largos días del verano son ideales para vivir así: de forma más lenta, más espontanea.

No tener que regirnos por horarios fijos y dejar espacio para la improvisación es parte de una receta perfecta de desconexión y relajación. Pero tarde o temprano llega el momento de volver a la realidad y un ritmo más formal.

¿Cómo podemos mantener la sensación de libertad del verano en nuestros días marcadas por los horarios y las obligaciones repetitivas? ¿No sería fantástico si pudiéramos empezar a disfrutar de nuestras rutinas, en vez de verlas como una obligación aburrida y monótona?

Te presentamos un sencillo ABC para que te vuelvas a enamorar de tus rutinas.

Analiza lo que te funciona

Si acabas de pasar un verano estupendo, todavía te acordarás de cuales fueron los momentos más memorables y placenteros para ti. ¿Te encantó tomarte el tiempo de sacar la foto perfecta de la puesta de sol sobre el puerto pesquero? ¿Perdiste la noción del tiempo durante la caminata por ese paisaje de montañas tan impresionante? ¿Te dejaste envolver por el sonido de las olas de mar? ¿Sonríes al recordar la divertida sobremesa con los familiares que no viste hace meses?

Como no te puedes llevar la playa a casa, ni desplazar las montañas, necesitas ser pragmático. El reto consiste en identificar el denominador común de tus momentos de placer. ¿Cuál es ese elemento clave que convierte en especial tus días fuera de la rutina? ¿La naturaleza? ¿Cuidarte? ¿El silencio? ¿La creatividad? ¿Las personas? ¿La buena comida? ¿Tomarte tiempo para simplemente ser, sin hacer nada? Las rutinas sólo se vuelven tristes si no dejan espacio para los pequeños momentos de placer. Trasformar la rutina empieza por encontrar en ella las pequeñas réplicas de los grandes momentos de placer que vives durante tu tiempo libre. Y sí, se puede tomar un cóctel de frutas un martes por la tarde en una tumbona improvisada escuchando música chill-out. Se puede usar la cámara de fotos del móvil, para capturar momentos especiales en cualquier época del año y el sol se pone todos los días. ¿Sabes cuál es el mejor sitio de tu ciudad para observarla? ¿Te tomas el tiempo para parar y mirarla? No se trata de pretender que va a ser lo mismo. Se trata de recuperar los micromomentos de placer que están a tu disposición, sin juzgarlos por no estar a la altura de algo que sólo puedes tener una o dos veces al año.

Busca pequeñas variaciones en lo repetitivo:

Activa tu curiosidad y creatividad para descubrir nuevas formas de hacer lo cotidiano. Si has descubierto el placer de escuchar audiolibros tumbado en la playa, ¿porque no ponerte uno mientras que planches? Si te encantó la comida exótica que probaste por primera vez, comprométete con probar un restaurante raro una vez al mes o subscríbete al canal de YouTube que te enseña a cocinar recetas nuevas en casa. Está demostrado que la búsqueda de las pequeñas variaciones de lo cotidiano es fundamental para nuestra felicidad. La repetición sólo es perjudicial si asumimos que las cosas siempre son iguales. Cada día es diferente, y podemos descubrir muchos matices para enriquecer lo que parece monótono. Si tienes niños, deja que ellos con su curiosidad natural te enseñan una mirada diferente que te conecta con el flujo constante de cambios de la vida. Juega al Busca las diferencias en tus desplazamientos diarios, tengas niños, o no. Pregúntate por la mañana ¿Qué pequeña variación podría introducir hoy en mi rutina? Aparta el móvil y mira por la ventana del autobús, sube la radio y canta, aunque sea en medio del atasco, sonríe a las personas que se suben al metro, porque sí, por devolver un toque de humanidad a esos encuentros diarios con desconocidos… con un poco de creatividad acabarás viendo que salir de las rutinas es sobre todo una actitud, la actitud de no conformarse con una vida repetitiva.

Cuestiona lo que haces de forma automática:

A veces la rutina nos engulle sin que nos demos cuenta y nos lleva a hacer cosas… que no sabemos ni porque las hacemos. Las semanas pasan y nos perdemos en lo que hemos hecho así desde siempre. Empieza a cuestionar tus hábitos. ¿Qué haces de forma diaria, que realmente no aporta nada a tu vida? ¿Hay rutinas que han perdido su sentido? Darnos cuenta de que tenemos automatismos que no aportan nada (como encender las noticias a la hora de cenar, mandar mensajes en vez de llamar, ir al super el sábado por la mañana, leer correos en vez de centrarnos en lo más importante, pasar horas en las redes sociales en vez de leer una buena novela o posponer otra vez el cuento de los niños hasta otro día en el que estemos menos cansados…) Ponte una alarma en el móvil cada hora y cuando suena pregúntate: “¿Qué estoy haciendo ahora mismo? ¿Tiene sentido?” Haz una revisión crítica de tus rutinas y averigua si realmente son útiles para ti. Selecciona la rutina que te parezca más absurda y…

Desecha lo que no te sirve:

Fuera con todo lo que se te ha quedado pequeño, grande o anticuado. Igual que revisamos el armario para desechar la ropa que ya no nos gusta, hagamos lo mismo con nuestras rutinas. Haz una limpieza de rutinas, para dejar más espacio para lo que realmente importa. Recuerda que hay muchas formas de hacer las cosas. La clave está en hacer un poquito menos de lo que no tiene sentido, para poder hacer un poco más de lo que sí lo tiene. Te quedarás sorprendido del tiempo que podrás liberar cuando empiezas a desechar tus hábitos viejos sin sentido.

Para recupera la ilusión por tus rutinas, encuentra un buen equilibrio entre lo rutinario y lo nuevo. Aunque tus obligaciones y rutinas nunca van a desaparecer del todo, recuerda que siempre puedes elegir cómo las vas a afrontar. Haz que tu día a día te guste un poco más cada mes y acabarás pasando un año estupendo, sea la estación que sea.

¿Aún te cuesta? ¡Concierta una cita con un profesional en Sinews para un empujón!

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Three scientifically-proven ways to boost your willpower

Three scientifically-proven ways to boost your willpower

Scientists have found that willpower is like a muscle. The good news is that you can actually train your willpower and make it become stronger. The downside is that it gets tired when we use it for extended periods of time. That’s why surfing the internet or Facebook becomes even more “irresistible” at the end of a long day, food choices get worse as our willpower muscle weakens and it even explains why dieters are more likely to cheat on their partners.

We need willpower for every conscious choice that involves overriding an immediate inner impulse for some rational reason. This involves resisting the urge to pick up a chocolate bar at the store checkout, keeping our calm when our kids whine (once again) for yet another reason or sitting through a seemingly endless conference call. How can we train our willpower muscles and recharge them after exhaustion? Here are three main tricks found by science that you can put into practice right away.

  • The first one is to plan and pre-commit to our responses to moments of temptation. Say you are trying to give up buying the aforementioned check-out chocolate bar. The idea is to anticipate the moments when it will be most difficult to keep up your resolution and map out your intended action upfront. So first, be specific about when exactly you are most likely to give in. Is there a specific place? A specific time of the day? Is it when you feel a certain way? Feeling down, stressed or angry, being tired or hungry are the usual suspects. Make a list of all the situations in which you typically give in to the temptation that you want to resist. Then, write down specifically what you want to do instead of this. This is called an Implementation Intention and has been proven by researchers to increase your likelihood of willpower success. Good implementation intentions are positively-stated, clear, short descriptions of what you are going to do and they provide an insight of what is to be avoided (like keep looking at the stacks of “treats” laid out for you). “When I get to the checkout, I will put my groceries on the counter and get my purse ready to pay. I will focus on the person attending me and keep my eyes on the action taking place. If there is a line I can drink some water, calculate what I will have to pay, talk to someone or get on my phone to answer some messages.” This type of statements can be referred to as your “I-will-power” and help you to follow through, even when things get tough.
  • Don’t think in terms of good and bad, remember your goal instead. There is a huge dilemma in reinforcing ourselves for what we label as “good” behaviour. It has been shown that when we make ourselves feel “virtuous” because of the “goodness” we have demonstrated, we are more likely to give in in the near future: “I’ve been so good, now I deserve a treat”. Researchers have called this the “moral licensing” effect. The problem is that we have observed this fact, but misunderstood the solution. Now, many people believe that they should rather not trust nor reward themselves for any progress and then become overly critical or make themselves feel guilty if they “misbehave”. But here’s the issue: feeling bad just gives us another reason to, yes, you’ve guessed it, give in to our willpower challenges. The trick consists in avoiding labelling our behaviour as good and bad altogether. If you want to stop yelling at your kids, you have a clear long-term goal which is educating your kids with love and compassion. That’s your vision, that’s what you want. In her book “The Willpower Instinct” Kelly McGonigal calls this type of willpower “I-want-power”. Reminding yourself of your long-term goal boosts willpower in the moment, especially if you reframe your progress as a sign of your commitment to reach your goal. It’s not about being good or bad, it’s about being (and feeling!) committed to your long-term goal. Think about all those times you have managed to resist the urge to yell. Think about everything you have already learned about yourself and your kids that helps you today to yell less. Think about how this shows your commitment to your kids and your goal of scream-free parenting. You know it’s hard, and you don’t always succeed, but your acts are based on a clear intention. You really want to be a great parent and are making an effort to achieve it. You’re on your path. Good reinforcement makes you feel good about yourself, indicates the way forward, and leaves some flexible room for improvement and compassion- especially with yourself.
  • Breathe slower. Willpower being like a muscle leads to the fact that there are actually physical measures like heart rate variability that can indicate a low level of willpower in the moment. This discovery had led researchers to develop a strategy that can help us to physically restore our willpower reserve when we feel drained. It has been shown that breathing at a rate of 4 of 6 breathing cycles (inhale-exhale-pause) per minute restores heart rate variability and therefore our capacity to make willpower-based decisions. So let’s look at our meeting scenario. Imagine you have been sitting there for an hour listening to a never ending stream of seemingly irrelevant facts and figures. You are ready to leave, yearning to interrupt and even tempted to just scream out loud. But you won’t do that (a question of “I-won’t-power” following Kelly McGonigal’s classification). So what you can do instead is practice a type of breathing that prolongs the exhale and includes a small pause after each exhalation. It’s not like deep breathing, but rather an deep exhaling. There is a relaxing quality to the exhale that can help us slow down our breathing rate and by that, boost our willpower muscle, even in tense situations. It’s not a quick fix, as you need to train yourself to be able to do it in the really important scenarios. Also, it will take a couple of minutes to calm down your probably shallow or agitated breathing. But after a while the physical effects kick in. 5 minutes are probably enough to calm you down to 4 to 6 breaths a minute. And here you can stay for as long as the meeting goes.

Not sure, which of these tricks does seem to be most in line with your personal willpower challenges? Just use them all. Take a moment now to write down your implementation intention. Get clear about the end goal you are working towards. Resolve to slow down your breathing the next time a particular temptation hits. All of them together make a great cocktail of willpower vitamins that will help you move forward on your chosen path in those crucial little moments of choice that make the difference between moving forward or giving in.

Still struggling with willpower issues? Not really sure what’s the best approach in your specific case? We’re here for you. Coaching and Positive Psychology have come up with many more scientifically proven interventions to help you achieve your goals and increase your wellbeing.

 

This article is based on the books “The Willpower Instinct” by Kelly McGonigal and “Willpower” by Baumeister and Tiery. And if you’re interested in Scream-Free Parenting, pick up the book by the same name, written by Hal Runkel.

Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Eva Katharina Herber
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When giving up is good for you

When giving up is good for you

Most people hire a coach because they want to reach a certain goal. Therefore, coaches are known for helping you get more of what you want and less of what you don’t want, right? Well, yes and no.

Having and reaching goals has been related in the research literature to many positive outcomes. They energize and direct our efforts in a wanted direction, give meaning to our lives and are often an important part of our identity. Reaching goals (or not) is an important feedback process which helps us to know if we are “on track”.

Especially in the Western cultures, goals are mainly related to “doing”. We should not forget that doing somthing, often automatically leads us to “being” a certain way. Achieving a way of being can be part of the goal, like in: “I want to do exercise daily in order to be physically fit until old age”. Nevertheless, sometimes we forget about the being part of a goal and commit to actions that have unwanted side-effects on that level, as in: “I want to have my own business, but this means being less available for family and friends”. In other occasions we pursue a certain goal that over time turns out to be unrealistic or unattainable.As you see, wanting the right thing is not always that easy. This is why part of a coach’s job is to explore and fine-tune goals and their desired outcomes on different levels, to then pick those that are realistic and attainable and say no to those that are not. Depending on the nature of the goal, this can be hard to accept. In the age of unlimited possibilities, we tend to reject the idea that giving up on a valued goal might be the best thing we can do to increase our well-being.

So here is what you need to know about the choice of giving up.

Research shows that one of the important traits related to “keep going when the going gets rough” is dispositional optimism. Optimists think that the future will bring positive outcomes and are more likely than pessimists to stick to their goals in times of adversity. It makes a lot of sense that having positive expectancies about the future will encourage a continued effort when faced with difficulties. That’s why popular articles often link optimism to persistence and higher goal attainment which in turn are related to higher emotional and even physical well-being.
Nevertheless, another less known fact about optimists is that they are also better at dealing with situations where goals become unattainable. This capability has been called healthy goal adjustment.

Making plans is easy but life is never fully under our control. Many things can happen that impact our priorities or possibilities, generating the need to readjust our goals.

Researchers say that goal adjustment consists of two different actions: disengaging from the unattainable and reengaging in alternative goals. It has been shown that when goal adjustment happens successfully, people maintain a sense of purpose, preserve their subjective well-being, experience less stress and develop less depressive symptoms.

In general, when optimists face a problem that might put a goal to risk, they are likely to engage in constructive problem solving. They look for solutions and often find them. But, when their attempts to solve the problem fail, they are able to stop trying and turn to more emotionally focused strategies like acceptance, humor or positive reframing (seeing the positive within a negative event).

For me, one of the most complicated decisions in this equation is to know when to label a goal as unattainable. Even optimists seem to have difficulties with that, as they have been shown to persist in impossible tasks far longer than their pessimistic counterparts. Nevertheless, the frustration they feel when they finally give up, doesn’t last long. In fact, it seems that one of the important differences is that optimists are much better than pessimists in finding new goals that substitute the ones that have become unrealistic.

As having unattainable goals is a pretty common experience, and you want to be able to access the positive potential of letting go when it’s time to, let’s summarize what you can do to increase healthy goal adjustment.

  1. Know your tendency. Are you an optimist, sticking to goals as long as you possibly can, sometimes even too long? Are you rather pessimistic in your outlook on life and your own capabilities? Are you likely to overestimate the size of a problem? Do you underestimate your capability to solve it? Are you energized by starting something new, even before finishing off a previous project? Or are you more likely to overestimate your capacity and push yourself far over your limits attempting to “do it all”? Take these inclinations into account as you work towards different goals and objectives and when you consider giving up on something.
  2. First, be constructive. When you are trying to achieve something and a problem comes up, first try to find a way to solve the issue. Open up to different strategies and remember that the road to success if hardly ever straight. When an adversity is out of your control, trying to “solve it” is very likely to be frustrating. In these cases we can only decide to deal with it as good as we can and adjust to the new reality.
  3. Give up specific actions. If a goal is clearly unattainable make a conscious choice to disengage from it. Withdraw your efforts and commitment, while accepting that sometimes things just don’t work out as expected. In this stage it is important to only give up on very specific goals. A generalized decision to “give up” is never a good idea. It is beneficial though to let go of specific actions, strategies and plans. Feel the difference: “Now that I have decided to care for my ailing mother I can forget about being active myself” versus “I won’t be able to go running three times a week while I am caring for her”.
  4. Find a new goal that you can pursue and direct your efforts to. Identify what you would like to do with the time and energy you just released. Complement your decision to quit with another decision to engage in something new. This is how it could look like: “Now that I won’t go running three times a week, I want to make sure I walk as much as I can, taking the stairs, getting off the bus a stop earlier and meeting friends for a walk, instead of having a drink”.
  5. Cope with emotions. If the transition to a new goal is hard to make and you find yourself experiencing difficult emotions, make sure you create room for these reactions instead of pushing them away. Ways of dealing with emotions include labeling them (“I am disappointed/worried/disturbed…”), expressing them through writing, talking or other physical forms of expression or reframing what you feel in a positive way (“This feeling of frustration shows me that I am very committed to my health, I want to make sure I honor this need by recommitting to different ways of caring for myself”).

Remember that once you disengage from the unattainable goal and reengage with a good alternative, you are very likely to recover a sense of mastery and buffer yourself against the negative effects that come from saying no to a previously valued goal.
If you want to reality-check your goals, need to recommit to a new and more realistic goal, or think you could help some support in coping with a recent goal transition, don’t hesitate to get in touch.

Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Eva Katharina Herber
Psicóloga y Coach
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How mindfulness can help you reach your goals

How mindfulness can help you reach your goals

Let’s be honest. How many times have you had a certain plan but ended up losing track of it, maybe without even realizing that you were doing so. Many of our very well intentioned and, logically thinking, really useful goals end up being forgotten, postponed or delayed to death. We might have a great start but something happens on our way to finish that makes us lose focus on our goal. Mindfulness might be the thing you need to deal with this obstacle.

Mindfulness is the new buzzword. From mindful eating for increased pleasure, mindful conversations for a better connection to our loved ones to mindful parenting; the art of non-judgmental awareness and acceptance is being applied to multiple disciplines. Actually mindfulness does seem to be a hugely versatile skill and way of being in the world. The behavioral, social and neurosciences suggest that mindfulness can increase our focus and our happiness while also reducing stress, physical pain and heart disease. And I think mindfulness, too, is a basic skill for goal achievement.

The basic idea you need to remember is that mindfulness training (which consists of formal meditation practice and daily life activities that are completed in a state of presence and observation) teaches you to maintain your focus where you want it to be. This can mean to keep your attention on your breathing, your thoughts, your feet touching the ground while walking or getting in a state of something called spacious awareness, where you expand your senses to become aware of all the input you are receiving through them in the present moment. Once you realize you have lost your focus, you return to the chosen object of attention, without judging yourself, practicing an attitude of acceptance, patience and persistence each time you do so. Note that it’s the repeated becoming aware of where you are and returning to where you wanted to be that builds your mindfulness, not the fact of staying centered in itself.

So, how can we use mindfulness to obtain our goals? Let’s imagine goal attainment as a journey of a «space shuttle»* to a far away planet. Once we are on the mission and racing through space, we realize that on our way to Goal, we pass many different planets, each with their respective fields of gravity. They are not the objective of our mission but its power of attraction might take our spaceship off course. Actually some of these fields of gravity might that strong, that we end up cruising around the (wrong) planet for ages, wasting fuel and time for a mission that we’re not really on.

In daily life this metaphor translates into all these different missions we are on, and all the daily distractions that bring us off course. I want to eat healthy but get into the field of attraction of a yummy, sugary treat and off I am, on the mission to Chocolate and Cheesecake. Or, if we talk about more serious problems like mental illness, we want to be free from social anxiety but end up giving in to our catastrophic thoughts that make us believe that we should just stay home because going out to meet new people would be just too scary.

Mindfulness is about realizing when you are diverging from your path. It reminds you to readjust your direction, so that you can get back on track.

So, you might ask…. Mindfulness is about always staying on course? No. Mindfulness accepts that always staying on course is practically impossible as there are so many distractions around, and so many projects that compete for our attention. Mindfulness is about realizing when you are diverging from your path. It reminds you to readjust your direction, so that you can get back on track.

In practice we have found, that many goals are being disposed because our initial expectations are highly unrealistic. We think that just by setting an intention we will be able to “get there”. The fact is that we will probably encounter difficulties and get off track. If we lose hope in those moments and conclude, that we will not make it, we give in to being on the wrong mission and just maintain the course of least resistance. Being mindful and realizing where your centre of focus is at a certain moment, can help you to:

  • Gain awareness that you are not doing what you wanted to do
  • Accept that fact without judgment (and further waste of energy)
  • Decide to get back on the track that is in line with your goals.

Given the fact that there is no straight line towards big achievements, it just seems the most useful attitude to adopt. So these are my recommendations to mindful goal attainment:

Stop regularly to connect to the present moment. Be aware of the course you are on. Ask yourself where it is leading you, if you are moving forward or going in circles. Adjust your course if necessary. Then, repeat whenever needed.

Are you interested in staying focused on your path while accepting where you are at the present moment? At SINEWS we can help you reach your goals. Ask for an appointment with our Wellbeing and Life Transitions Coach Eva or our Acceptance and Commitment (ACT) therapist Lidia.

*a metafor used by my mindfulness teacher Rafael De Silva

Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Eva Katharina Herber
Psicóloga y Coach
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Who am I? Who do I want to be?

Who am I? Who do I want to be?

A common issue reported by those who move internationally for professional or personal reasons is that often, by leaving behind a country, they feel they have left behind a part of themselves.

This is especially true if the decision to move abroad is necessary in order to follow a partner or loved one. Most often it is women who follow their husbands on an international move, not the other way around.

From having their own career, a support network, friends and a well established comfort zone, they suddenly end up having to start again from zero. This can have a profound impact on their wellbeing and life satisfaction and may make it difficult to enjoy the many different benefits that international mobility has. Common symptoms are feelings of sadness and loss, the impression that the new culture is just too different to adjust to, a lack of energy and drive to engage in local activities, a feeling of loneliness and maybe even pure regret about the decision to move abroad. Sometimes, the only solution seems to just go back home, the sooner the better. But there are other ways of dealing with this situation.

For a start, it is helpful to take a look at the underlying identity issue in a very practical way. The question “Who am I?” does not so much need to be answered in a philosophical way, but at a very down-to-earth level. Often the answer lies in identifying “Who do I want to be”. First of all, this implies knowing what was exactly lost. How did your life look like before the move? What were the activities, relationships and responsibilities that defined your daily schedule? How did you feel back then?

Often, this exercise leads to realizing, that the seemingly wonderful adventure of moving to a new country required quite a price to pay. Some people are aware of this beforehand and are consequently not overly excited about the upcoming challenge in the first place. Others are caught by this reality completely off guard. If you anticipated that the new expat phase of your life would be a near-perfect experience, the unavoidable losses that you suffer by moving might have hit you even worse. You simply did not anticipate that leaving your comfort zone would be so hard.

It is interesting to discover, that our identity is made up of many different parts and that there are some we value more than others. Ask yourself, which parts of your “old life” you miss most now and which are the ones that you feel strongest about today. You might realize that the fact of not having a professional career at the moment is not the main issue. Maybe missing your friends and social network weighs much more. Or it might be the exact opposite. Another realization might be that, although you have not lost all parts of your identity, your priorities have shifted a lot. You might still be involved with your kids’ activities, but feel something is missing because now you value much more connecting with other expat families. Maybe you feel stuck because you just don’t know how to do that. Making the commitment to finding the activities that reflect your new priorities is one of the biggest and most important steps in building your new identity.

Another important task is to lay out an action plan that helps you create helpful habits. When energy is low, habits provide the necessary structure that ensures that you keep moving in the desired direction. Having a support team or friend who knows what you are working on and champions your efforts is another great resource to lean on.

Make sure that willpower is not your only source of motivation. Sometimes it is easier to stay on track by focusing on the small bits and pieces of our current situation that are already there and provide a basic sense of wellbeing. In a state of uncomfortable culture shock, anxiety or sadness, our capacity to think creatively is basically non-existent. And the task of rebuilding a new identity is an inherently creative act. Therefore we need positive emotions to broaden our view of the world and enable us to make new and different connections. If you don’t think you have enough of them, start here. Remember that joy is just one of many positive emotions. Serenity, love, interest, pride, awe, excitement, satisfaction …there are many ways to start feeling better about yourself, by shifting your attention to the positive moments that you experience each day, as small as they might be.

Commit now to an action that will enable you to feel a boost of positive emotions today. It’s a reward and a resource for being on the path towards your new sense of identity.

You still don’t know what to do? Do you want some help in this journey of discovery? Would to like to join a group of other women in the same situation? If you are looking for more help then please reach out to us at Sinews.

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Eva Katharina Herber
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Stress-less Christmas in 6 Steps. Coaching for a Genuinely Merry Christmas Experience

Stress-less Christmas in 6 Steps. Coaching for a Genuinely Merry Christmas Experience

Is it really already the end of November? The autumn winds are blowing even here in Madrid and, most importantly, the Christmas season is about to begin. You might be looking forward to the festivities with joy… or dread the stress that Christmas more often than necessary brings along. Today we want to suggest a simple Coaching exercise that can help you get through the year’s end with more fun and less of the struggle.

Coaching is a process that involves asking the right questions and then coming up with an action plan that puts your insights into practice. So take a pen and notebook to jot down your answers. I promise that these 30 minutes invested in planning will pay back very soon.

Let’s get started:

  • Pick your Stressless-Christmas slogan.
    We said we wanted to make this fun. So let’s start by finding an inspiring, yet down to earth Stressless Christmas slogan that will put a smile on your face and help you through the tough moments. What would you like to say to yourself to relax, feel more at ease and remember that this year can be different?

    • Keep calm, keep cool.
    • This shall pass, too.
    • Less is more.
    • Nobody’s perfect.
    • Simplify!
    • All you need is love.
    • Have a break, have a …
    • What would __________ (put in the name of someone really easy-going) do?

    Now, write your slogan on a little card and keep it handy. You can also post it onto your bathroom mirror or fridge (some of the action might be taking place in the kitchen these days).

  • Define your areas of focus.
    Christmas is a complex time. So many different areas can turn easily into chaos and cause frustration. Shopping for presents, preparing food, planning trips to meet friends and family, organizing parties and dinners, interactions with others, decorating… if we don’t prioritize, things might seem overwhelming.
    What general areas of concern come to mind when you think about Christmas? Write them down, and stick to a maximum of ten, as you want to keep this manageable. If you have more, you definitely need to look into delegating or sharing responsibilities on some projects. Prioritize them in a list from 1 to 10, being one of highest priority and ten lowest. This is what you will work on. If you had more, decide now how you can simplify and delegate items.

  • Get a clear vision
    How you would like Christmas 2013 to look like in each of these areas? One short statement per area is enough. Make sure to include positively framed statements that are clear, specific and realistic. Statements like “No silly arguments”, “Not get overwhelmed with the groceries” or “Not stressing out during the Christmas shopping” should be re-written into something like: “Have fun with my cousins during our family dinner despite the differences and unavoidable frustrations”, “Make a list of meals and needed ingredients by December 10th and have most of the groceries delivered (!) by December 20th” and “Bring the kids to my parents on December 7th and 14th to go find my Christmas gifts and use online shopping options as much as possible”.

  • Identify how to best sabotage yourself.
    You said you wanted to have a good Christmas experience? Be aware that the most important ingredient in the equation is… YOU! Yes, there is other people around (loads of them probably), but this is not about blaming others. Forget about what’s out of your control and take responsibility for yourself. Identify possible barriers and typical pitfalls that use to get you off track. Sometimes in order to succeed we need to know how to fail. So take a moment to write down all the behaviors, habits or attitudes that would definitely sabotage your Stressless Christmas. It will be easier to avoid them, once you have identified them.
    Here are some favorites:

    • Not planning in advance, leaving things to the last minute
    • Get caught up in unnecessary worries about details
    • Wanting to do it perfectly
    • Thinking I can do it all by myself
    • Negative inner dialogue like: “I can’t do it” or “or “Always the same” or “Can’t anybody ever (fill in the blank)”
    • Start a political discussion over dinner.

  • Define the reward
    Motivation and persistence both depend on the reward, on the “what’s in it for me”. Therefore one of the most important questions to ask yourself is: What am I doing this for? Careful, we are not asking why, we are asking what for. What is the meaning of this effort? What will you get from all these attempts? In this last step try to define your personal motivator, a reward that is attainable and fulfilling to you. By writing it down you will appreciate it, even more, when the moment has come.
    Please find at least 5 endings to this statement and write them down:
    I want to make this happen, because…

    • I will feel so grateful when I see everybody together.
    • We are creating a beautiful family tradition for our kids.
    • Christmas is about love and peace -and I want to feel it.
    • The pictures will be so much fun to look at afterwards.
    • I deserve to take it easy to start the New Year with lots of fresh energy.

Look at this list when needed. This is what a stress-less Christmas is for – it’s worth it! I wish you a wonderful and truly merry Christmas Season!

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Eva Katharina Herber
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Therapy or coaching, what’s right for me?

Therapy or coaching, what’s right for me?

One of the questions that many people ask when they are considering starting a personal development process is whether they need therapy or coaching. We’ve heard more or less about both approaches, but still, it is not too clear what the real differences are, or for which one to go if you feel both could work.

Often one of the differential characteristics that is mentioned is that therapy focuses on the past and coaching on the present and future. Nevertheless, it is not really true that therapy does always and only focus on the past.

Actually, the most effective treatment approaches, like cognitive-behavioral therapy, acceptance and commitment therapy or positive psychology focus much more on the here and now, than the past. They might identify some triggers or vulnerabilities that explain the beginning and course of the current issue, but the main focus remains on how the problem is maintained and perpetuated today, to then design strategies to break the vicious cycle. At the same time, also coaching might go back into the past, for example when there are limiting beliefs that hinder current performance. Limiting beliefs can be adopted at any point in our lives, but they often go back to childhood or adolescence. Just as a therapist a coach will use these insights to help the client overcome the obstacles and change the way he thinks and functions in the present.

There is another differentiation that seems much more valid to make a decision on which approach to choose: the level of interference and suffering that the problem is causing. Take for example the case of Judy* and her low self-esteem. Judy feels uncomfortable in social situations involving the opposite sex and job interviews and has the impression that she is not being who she really is. Despite that perception, she can function normally in her daily life, has many friends and good academic performance. As she is maintaining a sufficient level of functioning, she can perfectly go for coaching. A coach will help her to tap into those resources that she already has and that will be key to increasing her self-esteem. Judy might identify those situations where she does feel confident and secure about herself to then set up strategies that will allow her to connect to this feeling more often and in different environments. In coaching, we assume that the client themselves has all the answers and just needs some guidance to become aware of them and use them in new and different ways. A coach often is a sounding board that provides the space and time where the client can freely think and talk, and by that discovers and chooses the action steps that will lead towards the desired goal.

When there is a high level of suffering and impairment that simply make it impossible to connect to this inner wisdom that the coaching process is built on then we need to consider therapy. Paul* for example had severely low self-esteem that showed up as a constant negative inner dialogue and criticism that hindered him in making connections to other people, pursuing a fulfilling professional career and taking decisions in daily life. He felt there was not anything he could do to feel better about himself and even thought that actually there wasn’t anything good. With someone like him, a therapist will be more than just a guide and adopt a much more direct approach. It will be the task of the therapist to lead the design of an action plan, agree on the steps to take and draw from psychological theory and experience to lead the client to adopt new behaviors and beliefs that will have a noticeable impact on the level of self-esteem. Apart from questions, there will be prescriptions. There might be sessions dedicated to the identification and questioning of negative thoughts, behavioral experiments to see what really happens if Paul started to act on a more positive view of himself and some communication and assertiveness training. Paul will put into practice new ways of thinking and behaving that will make him realize that there are many things he can be proud of and that makes him a worthy person.

Therefore one of the main differences between therapy and coaching is the focus. Coaching focuses on what’s working and leverages the resources and solutions the client already has by providing powerful questions that will allow uncovering them. On the other hand therapy focuses on what’s not working and helps to overcome dysfunctional behavior by acquiring new ways of acting and thinking that the client might never have tried before.

In summary, therapy is meant to help you recover from suffering and feel good again, by applying a personalized treatment that has shown to be effective in other people and is likely to help you, too. Once you feel good about yourself, coaching can help you feel and perform even better, by helping you discover your own solutions and strategies.

*Name changed by the author to ensure privacy

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