¡Felices Fiestas! ¿Sólo importan los regalos?

¡Felices Fiestas! ¿Sólo importan los regalos?

Vacaciones, nieve, árboles decorados, reuniones familiares … ¡y regalos, por supuesto! Es una de las épocas más bonitas del año, una imagen con la que muchos de nosotros estamos familiarizados.

Dedicamos semanas, pensando cuidadosamente en los regalos perfectos, apropiados para la edad, intelectualmente estimulantes, emocionantes y sorprendentes para nuestros hijos. Pero la novedad de muchos regalos rápidamente desaparece y pronto muchos se olvidan entre tantos otros con que jugar.

Entonces, ¿cuántos juguetes deberíamos estar realmente dando a nuestros hijos?

Los expertos dudan en poner un numero a la cantidad de juguetes que los niños deben tener, sin embargo, menos juguetes son mejores que demasiados.

A través del juego, los niños aprenden a interpretar el mundo que los rodea, enriqueciendo el desarrollo de sus habilidades cognitivas, emocionales, sociales y físicas, y su consecuente bienestar. Un artículo publicado en 2017 en la revista Infant Behavior and Development afirma que “Cuando se les da solo cuatro juguetes para jugar, los niños juegan con cada uno el doble de tiempo, pensando en más usos para cada juguete y alargando y expandiendo sus juegos, permitiendo un mejor enfoque para explorar y jugar de manera más creativa, cualidades que benefician a los niños a largo plazo”.

Los niños que tienen menos juguetes para jugar necesitan usar más su imaginación, lo que les da la oportunidad de buscar y desarrollar nuevos talentos. Además, cuando los niños tienen demasiados juguetes, abandonan demasiado rápido un juguete que los desafía, reemplazándolo por otro más fácil. En el proceso, pierden la oportunidad de aprender paciencia y determinación. Los niños que tienen menos juguetes suelen cuidar más de sus pertenencias, también tienden a pasar más tiempo leyendo, escribiendo y creando.

Tener menos juguetes establece el tono para un estilo de vida más saludable, ya que los niños que obtienen todo lo que quieren valoran menos a sus cosas y tienden a compartir menos.

Las fiestas no son solo tiempo para regalos, sino también para pasar tiempo de calidad con nuestra familia.

Kathy Sylva, profesora de psicología educativa en la Universidad de Oxford, estudió a 3.000 niños de entre tres y cinco años y descubrió que «aquellos niños con menos juguetes, cuyos padres pasan más tiempo interactuando con ellos, superan a los niños con mayores medios para computadoras personales, videojuegos, etc., en varias áreas del desarrollo emocional y social.”  La realidad es que los efectos positivos del attencion directo de un padre parece vencer a cualquier juguete o pantalla «.

La felicidad se deriva de las experiencias, no de las cosas. ¡Pasemos más tiempo jugando con nuestros hijos!

Investigadores de la Universidad de Cornell descubrieron que «las personas están más agradecidas e incluso más generosas cuando disfrutan de experiencias en lugar de regalos materiales».

Las experiencias pueden enriquecer la vida de los niños más que los juguetes. Entonces, porque no usa el dinero que hubiéramos gastado en juguetes adicionales para un viaje a un parque temático, a un mercado festivo, al cine para ver su película favorita, al zoológico, acuario o hacer un picnic al aire libre, etc.

Los recuerdos de la experiencia de los niños dura mucho más que la emoción de los juguetes que reciben durante las fiestas.

La felicidad se deriva de las experiencias, no de las cosas. ¡Pasemos más tiempo jugando con nuestros hijos!

Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Itxaso Cembrero Tercero
Psicóloga
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Conoce Psicóloga Infanto-Juvenil y Educativa Itxaso Cembrero

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Entrevista con Itxaso sobre sus actividades diarias en el Kings como psicóloga educativa

¿Cómo sería un día típico para ti?

Aunque todos los días en el Kings College es diferente, mi día comienza a las 8:00, respondiendo a correos electrónicos, reuniéndome con padres y profesores del colegio. Después, empiezo a ver a los niños que requieren apoyo conductual, emocional o social y tienen una hora asignada. Cuando no estoy en sesión con niños, utilizo el tiempo para llevar a cabo evaluaciones psicoeducativas, observar y actualizar el programa del colegio, iSAMS.

¿Cuáles son las principales preocupaciones que abordas en el colegio?

Problemas emocionales: miedos / ansiedades, soledad, dificultades para adaptarse a un nuevo entorno, preocupaciones con respecto a la autoestima, manejo del estrés, manejo de la ira y ansiedad por separación y ansiedad en general.

Problemas de comportamiento: dificultades de organización, rabietas, conductas de llamada de atención, control de esfínteres, dificultades para sostener la atención, y comportamiento desafiante entre otros.

Problemas sociales: problemas de amistad, habilidades sociales e interacciones inadecuadas.

¿Qué tipos de diagnósticos haces?

Cuando realizo evaluaciones psicoeducativas conjuntamente con la logopeda del colegio, diagnosticamos una variedad de dificultades de aprendizaje, siendo las más comunes: dislexia y digrafía. Cuando hay una preocupación con respecto al funcionamiento ejecutivo de los niños, también se administro pruebas de atención específicas para descartar o confirmar un trastorno por déficit de atención con hiperactividad. También tomo en consideración y evalúo si una posible dificultad emocional o social pudiera ser la causa de las dificultades del niño. Si la preocupación está más relacionada con un problema del desarrollo, los niños son referidos a un equipo externo donde puedan pasarse pruebas específicas que determinarán la etapa de desarrollo del niño.

¿Tratas a los niños con ansiedad o problemas emocionales también?

Soy psicóloga clínica y en la escuela trabajo con niños que atraviesan dificultades emocionales y / o ansiedades. Sin embargo, es importante mencionar que cuando estos síntomas aparecen de manera intensa y frecuente, alentamos a la familia a ver a un terapeuta fuera del colegio. Cuando la familia da su consentimiento para que la escuela se ponga en contacto con el profesional externo, todos trabajamos para lograr los mismos objetivos y la mejora del niño es significativa. Incluso si el niño ve a un profesional externo, siempre estoy disponible si el niño necesita ayuda en el colegio.

¿Cómo es tu comunicación con los profesores?

Tengo una relación muy estrecha con todos los profesores y, como resultado, nos comunicamos a diario. Tenemos reuniones semanales para monitorear el progreso de los niños y juntos decidir cuáles son los pasos a seguir. Cuando el niño recibe apoyo externo, el maestro y yo tenemos reuniones frecuentes con ellos para que todos estemos trabajando sobre los mismos objetivos.

¿Cómo es tu comunicación con los padres?

Antes de comenzar a trabajar con un alumno, siempre me pongo en contacto con sus padres para que puedan darme su feedback e impresiones. Después de esto, pueden comunicarse conmigo por correo electrónico o en persona para cualquier duda o comentario que deseen consultarme. Dependiendo de cada niño, intento tener reuniones semanales, mensuales o trimestrales para que se pueda evaluar su progreso.

¿Cómo incorporas sus observaciones a tu trabajo con los alumnos?

Como padres tienen un vasto conocimiento sobre sus hijos, por lo que sus observaciones son vitales para mi trabajo con ellos. Para mí es importante conocer cualquier cambio en el comportamiento del menor, o el estado de ánimo para poder ofrecer estrategias adecuadas al niño y a los padres.

¿Deriva a los estudiantes a servicios externos?

Sí. Cuando observo que las dificultades que tiene el estudiante están más relacionadas con causas físicas, las remito a terapeutas ocupacionales, optometristas conductuales, neurólogos, etc. Por otro lado, como he mencionado anteriormente, cuando los comportamientos que muestra el niño son de alta intensidad y frecuencia, generalmente los remito a un psicólogo externo. Esto permite sesiones de una hora, una o dos veces por semana, con los niños y la familia si lo estiman necesario.

¿Eres una figura activa dentro de las aulas?

Una vez que las dificultades se hayan detectado o las preocupaciones se hayan hecho explícitas, observo a los niños en el aula para poder proporcionar estrategias específicas de las que el niño se pueda beneficiar. También participo en “Learning walks” que me permiten ver si las adaptaciones curriculares que se han implementado son útiles o si es necesario modificarlas. Además, en algunas ocasiones he trabajado con niños dentro del aula para ayudarlos a ser más funcionales (social, emocional y académicamente).

¿Cuál es tu función dentro del personal de la escuela?

Mi función es asegurarme de que los niños estén lo más felices posible dentro del entorno escolar. Como son los maestros los que, de manera regular pasan la mayor parte del tiempo con los niños, trato de guiarlos y ayudarlos con todas las dificultades que puedan surgir dentro y fuera del aula. Con la colaboración del logopeda, nos aseguramos de que los maestros sean conscientes y comprendan las dificultades que tienen los estudiantes para que, con su experiencia, puedan apoyar mejor al alumno

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¿Es mi hijo adicto al móvil?

¿Es mi hijo adicto al móvil?

Es muy probable que el móvil sea la nueva tecnología que haya cambiado más la vida de las familias, de ahí la importancia de pararnos a pensar en el impacto que están teniendo las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en nuestros hijos.

Cuando hablamos de las tecnologías de la información y la comunicación, solemos hacer referencia a aquellas tecnologías que permiten transmitir, procesar y difundir información de manera instantánea.

Todos hemos incorporado a la vida cotidiana el uso de las TIC, como una herramienta de interacción, de socialización, de trabajo, de diversión y de aprendizaje. Sin embargo, en la adolescencia es donde se aprecia un mayor incremento. El contenido de las TIC se convierte en un elemento de interacción y socialización, principalmente con sus pares, debido a que comparten aficiones por determinadas actividades como pueden ser la música, moda y cine entre otros. Además, les permite intercambiar información como por ejemplo: páginas Web de interés, bloggers, trucos para pasar etapas en los videojuegos etcétera.

Las TIC y el móvil en particular conceden múltiples oportunidades y beneficios; por ejemplo favorecen las relaciones sociales, el aprendizaje cooperativo, desarrollo de nuevas habilidades, nuevas formas de construcción del conocimiento, y el desarrollo de las capacidades de creatividad, comunicación y razonamiento. En el ámbito familiar, se abre un nuevo espacio de participación en la familia. Así las TIC, bien utilizadas podrían ser un canal de comunicación entre los miembros del hogar, por ejemplo cuando los padres viajan mucho, es una manera de poder comunicarse con ellos mediante Facetime, Skype etcétera.

Entonces, con tantos beneficios ¿por qué nos volvemos adictos a los móviles? Y ¿Quiénes son más vulnerables?

¿Quién tiene mayor riesgo de sufrir adicción al móvil?

Determinadas variables psicológicas pueden influir en que una persona tenga mayor predisposición o vulnerabilidad a ser adicta a las nuevas tecnologías. Algunas de estas variables son: la impulsividad, la baja autoestima, un bajo estado de ánimo, estrategias de afrontamiento inadecuadas, necesidad de afecto o pobre red de apoyo social.

Los jóvenes y adolescentes son los más vulnerables, y lo son por varios motivos. Han crecido con las nuevas tecnologías y ven su uso como normal y necesario, tienen gran acceso a dichos aparatos, la etapa vital que experimentan se caracteriza por la búsqueda de sensaciones y búsqueda de identidad, así como por la gran influencia que tiene el grupo de iguales sobre ellos.

¿Adicción al móvil?

Los adolescentes otorgan un valor fundamental a las nuevas tecnologías y a internet, como un signo de identidad y de estatus, y su uso se ha convertido en prioritario en su vida. Es aquí cuando empezamos a ver los siguientes signos:

  • Pérdida de control

  • Pérdida de la privacidad

  • Dependencia: necesidad o un intenso impulso de realizar la conducta

  • Una tensión creciente hasta que se consigue llevar a cabo la conducta, caracterizada por diferentes alteraciones del estado de ánimo (ansiedad, depresión, irritabilidad,…), cognitivas (afectación de la concentración) y del sueño.

  • Interferencia grave en la vida cotidiana de la persona

Con lo que respecta a los factores que parecen favorecer sus cualidades adictivas, son la facilidad de acceso y disponibilidad, la experiencia de distorsión del tiempo mientras se está conectado, la percepción de anonimato y un sentimiento de desinhibición que permite la posibilidad de representar diferentes roles o de revelar aspectos incómodos u ocultos de uno mismo sin riesgos.

Cuando utilizar el móvil se vuelve un fin en sí mismo, aparecen los síntomas anteriormente comentados.

Llegado este punto, la vida diaria del adolescente se ve afectada a diferentes niveles, comenzando por una restricción de los intereses, que pasan a girar en torno al móvil.  El adolescente comenzará a reducir sus relaciones sociales, a encontrar problemas en sus estudios o trabajo, a incrementar sus facturas del móvil etcétera.

¿Cómo sé si mi hijo presenta conductas que podrían estar relacionadas con la adicción al móvil?

  • Pérdida de interés por actividades que antes hacía y le resultaban gratificantes.

  • Excesiva preocupación por utilizar el móvil, lo que interfiere en sus rutinas diarias.

  • Ánimo depresivo, irritable, inquietud y falta de concentración, alteraciones en el sueño.

  • Cambios en su rendimiento académico, pérdida de amistades.

  • Negar u ocultar su comportamiento, conectándose a escondidas, y perdiendo la noción del tiempo de uso.

¿Qué puedo hacer para ayudar a mi hijo?

Es de vital importancia trabajar los vínculos afectivos y comunicativos en la familia.

Cuanto más se conozcan a sí mismos, y sean capaces de expresar sus sentimientos e inquietudes con total confianza de ser escuchados y aceptados tal y como son, tendrán más habilidades para tolerar frustraciones y resolver conflictos, y sabrán pedir ayuda en casa si lo necesitan, porque sentirán un clima de confianza y apoyo que les animará a hablar.

Actividades alternativas

Programar actividades alternativas e incompatibles con el uso del móvil es una buena estrategia para reducir la cantidad de horas que se le dedica. Serían buenas opciones aquellas actividades que impliquen la relación con otros, que sean de tipo lúdico, cultural o deportivo, al aire libre, etc.

  • Inculcar desde pequeños la importancia de compartir el tiempo con los amigos llevando a cabo actividades que no impliquen el uso de las nuevas tecnologías.

  • Observar el uso que los hijos hacen del móvil y hacer el proceso de aprendizaje de uso conjunto y simultáneamente.

  • Acordar unas normas de uso en cuanto a tiempos, lugares, contenidos y maneras.

  • Poner un límite de gasto mensual y de tiempo de uso del móvil y hacer responsable a nuestro hijo del gasto que genera su móvil.

  • Razonar con el menor unas normas respetuosas hacia terceros sobre contenidos, fotos y vídeos, compartir con otras personas sus imágenes y, por supuesto, la no distribución de aquellas que sean de otros sin su autorización o que puedan perjudicar irreversiblemente la imagen de cualquiera.

  • Pedirle que apague el teléfono cuando no lo necesite o no deba utilizarlo, por ejemplo mientras estudia, está en el colegio, mientras come o duerme.

  • Educar con el ejemplo es muy importante, los hijos replican las conductas de sus padres. Que nuestros hijos vean que nosotros, como adultos, hacemos un uso racional del móvil y cumplimos las mismas reglas.

La tecnología sin duda va a desempeñar un papel insustituible en nuestras vidas de aquí en adelante. Sin embargo, si nosotros mismos y nuestros hijos conocemos el uso e implementamos prácticas responsables y razonables, podremos asegurar el mantenimiento de una relación saludable/beneficiosa con estas tecnologías tan útiles. Si piensa que usted o su hijo pudiera estar teniendo problemas con la adicción a la tecnología, Sinews estaría encantado de ofrecer consejos y orientación para cambiar esta relación.

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Papá y Mamá se divorcian

Papá y Mamá se divorcian

El número de separaciones en nuestro país ha aumentado exponencialmente a lo largo de los últimos años y las principales víctimas de todo proceso de ruptura son los hijos, en especial, los más pequeños.

Todo divorcio tiene repercusiones sobre los niños implicados. Las reacciones y sentimientos de cada niño al divorcio de sus padres depende de su nivel de desarrollo, su personalidad y temperamento, sus estilos de aprendizaje, sus fortalezas y debilidades particulares, sus necesidades únicas, explicaciones recibidas, continuidad de la relación con ambos progenitores, acuerdos o desacuerdos entre los padres, grado de hostilidad entre los mismos y la intervención de otros adultos o sistemas.

¿Cómo afecta el divorcio a mi hijo?

El divorcio, siempre produce un alto impacto emocional en los hijos. Atenuar este impacto para que sus consecuencias no acarreen un daño irreversible en su desarrollo psico- evolutivo, así como, alcanzar una reorganización familiar viable, es crucial para los niños. Por tanto, es importante conocer los cambios que se pueden producir.

Niños de 2 a 6 años

En los más pequeños son habituales conductas regresivas como volverse a hacer pipí en la cama, chuparse el dedo, querer dormir con los padres, miedos, ansiedad, etc. También rabietas, necesidad de llamar la atención constantemente, y ansiedad de separación (al dejarlo en el colegio). Podemos observar también una vinculación excesiva normalmente con la madre que se ve desbordada y no entiende lo que pasa. En ocasiones, el niño puede pasar de la agresividad al menosprecio, o a la búsqueda de un afecto incondicional (abrazos, besos, promesas de que se portará bien, etc.). También nos podemos encontrar con alteraciones en el patrón de la comida y el sueño, quejas somáticas (dolor de cabeza, estómago etc. no justificadas), apatía, introversión, mutismo ante nuevas personas, y dificultad para relacionarse o jugar.

Niños de 7 a 12

En esta franja de edad, los niños ya disponen de mayores recursos verbales lo que en cierto modo les ayuda a exteriorizar sus sentimientos. Pueden seguir presentes los diferentes síntomas antes expuestos, y además pueden presentar comportamientos y conductas de recriminación a los padres con la esperanza de intentar unirlos de nuevo si siguen sin aceptar la situación. Asimismo, pueden aparecer conductas manipulativas, de menosprecio o rencor a alguna de las figuras paternas, y esto se agravará según las actitudes que tomen los adultos que rodean al niño. Sentimientos de culpa, conductas de riesgo, baja autoestima, dificultades en las relaciones con sus iguales, baja tolerancia a la frustración, y agresividad son otros síntomas que pueden estar presentes en esta etapa. Pueden aumentar la hiperactividad e impulsividad, y puede también aparecer un deterioro en el rendimiento escolar. Niños que habitualmente eran buenos estudiantes pueden empezar a tener dificultades.

Adolescencia

Durante esta etapa, los jóvenes que afrontan la separación de los padres pueden incrementar sus conductas de riesgo (alcohol, drogas y otras sustancias).  En las niñas parece que hay un mayor riesgo de que se produzcan, en algunos casos, precocidad o promiscuidad en las relaciones sexuales. Asimismo puede aparece la necesidad de vincularse afectivamente a una pareja pero con poca capacidad para mantener una relación estable y equilibrada, así como dificultades en las relaciones con los iguales y poca capacidad para la resolución de conflictos de forma dialogante. También son comunes una baja autoestima, baja tolerancia a la frustración y agresividad.

Cosas a evitar

El divorcio disuelve el vinculo conyugal que une legalmente a los esposos, pero conserva el vinculo parental que los une cómo padres. Los hijos no quieren perder a ninguno de sus progenitores, por lo tanto, tienen que sentirse seguros que no perderán sus presencias ni sus cuidados. Para esto, debemos tratar de evitar pedirle a los niños que escojan entre sus padres; pedirle a los niños que asuman una posición en cuanto al conflicto entre los padres; hablar mal del otro padre; ventilar las frustraciones en los niños; volvernos a los niños en busca de apoyo o guía; exponer a los niños a las discusiones; usar a los niños de mensajeros; usar a los niños de espías; decirle a los niños cómo deben sentirse; negar o descontar los sentimientos de los niños; pedirle a los niños que guarden nuestros secretos; descuidar las necesidades de los niños; exigirle demasiado a los niños; expresar la ira inapropiadamente; y expresar amargura, falta de respeto, u hostilidad hacia el otro padre.

Pautas de actuación para padres que se separan

  • Los padres deben ayudar a los hijos a que entiendan que sus hábitos de vida van a cambiar y que tendrán que construir sus nuevas rutinas. Los niños deben acostumbrarse a disponer de uno u otro, en casas y ocasiones distintas. La normalidad en la vida de los padres provoca normalidad en la vida de los hijos.
  • Los padres deben ayudar a sus hijos a que comprendan que sentimientos como la inseguridad, el miedo o el desánimo pueden aparecer y cómo pueden controlarlos. Los padres deben encauzar sus propios sentimientos para así poder ayudar luego a sus hijos a hacer lo mismo.
  • Los padres deben dejar claro a sus hijos que siempre van a estar para ellos. Los padres se divorcian, los hijos no.
  • Los progenitores que tras la separación se ven obligados a asumir tareas y responsabilidades que antes nunca habían tenido, e incluso limitaciones económicas, deben ser conscientes de que lo que sus hijos más necesitan es su atención, apoyo, presencia, afecto y amor. También debemos tener en cuenta que ahora no se trata de volcarse en exceso en los hijos ni tampoco dejarles hacer lo que quieran.
  • Los padres deben hablar con sus hijos sobre su separación sin dar demasiadas explicaciones y sin atribuir culpables. Lo importante es que los niños sepan que sus padres seguirán a su lado y que podrán disponer de ellos cuando lo necesiten.
  • Los padres deben evitar enfrentamientos entre ellos mismos. Vivir enfrentado obliga a odiar y el odio no aporta nada a los niños. Deben evitar ejercer demasiada presión a los hijos, impidiéndoles, por ejemplo, que tengan algún tipo de relación con la nueva pareja de su ex pareja o hablarle mal del otro conyugue.

Preguntas frecuentes y guías para su contestación

¿Por qué se va papá de casa?
Es importante contestar a sus preguntas de la forma más objetiva posible. Los reproches y las acusaciones al otro progenitor afectan a los niños porque les suponen un conflicto de lealtad. Para ellos, es mucho más importante saber las consecuencias concretas de la separación: ¿Dónde va a vivir papá? ¿Cuándo y cada cuánto tiempo le puedo ver?
Tiene ahora papá otra familia?
A veces los niños se sienten desplazados por motivos justificados. Cuando el padre o la madre inicia una nueva relación o incluso tiene otro hijo, la familia “anterior” ya no ocupa el primer plano. En esta situación, la sinceridad también es crucial. Aunque esta experiencia puede resultar dolorosa para todos, abstengámonos de acusaciones y juicios

Mamá, ¿tú también te vas a ir?
Para fomentar la confianza, los pequeños gestos cotidianos son importantes: ser puntual al recogerle de la guardería, cumplir las promesas (“este fin de semana iremos al parque de atracciones”), respetar los acuerdos de visitas. Cuanto más se pueda fiar el niño de la palabra de sus padres, más seguro se sentirá.
¿Cuándo vuelve papá a casa?
La sinceridad es muy importante. Las afirmaciones como “quizá papá vuelva un día” refuerzan el caos interior de los niños, porque así nunca abandonan la esperanza de que un día todo pueda volver a ser como antes, y no asumen la nueva situación.
¿Por qué estás tan triste?
Lo mejor es ser honestos y admitir que no estamos pasando el mejor momento de nuestra vida. También hay que esforzarse por no ahogarnos en la autocompasión. La sensación de que papá o mamá están desamparados y necesitan consuelo supera a cualquier niño. Los padres pueden y deben vivir y expresar sus emociones con toda franqueza en un entorno adulto, pero no es conveniente transmitirlas de forma tan explícita en las conversaciones con los hijos.

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Padres sobreprotectores, hijos inseguros

Padres sobreprotectores, hijos inseguros

La mayoría de los padres de hoy en día, cuando aprendieron a montar en bicicleta, se montaron en ella y empezaron a pedalear. Sin más. En la actualidad, a los niños se les enseña de forma distinta: se les compra la bicicleta, pero también un casco, unas coderas, rodilleras, guantes… Esta es una mentalidad muy noble y positiva, pero entonces, ¿dónde está el problema?

Todos los niños necesitan la protección de sus padres ante ciertos peligros que encontrarán en su vida, pero cuando esta protección se convierte en una burbuja de aislamiento hacia una gran parte de las cosas que ocurren en el exterior hablamos de sobreprotección.

Los padres sobreprotectores son aquellos que están de forma continua, pendientes de evitar que sus hijos se expongan a situaciones conflictivas, angustiantes o dolorosas. Estos padres suelen inculcarles esa excesiva prudencia y suelen sentirse híperresponsables sobre lo que les pueda ocurrir. Quieren evitar que su hijo sufra, que lo pase mal, que tenga que pasar por muchas de las cosas que ellos pasaron en la infancia o adolescencia.  Estas buenas intenciones llevan a que priven a sus hijos de un correcto aprendizaje ya que no les dejan enfrentarse a las dificultades propias de su edad de donde podrían extraer recursos y estrategias que les servirían para su futuro.

Veamos algunas posibles consecuencias de la sobreprotección:

Dificultades en el aprendizaje y puesta en práctica de las habilidades sociales

Teniendo en cuenta que a lo largo de su vida, su madre/padre o ambos, no le han permitido solucionar sus propios problemas, porque ya los han solucionado ellos, la consecuencia es el no aprendizaje de habilidades de solución de problemas, algo necesario para las relaciones personales. Esto les lleva a tener habitualmente malas experiencias en relación con el mantenimiento de amistades. Suelen sentir la sensación de no tener apenas buenos amigos, se pueden llevar muchas decepciones con los amigos, y no saben exactamente por qué. Esto lleva finalmente a disminuir la autoestima.

Dificultad para tomar decisiones por sí mismo

Estos niños suelen convertirse en personas muy dubitativas a la hora de tomar decisiones. Se sienten inseguros sobre si van a tomar o no la decisión correcta. Se sienten inseguros sobre las consecuencias que podrá tener una determinada decisión. Por tanto, el miedo a la repercusión hace que se demore la toma de decisión, con toda la angustia y el malestar que la indecisión implica. Esto contribuye de nuevo a que su autoestima siga disminuyendo, al no verse capaces de tomar decisiones que, según observan, para otros pueden resultar fáciles. Además la autoestima sigue disminuyendo porque al retrasar dichas decisiones, siguen sin ver los resultados de sus acciones, y continúan percibiéndose como personas no válidas y que no son capaces de pasar a la acción.

Búsqueda de seguridad en el otro

Como estos niños han aprendido a que los demás les resuelvan los problemas, y muestran muchas dificultades para tomar decisiones y pasar a la acción, tienden a depender de los demás, para que tomen decisiones por ellos. Se sienten inseguros e incapaces ellos solos, y necesitan que alguien les proteja, les de seguridad. Pueden por tanto, mantener relaciones con personas que no les aporten nada, porque tienen la sensación de que les solucionan muchas cosas, se sienten protegidos.

Rendirse con facilidad

Son personas que suelen darse pronto por vencidos. Ante una dificultad que no saben como enfrentar, prefieren no enfrentarse, evitarla, que ponerse manos a la obra y ver posibles soluciones. Se sienten incapaces de hacer algo y, a la vez, tienen miedo de equivocarse, por lo que muchas veces ni siquiera lo intentan, y así evitan fracasar.

Bajo autoconcepto

Como hemos ido señalando, una de las consecuencias más importantes es la baja autoestima, el sentirse incapaz de hacer nada bien por ellos mismos. Durante mucho tiempo, incluso años el niño no ha podido poner a prueba su competencia personal ni sus habilidades. Quizá haya intentado tomar sus propias decisiones y llevarlas a cabo, pero la excesiva sobreprotección paterna/materna le ha llevado a no poder ver los resultados de esa toma de decisión. Muchas veces además, las excesivas recomendaciones de los padres para que tengan precaución llevan a hacer muchas críticas al hijo, lo que puede colaborar más aún a este autoconcepto negativo. Al niño le falta la valoración positiva externa de sus comportamientos y decisiones, pero también le falta la autovaloración sobre estos comportamientos y decisiones. Este es un aspecto fundamental para poder desarrollar un autoconcepto y una autoestima sana. Asimismo, cuando sobreprotegemos a nuestros hijos estamos dándoles varios mensajes de un modo subliminal: “No eres capaz”, “No puedes hacerlo”, “No puedes confiar del todo en ti mismo”. Asimismo, hay padres que prefieren ocultar información a sus hijos por miedo a que sufran o se frustren. Los niños necesitan poder hacerse cargo de las situaciones, siempre ajustadas a sus capacidades según sus edades. Debemos enseñarles poco a poco a relacionarse con las limitaciones, las dudas, las pequeñas frustraciones del día a día para que puedan desarrollar recursos de afrontamiento. Por el contrario les estamos exponiendo sin herramientas propias a situaciones difíciles que en momentos críticos puede llevar a desestructurarles. En muchas ocasiones, los padres también se adelantan a sus hijos porque lo hacen más rápido y mejor, pero debemos recordar que el aprendizaje requiere paciencia y tiempo pero el esfuerzo es una piedra básica para que puedan aprender de ellos mismos, de cómo funciona su entorno, y por ende sentirse capaces.

La sobreprotección de los padres durante la niñez tiene sus consecuencias más severas en la juventud y especialmente en la adolescencia. En esta edad el niño se tiene que enfrentar por primera vez a lo que es. Se enfrenta a situaciones que debe resolver por el mismo. Comienza a formar parte de la sociedad que le va a exigir todo lo que es capaz de dar. Pero si el niño ha estado sobreprotegido desde su niñez a la llegada de la juventud difícilmente será capaz de asumir sus responsabilidades y adoptar el rol que le corresponde. Es entonces cuando pueden aparecer los episodios de estrés, ansiedad etc.

Por tanto, con el fin de no transmitir los miedos a nuestros hijos y evitar la sobreprotección, os dejo algunos consejos que os podrían ser útiles:

  • Cuando el niño nos pida ayuda, lo esencial es darle las sugerencias con las que poder solucionar el problema él mismo, con sus propios recursos y por supuesto no juzgar la solución.
  • Es normal que el niño cometa errores, pero no nos anticipemos para evitar el tropiezo. Lo positivo es hacerle ver que cada vez le van saliendo mejor las cosas.
  • Tener paciencia. Hay que tomarse el tiempo necesario para permitir que el niño se desenvuelva solo.
  • Conviene explicarle al niño las razones de nuestras acciones, de modo que pueda actuar por sí solo, aun cuando no haya un adulto a su lado que le indique cómo hacerlo.
  • No le ahorremos sacrificios razonables. El niño puede perfectamente colaborar en tareas domésticas como poner la mesa, hacerse la cama, recoger su cuarto, sacar la basura o aprender a no dar excesiva importancia a una situación de incomodidad.
  • Si su hijo es tímido, procuren que salga más de casa, que abra más su círculo de amistades, que comparta cosas etc., pero no forzándole, sino dándole ideas.
  • Frente a situaciones que les puedan resultar complicadas, en lugar de evitarlas debemos prepararlos a través del diálogo.
  • Debemos protegerles de los peligros verdaderos, pero sin llegar al extremo de convertirlos en personas temerosas.

El niño necesita probar, saborear sus éxitos, tratar de mejorar y alcanzar metas difíciles, competir, superar sus fracasos, y poder entender los sentimientos de los demás. Hay que prepararle para que pueda participar en la sociedad y para ello no hay que disminuirle la realidad cotidiana, hay que permitirle que descubra el significado de los triunfos, de las decepciones, de los gozos y de los desconsuelos, propios y ajenos.

Evitar que los niños sufran solucionando sus propios problemas, cuando ellos mismos los podrían solucionar, hace que los niños a corto plazo se sientan bien y protegidos, pero es un alivio temporal. Como hemos visto, esta situación hace que a largo plazo todos los miedos de los padres sobre el sufrimiento de sus hijos, se cumpla.

Proteger significa dejar que estos se equivoquen o sufran pero que sientan que sus padres están para ayudarles y apoyarles.

Por tanto no sobreprotejamos a nuestros hijos, protejámoslos.

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¿Qué es el Bullying? ¿Por qué sucede? y ¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestros hijos?

¿Qué es el Bullying? ¿Por qué sucede? y ¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestros hijos?

Cuando escuchamos la palabra “matón”, nos viene a la cabeza la típica imagen de un chico más mayor, molestando a un niño más pequeño o más joven. Esto sin duda es verdad, pero el bullying, engloba mucho más que eso.
Por tanto, ¿cuando empieza el bullying y qué es exactamente? El acoso en realidad comienza en cuanto los niños comienzan a socializarse. Así, la investigación indica que el bullying puede comenzar tan temprano como a los 3 años de edad. Si bien es difícil saber exactamente por qué algunos niños se convierten en agresores y otros no, hay pruebas que sugieren que algunos niños están genéticamente predispuestos a ser agresivos. La investigación también muestra que los niños que están expuestos a la agresión de manera consistente pueden imitar el comportamiento que observan en los demás. La mayoría de los niños aprenden a controlar sus instintos de ira y lucha, a medida que crecen, pero el “matón” no.

¿Te sientes identificado? Si es así, esto es lo que puedes hacer.

El bullying o acoso puede consistir en cualquier acción que se utiliza para herir a otro niño en repetidas ocasiones y sin causa (Olweus, 1993). Para que una situación de acoso se produzca debe haber tres condiciones presentes:

En primer lugar, tiene que haber un deseo, por parte del agresor, de causar algún tipo de dolor físico o emocional.

En segundo lugar, debe haber una diferencia de poder entre los individuos involucrados, ya sea el poder físico, o la facultad de excluir al otro del grupo social.

En tercer lugar, el comportamiento se debe repetir.

Como padres, si queremos saber si nuestros hijos están siendo intimidados, debemos primero conocer las diferentes formas en las que la intimidación se puede presentar. Existen diferentes tipos de bullying:

  • Físico: las formas más comúnmente conocidos incluyen golpes, patadas, zancadillas/ empujones, hacer gestos groseros, escupir, empujar, y tomar las pertenencias personales de otros.
  • Verbal: incluye burlas, bromas maliciosas, insultos, comentarios sexuales inapropiados, amenazando con causar daño y amenazas.
  • Psicológico: implica la difusión de rumores, manipular las relaciones sociales, la participación en la exclusión social, la extorsión, la intimidación y avergonzar a alguien en público.
  • Cyberbullying: Aunque este tipo de acoso es bastante reciente, debemos ser conscientes de él, ya que se ha vuelto muy popular entre los adolescentes. Este tipo de bullying sucede cuando se atormenta a un niño, preadolescente o adolescente, se le amenaza, acosa, humilla, avergüenza o de lo contrario es el blanco de otro niño, preadolescente o adolescente a través de Internet, tecnologías interactivas y digitales o teléfonos móviles. Es muy importante mencionar que tiene que tener un menor de edad en ambos lados, o por lo menos haber sido instigado por un menor contra otro menor. Si los adultos se involucran, ya no se trataría de acoso cibernético.

¿Por qué hacen bullying los niños?

Como se ha menciona anteriormente, los niños son intimidados porque el acosador quiere ganar poder sobre otra persona. Puede haber muchas razones por las que se elige a un niño, pero por lo general los niños que son intimidados no han hecho nada para causar dicho acoso.

¿Por qué son acosados a algunos niños y a otros no?

La mayoría de los niños son abordados por un acosador al principio de su trayectoria escolar, y/o cuando se cambian de colegio. A menudo es la reacción del niño a ese primer encuentro con el agresor, lo que determinará si se acercará o no de nuevo a él/ella. Algunos niños, debido a su apariencia, su temperamento, su acento o su disposición, muestran lo que llamamos «comportamientos vulnerables». Los niños que son acosados tienden a mostrar estas conductas «vulnerables».
Sin embargo, no sólo hay que centrarse en la víctima, sino también en el propio acosador. La intimidación es un comportamiento aprendido, y la mayoría de los agresores son, o han sido víctimas también. En la mayoría de los casos, están buscando tener el control sobre algún aspecto de su vida, queriendo parecer duros, para ser populares, o por celos. Suelen además  tener más patrones de comportamiento agresivo que la media, baja autoestima, inseguridad, y la negativa a aceptar la responsabilidad de sus actos.

¿Cómo podría saber si mi hijo está siento acosado?

Si su hijo es lo suficientemente valiente como para decirle que está siendo intimidado, entonces Usted tiene que asumir que está diciendo la verdad y actuar en consecuencia. Sin embargo, esto no siempre sucede así. Un niño puede indicar por su conducta que él o ella está siendo intimidado. Por lo tanto, como padres siempre debemos prestar mucha atención a los patrones de comportamiento de nuestros hijos para que si se producen cambios, podamos detectarlos. Usted podría notar algunos cambios en su comportamiento, como por ejemplo:

  • Falta de voluntad para ir al colegio
  • Negarse a participar en las actividades escolares
  • Evitación de situaciones sociales
  • Comportarse con miedo, temeroso
  • Traer ropa o material escolar roto a casa
  • Sensación de malestar, experimentar a menudo dolores de cabeza
  • Comenzar a retraerse y tener menos amigos
  • Notas más bajas en el colegio
  • Ansiedad
  • Agresión hacia Usted u otras personas en su familia
  • Irritabilidad
  • Mojar la cama

Cuidado, también podría haber otras razones, así que trate de evitar llegar a conclusiones incorrectas. Hágase las siguientes preguntas:

  • ¿Hay algo más que pueda estar afectando a mi hijo?
  • ¿Ha habido cambios en el hogar como un nuevo bebé, o divorcio o separación?

Si no ha habido ningún otro cambio y sospecha que el bullying puede ser la causa de la angustia y la ansiedad, es importante tratar de actuar tan pronto como sea posible.

¿Qué podemos hacer?

Ser acosado puede dañar la confianza de cualquiera. Un solo insulto puede permanecer en la vida de una persona durante mucho tiempo, hasta el punto en el que empezamos a creer que lo que los “matones” dicen de nosotros es cierto, cuando no lo es.

Estas son algunos consejos sobre como poder ayudar a su hijo:

  • Hay algunas herramientas muy sencillas que nuestros hijos pueden utilizar para romper el ciclo del bullying. Podemos enseñarles a usar los argumentos de los “matones” en su contra. Por ejemplo, si un “matón” le dice a un niño, «Eh, te he visto tratando de jugar al fútbol hoy. ¡Eres lo peor! ¡Todo el mundo se estaba riendo de ti!” La víctima entonces podría no darle ningún poder al acosador y responder, «Sí, supongo que no soy muy bueno. ¿A ti se te da bien?” El “matón” podría responder: «¡Yo soy mejor que tú!», y la víctima puede decir: «¡Qué guay!, ¿Practicas mucho? ¿Juegas fuera del cole en algún equipo?». El acosador podría molestarle durante un poco más, pero en el fondo ha perdido su poder de controlar la situación y, por tanto irá a buscar una nueva víctima. Si bien este es un ejemplo muy simplificado, la idea básica es que la víctima del acoso escolar debe evitar darle su poder, ya que después de un tiempo, el “matón” terminará cansándose y dejará de intimidarle.
  • Otra de las herramientas, es tratar de hacer partícipes a los amigos, ya sea como espectadores o testigos. Tan sólo se necesita que un compañero respalde al acosado, para que el “matón” piense dos veces sobre su comportamiento.
  • También es muy importante que trate de animar a su hijo a contar lo que ha sucedido. No sólo para él, sino también para sus compañeros.
  • Crea lo que su hijo le diga; hágale saber que confía en él y que pueden contar con Usted. De esta manera Usted podrá enseñarles cómo resolver eficazmente un problema. Es muy importante dejar que su hijo tenga sus propias ideas. Por ejemplo, hágale preguntas como: «¿Qué crees que se puede decir la próxima vez? o, ¿Qué crees que podría funcionar?». Una vez que le de una respuesta, Usted podría preguntarle: «¿Qué crees que va a pasar si haces eso?». De esta manera usted puede guiarlos con el fin de ayudarles a comportarse de la mejor manera en tales situaciones.
  • Nunca olvide que la mejor estrategia para abordar el problema es la prevención. Confíe en su hijo, enséñele buenas estrategias de afrontamiento, cómo manejar sus emociones y hágale respetar a los demás y a sí mismo.

Por último, si Usted nota que el comportamiento de su hijo empeora, y el acoso no ha cesado, puede pedir ayuda al orientador del colegio, a los maestros y/o a un psicólogo especializado.

Itxaso Cembrero atiende a niños y adolescentes en español e inglés, tanto en la sede de SINEWS de Zurbano 34 como en La Moraleja. Se ha formado especialmente en bullying y se desplaza para dar charlas en Colegios y Asociaciones de Padres.

Para pedir una cita con ella, puede llamar al 91 700 19 79.

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¡Mamá, Papá, Tengo miedo!. Los miedos infantiles

¡Mamá, Papá, Tengo miedo!. Los miedos infantiles

Tener miedo es algo común en los niños. El miedo es una de las emociones más básicas del ser humano. Tanto los niños como los adultos los sufrimos en algún momento de nuestras vidas, sin el miedo no habríamos sobrevivido como especie y no existiríamos hoy en día. En realidad su función es adaptativa, ya que actúa como una alarma que nos indica que nos salvemos del peligro. Lo que pasa a veces es que el miedo no es real, o no responde a una amenaza física verdadera, sino que lo generamos en nuestro cerebro.

Los miedos de los niños son evolutivos, es decir, van cambiando según la edad del niño. La clave está en aprender a superarlos cada uno en su momento y a la edad a la que aparecen, evitando que se queden estancados y que el niño vaya acumulando miedos a lo largo de su crecimiento.

¿Cuándo se considera normal que aparezcan los miedos?

Normalmente hablamos de la aparición de los miedos infantiles a los dos años, porque a esta edad cobran protagonismo la fantasía y la imaginación de los pequeños; pero eso no quiere decir que los niños no tengan miedos antes.

Con un año, la mayoría de sus temores tienen que ver con el miedo a que les abandonen, miedo a los extraños o desconocidos, y sobresaltos bruscos. Entre los dos y los cuatro años predominan el temor a los animales, la oscuridad, máscaras y disfraces, y a perder de vista a los padres. Entre los cuatro y los seis años se mantiene el miedo a la oscuridad y a los animales, y aparecen los miedos a las catástrofes, al dolor, a la sangre y a los seres imaginarios. Entre los seis y los nueve años el niño suele tener miedo a los incendios, a los accidentes, a las enfermedades o a conflictos con sus mayores, y comienzan las incertidumbres con respecto al ciclo de la vida y la muerte. A partir de los 12 años vienen los temores relacionados con su propia autoestima personal, los exámenes escolares, las heridas y la muerte de seres queridos.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a superar el miedo?

La sociedad actual huye del miedo. No sabe cómo enfrentarse a él ni aplacarlo y lo ignora. Estamos habituados a escuchar que “los valientes no tienen miedo”, “los niños no lloran” u otro tipo de frases en las que le miedo es ridiculizado. Pero si no lo aceptamos, ¿cómo podemos combatirlo?
Muchos niños se asustan de lo que no conocen y solo se sienten seguros con papá y mamá. Por tanto, vuestro apoyo, proximidad y consuelo son las mejores herramientas para que superen sus miedos.

Consejos para ayudar a su hijo a superar el miedo:

La evitación es la peor de las respuestas, porque si se evita el miedo, se aparca el tema y nunca se crean estrategias para superarlo. Por eso, no podemos permitir que los niños eviten la situación del miedo, tenemos que enfrentarles poquito a poco, dándoles recursos, dándoles pequeñas técnicas, con un adulto al lado, que les sirva de referencia, que les ofrezca seguridad, pero nunca fomentar la evitación. Por ejemplo, si el pequeño teme a los perros, no los evites siempre cuando os crucéis uno por la calle.

Aquí tenéis algunas estrategias:

  • Es fundamental, antes que nada, no reñirles ni obligarles a cambiar de actitud. Si un pequeño tiene miedo es importante que no le hagas sentir mal por ello, y explicarle que el miedo es normal en ciertas situaciones. Por extraño que te parezca su miedo nunca lo ridiculices.
  • Escucha a tu hijo, permitiéndole que exprese todos sus miedos.
  • Réstales importancia pero sin ignorarlas.
  • Transmítele afecto, protección, tranquilidad y confianza. De esa forma, tu hijo te contará sus miedos y podrás ayudarlo a que los supere y crezca más seguro de sí mismo.
  • Enfréntate al problema con tu hijo. Cuando él no sea capaz de hacer algo solo, intenta hacerlo con él para que pueda comprobar que no pasa nada. Si por ejemplo, él no quiere entrar a oscuras en su habitación, dale la mano y entra con él.
  • No pierdas la oportunidad de enseñar a tu hijo cómo otras personas actúan con confianza en aquellas situaciones que él teme. Si tu hijo ve a otro niño tocar un perro puede que le ayude a perder el miedo a los animales.
  • Cuando tu hijo esté pasando por una situación de miedo, trata de distraerle con juegos, pero cuéntale siempre la verdad. A veces es lo desconocido y la falta de información lo que provoca los temores a tu hijo. Si él se asusta con los cuentos de ogros, brujas, etc., dile que todos los personajes no existen en la realidad y que viven solamente en los cuentos, y en las películas.
  • Comunícate con él y analizad juntos la situación con naturalidad.
  • Ayúdale a que él mismo evalúe su nivel de miedo y proporciónale estrategias para que, poco a poco, vaya venciéndolo (respirar profundamente, pensar en cosas agradables, recordar por qué está fuera de peligro, etc.).
  • Si estas estrategias no funcionan, y el miedo aparenta estar fuera de todo control o las reacciones son desmesuradas, es el momento de pedir ayuda profesional a un psicólogo.

«El miedo parece existir tan sólo para ser superado, y es precisamente esta superación la que le permite al niño crecer y adquirir la autonomía que le servirá para la vida adulta» JAN-UWE RODGE

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Itxaso Cembrero Tercero
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How Can We Better Teach Our Children Values

How Can We Better Teach Our Children Values

“Don’t do as I do, do as I say»

During children’s first approximately six to eight years, they are open to parental input, however, as children grow older, peers, television, computers, video games, and other media will become more influential. As a parent, you will still be a significant influence, but it is much more challenging to effectively communicate good values among the cyclone of contemporary media messages. Children learn what they live, so if you live your values, your kids are likely to as well.

Most parents recognize the need for their children to have right values. But how do you teach them?

Raising children with values is very important. They are the foundation of all that children come to believe and who they become. Values act as the signposts in the direction that your children’s live ahead.

One of the most important things you can do is set a good example for your children. They learn from seeing how you treat them, by overhearing your interactions with others and observing what you do in different situations throughout the day. If you want your children to exhibit values like honesty, self-respect and compassion, then you need to show these qualities yourself.

Children are like sponges. They observe and soak up everything there is in their environment, mainly though sight and hearing. The majority of their words and behaviours stem from mimicking their parents or other adults around them. All the teaching can be undone if your children watch you behave in ways that contradict what you´ve said.

Six practical guidelines to teach values to your children

  • As parents, we should first think of what we really want our children to learn. Therefore, we should try to determine what values we really want to teach them. In order to help yourself, try making a list of your top ten priorities for your family.
  • Set rules around your values. For example, if having family time is important to you at diner, don´t allow interruptions such as phone calls for either you or your children.
  • Emphasize your actions with your words. Talk to your child how you feel after, for example helping an old lady cross the road. This will very likely encourage your children to help others whenever they can.
  • Look for teaching opportunities. Be on the lookout for those teaching moments, and be aware that you are your child´s best example. Almost every day something happens that can provide you with an opportunity to teach your kids about values. Use these incidents as conversation starters. For example, keep alert for stories from real life, books, and TV shows that illustrate a value that you think is important, and discuss it with your child. Communication is the key!
  • Teach your child to prioritize. For example, if your family is in a stressful situation and your seven year old is being inappropriately demanding, you may want to ask him what he thinks is more important right now. It is vital that you ask this question without instilling guilt or being demanding. The key is to make your child think about what is really more important at that instant.
  • It is also very important as parents, to ask ourselves: are my actions congruent with my talk? Am I sending a clear message? Are my actions congruent with my talk?

As a result, regardless of what you consciously teach them, your children will emerge from childhood with clear views on what their parents really value, and with a well-developed value system of their own.
Raising kids is one of the toughest and most fulfilling jobs in the world. As parents, it requires a lot of patience to teach children right from wrong, how to respect others, how to share and be fair, how to take responsibility. Nevertheless, parents, please be proactive, You can make a difference in the life of Your kids!

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Benefits of having pets in children’s social-emotional development

Benefits of having pets in children’s social-emotional development

Did you know that pets help your children develop better? Pets are not only a source of entertainment; they also encourage and facilitate your child’s social and emotional growth.

Whether it is a turtle or gold fish, a dog, cat, a bird or a horse, children enjoy the companionship offered by animals. A child’s social and emotional development can all be encouraged by interaction with the family pet. In new research into the bonds between humans and animals, therapists are discovering that pets provide psychological benefits that will be very important for the individual in later life.

A good relationship with a pet can help in developing non-verbal communication and compassion. Being able to read nonverbal behaviour enhances communication in humans. Teaching children to stay alert, and respond appropriately to a pet’s nonverbal behaviour develops observation skills and teaches them to take into account others preferences.

Children also learn that pets deserve respectful treatment, just as they do. Parents and children frequently share in taking care of the pet, which suggests that youngsters learn at an early age how to care for and nurture a dependent animal. They’ll realise that all living things have needs and feelings and that animals, like humans, get hungry, thirsty and tired. Sometimes they feel like playing, sometimes they don’t and just like children they get scared by loud noises. When a child knows a pet depends on them for the vitals of life (food, water, shelter) it encourages the child to feel accountability and helps develop a conscience and sense of responsibility.

Furthermore, children are usually receivers of care, so having pets puts them in the position of the caregiver. They learn to anticipate, recognise, and respond to their pet’s needs. For example, at the vet’s office children become sensitive to their pet’s fear and anxiety and being able to soothe these feelings prompts children to develop loving and kind behaviours. These acquired abilities, will then promote healthy and caring social interactions.

Pets can also facilitate other aspects of emotional development such as self-esteem, self- confidence and empathy as animals accept us for who we are. When a child is attached to a dog or cat, they learn to express themselves in more ways and they learn to relate better. When we communicate or interact with animals, we often make assumptions based on animal’s behaviours in order to interpret their responses. These experiences significantly contribute to the development of children’s empathy. They develop the ability to understand the thoughts, actions, and intentions of the animals, especially when these differ from one’s own. Children develop the ability to predict or explain others actions and to make attributions to another’s intentions. An animal’s inability to speak forces children to evaluate what animals are experiencing (e.g., thinking, feeling) and what their needs are through interpreting their behaviours and projecting how they themselves might feel. By interacting with and caring for animals, children learn to interpret non-verbal signals based on observed behaviours and the context.

Lastly, pets also help children learn and accept the cycles of life. The declining health or accidental death of a pet is often the first time children face the reality of mortality. Due to children’s limited experience, and intellectual development, many children believe death is temporary or reversible. The loss of a pet presents the irrefutable fact that life does end, no matter how much we wish it weren’t true. Learning that they will survive the grieving process, and that love is not lost if memories remain can help to positively set children up for any future experience of loss.

Pets can greatly influence how we feel about ourselves and life in general. They are teachers and healers of extraordinary talent. However, despite the many wonderful benefits pets bring, it would be important for the families not to jump in without careful thought and sit down and decide together if they truly have the time, space, finance, and lifestyle to properly care for a pet. Once this is decided, off to the pet shop!

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