Tradicionalmente, las personas lesbianas, gays, transexuales o con otras orientaciones sexuales o identidades de género no normativas, han sido discriminadas y objeto de múltiples actitudes y conductas de odio.

Hasta el año 1973, la homosexualidad era considerada un trastorno mental de acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM). Por otro lado, hasta el año 2007, no se reconoció en España el derecho de cualquier persona a sentirse hombre o mujer, y no fue hasta el año 2013 que el “Trastorno de la Identidad de Género” fue eliminado del DSM (Los transexuales ya no son enfermos mentales, 2012).

Afortunadamente, en las últimas décadas, las sociedades occidentales han experimentado una importante y necesaria transformación en cuanto a los derechos y libertades sexuales de las personas. Actualmente, la diversidad sexual está más presente en los medios de comunicación, en las leyes y se ha convertido en una realidad más visible y común, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Sin embargo, esta transformación no ha sido fácil, ni rápida, ni puede darse por culminada, puesto que en la actualidad las personas heterosexuales y cisgénero siguen manteniendo un privilegio frente a otros colectivos menos aceptados socialmente (Luján y Tamarit, 2012).

Salud mental en personas LGTBIQ+

Numerosas investigaciones han tratado de explicar las consecuencias del estigma hacia personas pertenecientes al colectivo LGTBIQ+, encontrándose niveles de bienestar más bajos y una mayor frecuencia de problemas de salud mental en las minorías sexuales, como ansiedad, depresión, trastornos por abuso de sustancias y tendencias suicida. Los estudios más recientes confirman que a pesar del avance social en términos de aceptación de la pluralidad sexual, estas minorías siguen sufriendo más trastornos psicológicos, evidentemente no como resultado de su orientación sexual o identidad de género per se (Trevor, 2020).

Para comprender esta disparidad de salud mental en comparación con la población heterosexual y cisgénero, se ha argumentado que los jóvenes que pertenecen a minorías sexuales, o que son percibidos como tal, experimentan elevados niveles de estrés a lo largo de su desarrollo psicosocial. Este estrés generalmente va de la mano de una interiorización de las extendidas actitudes homófobas y tránsfobas de la sociedad, así como del ocultamiento de la condición de minoría sexual (Katz-Wise, et al, 2016).

La principal fuente del estrés experimentado por estas personas proviene de su contexto social inmediato, de manera que la peor salud mental en las minorías sexuales suele ser consecuencia de un entorno social hostil o estresante. Algunas experiencias vitales, como la victimización por parte de compañeros en las instituciones educativas, fenómeno más conocido como bullying, ha sido asociado en gran medida con el malestar psicológico de estos jóvenes. No obstante, existe un factor social que ha recibido una menor atención desde los estudios psicológicos que puede tener un enorme impacto sobre la salud mental de estas personas: la aceptación y el apoyo familiar.

Importancia del apoyo familiar

La familia es una fuente central de apoyo en la adolescencia, y una adecuada dinámica familiar es esencial para el bienestar y el desarrollo de los jóvenes. Por otra parte, la adolescencia y la adultez emergente suelen marcar el momento en el que las personas se hacen conscientes y manifiestan su orientación sexual e identidad de género, por lo que la familia ocupa un lugar muy importante durante este proceso (Rosario y Schrimshaw, 2014). Además, la experiencia de la revelación de la orientación sexual o de la identidad de género es un evento potencialmente estresante para los jóvenes LGTBIQ+, ya que el rechazo familiar puede convertirse en una amenaza importante para su bienestar psicológico (Newcomb et al., 2019).

Desafortunadamente, estos jóvenes tienen una mayor posibilidad de experimentar rechazo parental por su condición de minoría sexual. Debido al estigma que recae sobre esta población, algunos padres encuentran dificultades a la hora de comprender y aceptar la orientación sexual o la identidad de género de sus hijos/as, y pueden adoptar actitudes de rechazo o sobreprotección excesiva.

En algunas ocasiones, los padres interpretan la orientación sexual de sus hijos/as como una “fase”, transmitiendo una negación o ambivalencia parental a sus hijos/as. Estos comportamientos y actitudes en el seno familiar pueden tener un efecto muy nocivo para el desarrollo psicosocial de los adolescentes.

Sin embargo, un estudio evidencia que si un adolescente LGTBIQ+ recibe un adecuado apoyo familiar, el efecto protector sobre su salud mental que puede verse reflejado tanto de manera directa como indirecta. De manera directa, al influir en su autoaceptación, autoestima y sentimiento de seguridad en sí mismo. De manera indirecta, al haberle podido educar en maneras adecuadas de hacer frente a la homofobia o la transfobia, así como a prevenir o enfrentarse a los incidentes de intimidación fuera del contexto familiar. En este sentido, la familia puede constituir un elemento fundamental a la hora de proteger a las minorías sexuales de la internalización de los efectos de la victimización o de otros ataques de la sociedad (Sidiropoulou et al., 2019).

¿Cómo se puede trabajar con estas familias en terapia?

De los párrafos anteriores puede concluirse que trabajar con las familias de adolescentes o jóvenes LGTBIQ+ puede ser de gran importancia a la hora de preservar su salud mental. A través de la terapia psicológica, es posible ayudar a las familias a reconocer y modificar sus falsas creencias respecto al colectivo, su estigma y fomentar sus actitudes y comportamientos de aceptación y apoyo hacia sus hijos/as.

No menos importante resulta el adecuado abordaje psicológico del estrés experimentado por las personas LGTBIQ+, así como de los posibles problemas de salud mental vinculados al mismo. Este trabajo terapéutico debe ser llevado a cabo por profesionales capacitados para trabajar con diversidad sexual y de género. Resulta de especial importancia prestar atención a los problemas de aceptación y rechazo de los padres, así como al trabajo conjunto con ellos, con el objetivo de lograr que los jóvenes desarrollen un sentido saludable de sí mismos en términos de su orientación sexual.

A su vez, el trabajo terapéutico individual debe enfocarse al adecuado manejo de la homofobia y transfobia en los distintos contextos sociales de la persona, así como de los efectos psicológicos acarreados por las posibles experiencias de discriminación. Esto requiere de una modificación de falsas creencias sobre uno mismo y de un fortalecimiento de la autoestima en los planos cognitivo y emocional, así como de un aprendizaje de estrategias conductuales para lidiar con situaciones potencialmente estresantes, por ejemplo, habilidades sociales.

Referencias:

  • Alfageme, A. (2012, 5 diciembre). Los transexuales ya no son enfermos mentales. El Paí­s. Recuperado de https://elpais.com
  • Katz-Wise, S., Rosario, M., y Tsappis, M. (2016). LGBT Youth and family acceptance. Pediatric Clinics of North America, 63(6), 1011-1025. https://doi.org/10.1016/j.pcl.2016.07.005
  • Newcomb, M., LaSala, M., Bouris, A., Mustanski, B., Prado, G., Schrager, S., y Huebner, D. (2019). The influence of families on LGBTQ youth health: A call to action for innovation in eesearch and intervention development. LGBT Health, 6(4), 139-145, https://doi.org/10.1089/lgbt.2018.0157
  • Rosario, M., y Schrimshaw, E. W. (2014). Theories and etiologies of sexual orientation. En D. L. Tolman, L. M. Diamond, J. A. Bauermeister, W. H. George, J. G. Pfaus, y L. M. Ward (Eds.), APA handbooks in psychology. APA handbook of sexuality and psychology, Vol. 1. Person-based approaches (p. 555–596). American Psychological Association. https://doi.org/10.1037/14193-018
  • The Trevor Project. (2020). 2020 National Survey on LGBTQ Youth Mental Health. The Trevor Project.
  • Sidiropouloul, K., Drydakis, N., Harvey, B., y Paraskevopoulou, A. (2019). Family support, school-age and workplace bullying for LGB people. International Journal of Manpower. https://doi.org/10.1108/IJM-03-2019-0152
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Emma Chancellor Díez
Psicóloga
Adultos y adolescentes
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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