Que son las altas capacidades

¿Qué son las altas capacidades? Características, tipos y conceptos clave

Resumen

Las altas capacidades engloban perfiles diversos como el talento, la superdotación y la precocidad. Más allá del rendimiento académico, suelen asociarse a una gran curiosidad, creatividad, pensamiento crítico y sensibilidad emocional. Comprender aspectos como el desarrollo asincrónico o la doble excepcionalidad permite ofrecer un acompañamiento más ajustado a las necesidades individuales de cada persona.

Cuando hablamos de altas capacidades, es fácil imaginar a alguien que simplemente aprende rápido o saca buenas notas. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja y rica que esa idea simplificada. Las altas capacidades no definen a un único tipo de persona, sino que engloban perfiles muy diversos, cada uno con sus propias fortalezas, ritmos y necesidades. En este contenido encontrarás una explicación clara de qué significa realmente este término, qué características suelen compartir estas personas y por qué es tan importante entenderlas más allá del rendimiento académico. Hablaremos de curiosidad, creatividad, pensamiento crítico, sensibilidad emocional y también de los retos que pueden aparecer en su desarrollo. Además, exploraremos conceptos clave como talento, superdotación y precocidad, para poder diferenciarlos y comprender mejor cada caso. Un recorrido pensado para mirar las altas capacidades con más matices, menos etiquetas y mayor comprensión.

¿Qué son las altas capacidades?

Las altas capacidades son un término amplio que se utiliza para hablar de distintas formas de desarrollo intelectual. Se habla de “término paraguas” porque engloba diferentes realidades, ya que no existe una única definición ni un único criterio para identificarlas.

Además, las personas con altas capacidades forman un grupo muy diverso: no todas son iguales ni presentan las mismas características. Dentro de este concepto hablaremos del talento, la superdotación o la precocidad.

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Características comunes de las altas capacidades

Antes de comenzar, es importante tener en cuenta que las características que se describen a continuación son las más frecuentes dentro de las altas capacidades. Sin embargo, no se trata de un grupo homogéneo: cada persona es diferente y presenta sus propias características emocionales, sociales e intelectuales. Aun así, es posible encontrar ciertas similitudes entre los distintos perfiles.

A nivel de aprendizaje y motivación, suelen aprender con rapidez y sin necesidad de mucha práctica. Tienden a desarrollar un pensamiento crítico sólido, elaborando sus propios criterios, y muestran una gran amplitud de intereses. Además, destacan por su capacidad para establecer relaciones poco habituales entre diferentes temas.

En cuanto a la motivación, suelen preferir trabajar de manera independiente, disfrutan de los retos y presentan una gran capacidad de concentración y persistencia, especialmente cuando algo les interesa.

A nivel cognitivo, suelen tener un vocabulario rico, amplio y elaborado, y son capaces de alcanzar razonamientos complejos para su edad. Las preguntas que formulan suelen ser profundas y de gran calidad, al igual que su forma de expresar ideas. Esta expresión no se limita al lenguaje verbal: también puede manifestarse de forma muy llamativa a través del dibujo, el arte o la expresión corporal.

Destacan por su habilidad para resolver problemas, tanto académicos como cotidianos, y por su capacidad para generar ideas innovadoras. Además, pueden manejar y asimilar gran cantidad de información, especialmente cuando un tema despierta su interés, que, como hemos mencionado, suele ser muy variado.

Cuando algo les motiva, muestran una gran autonomía, compromiso y persistencia. Por el contrario, las tareas rutinarias o repetitivas pueden disminuir su interés, mientras que las propuestas novedosas resultan más estimulantes. Suelen tener una curiosidad muy amplia y, en muchos casos, presentan altos niveles de autoexigencia.

A nivel socioemocional, pueden mostrar un sentido del humor diferente al de su grupo de iguales. En el ámbito social, es frecuente que prefieran relacionarse con personas mayores, aunque también es beneficioso que cuenten con distintos grupos de amistades que respondan a sus diversas necesidades.

En algunos casos, pueden presentar hipersensibilidad emocional. También es habitual que destaquen por un fuerte sentido de la justicia, el interés por resolver conflictos y la preocupación por temas existenciales que no siempre se esperan para su edad.

Desarrollo asincrónico: una característica relevante en muchos perfiles de altas capacidades es el desarrollo asincrónico. Este término hace referencia a la diferencia entre el desarrollo cognitivo y el desarrollo emocional, social o psicomotor. Es decir, pueden mostrar un nivel muy avanzado en algunas áreas mientras que en otras su desarrollo es acorde a su edad o incluso más inmaduro.

Doble excepcionalidad: la doble excepcionalidad hace referencia a la coexistencia de altas capacidades con una o más dificultades de aprendizaje, trastornos del neurodesarrollo o condiciones de salud mental. Se trata de un perfil especialmente complejo que requiere una evaluación y un acompañamiento cuidadosos. Son perfiles muy irregulares, con una gran variabilidad entre unas capacidades y otras. Este tema requiere de gran atención, por lo que necesita su propio artículo para ser desarrollado con la profundidad que merece y requiere.

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Conceptos que engloban las altas capacidades

Como hemos mencionado anteriormente, el término “altas capacidades” engloba diferentes realidades. A continuación, explicamos brevemente en qué consiste cada una de ellas.

Talento

Hablamos de talento cuando existe una aptitud especialmente elevada en un tipo concreto de información o de procesamiento. Una de sus características principales es la irregularidad, ya que ese alto rendimiento no tiene por qué darse en el resto de áreas. Dentro del talento podemos diferenciar dos tipos:

  • Talento simple: se refiere a una aptitud muy elevada en una única área o competencia. Algunos ejemplos son:
    • Talento matemático
    • Talento verbal
    • Talento creativo
    • Talento lógico
    • Talento social
    • Talento motriz
  • Talento complejo: en este caso, las puntuaciones no son tan elevadas como en el talento simple, pero aparecen en varias áreas. Algunos tipos son:
    • Talento académico
    • Talento artístico-figurativo
    • Talento musical

Superdotación

La superdotación se caracteriza por un nivel elevado de recursos en el conjunto de las aptitudes intelectuales. A diferencia del talento, se trata de un perfil más homogéneo, ya que el alto rendimiento se observa de forma generalizada, aunque también pueden destacar especialmente en alguna área concreta.

Suele presentar una evolución más lenta y tiende a manifestarse con mayor claridad a partir de los 12 años.

Para identificar la superdotación, se suelen tener en cuenta tres aspectos principales:

  • Un nivel elevado en todas las aptitudes intelectuales
  • La edad (en torno a los 12 años o más)
  • La creatividad

En relación con la creatividad, no existe un consenso absoluto. Para algunos autores es un criterio imprescindible, mientras que para otros no lo es. Teniendo esto en cuenta, y siguiendo los modelos en los que la creatividad no es excluyente, se puede diferenciar entre:

  • Superdotación académica: cumple los criterios anteriores, pero no presenta niveles especialmente altos de creatividad.
  • Superdotación productiva: además de cumplir los criterios, destaca por un alto nivel de creatividad.

Precocidad

La precocidad no hace referencia tanto a un nivel intelectual como a un ritmo de desarrollo. Implica que, durante las primeras etapas de la vida, el aprendizaje y el desarrollo se producen más rápido de lo esperado para la edad.

Sin embargo, una vez finaliza el proceso de maduración, la capacidad intelectual puede situarse dentro de la media. Por este motivo, el criterio de la edad es especialmente importante a la hora de identificar la superdotación.

Es importante tener en cuenta que la precocidad puede derivar o no en altas capacidades. En cualquier caso, es fundamental atender a las necesidades específicas de cada niño o niña y realizar un seguimiento adecuado. Durante este proceso, conviene evitar generar expectativas y centrarse en acompañar y responder a las necesidades individuales en cada momento.

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En definitiva, las altas capacidades constituyen un fenómeno complejo y diverso que no puede entenderse desde una única definición ni desde un único perfil. Tal y como hemos visto, engloba diferentes realidades como el talento, la superdotación y la precocidad, cada una con características propias y formas distintas de manifestarse. Además, aspectos como el desarrollo asincrónico o la posible doble excepcionalidad ponen de relieve la importancia de comprender estos perfiles desde una mirada amplia e individualizada. Por ello, resulta fundamental evitar etiquetas rígidas y centrarse en una comprensión global de la persona, atendiendo tanto a sus fortalezas como a sus necesidades específicas, con el objetivo de ofrecer un acompañamiento ajustado, respetuoso y adecuado a cada caso.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

1. ¿Qué son las altas capacidades?
Las altas capacidades son un término amplio que engloba diferentes perfiles de desarrollo intelectual, como el talento, la superdotación y la precocidad.

2. ¿Todas las personas con altas capacidades tienen las mismas características?
No. Cada persona presenta un perfil único, aunque pueden compartir rasgos como curiosidad, aprendizaje rápido, pensamiento crítico o creatividad.

3. ¿Qué es el desarrollo asincrónico?
Es la diferencia entre el desarrollo cognitivo y otras áreas del desarrollo, como la emocional, social o psicomotora.

4. ¿Qué diferencia existe entre talento y superdotación?
El talento implica una capacidad especialmente elevada en una o varias áreas concretas, mientras que la superdotación supone un rendimiento elevado y más homogéneo en el conjunto de las aptitudes intelectuales.

5. ¿La precocidad implica necesariamente altas capacidades?
No. La precocidad indica un desarrollo más rápido de lo esperado durante la infancia, pero no siempre se traduce en altas capacidades en etapas posteriores.

Sobre la autora

Laura Redondo Fidalgo es Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga en Sinews. Aborda problemáticas que van desde la ansiedad, la depresión, el duelo y la autoestima, hasta los problemas en las relaciones interpersonales, entre otros. Su orientación es cognitivo-conductual, pero integra herramientas y técnicas de otras corrientes, como las Terapias de Tercera Generación, según las necesidades de cada paciente, gracias a su constante formación.

Laura Redondo
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Laura Redondo
Psicóloga
Niños, adolescentes y adultos
Idiomas de trabajo: Español e inglés
Ver su Curriculum


¿Sabrías decirme cuáles son tus valores? ¿Vives en bases a ellos? Los valores en ACT

¿Sabrías decirme cuáles son tus valores? ¿Vives en bases a ellos? Los valores en ACT

Resumen

El artículo explica el papel central de los valores en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), diferenciándolos de los objetivos. Los valores actúan como una brújula que guía la conducta hacia una vida significativa. Se propone explorarlos por áreas vitales y entenderlos como un proceso flexible, fomentando el autoconocimiento y la autocompasión.

En un artículo previo escrito por otra de mis compañeras, Emma, nos habló de lo que era la Terapia de Aceptación y Compromiso, cuáles son sus bases, y en qué ocasiones puede ser una perspectiva que nos ayude. A modo de resumen y para refrescar, la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es un enfoque psicológico que tiene como objetivo desarrollar la flexibilidad psicológica: la capacidad de estar en contacto con la experiencia interna tal como es y, al mismo tiempo, actuar de manera coherente con los valores personales. Para ello, ACT trabaja a través de procesos interrelacionados como la aceptación de emociones difíciles, la toma de distancia de los pensamientos, la conexión con el momento presente, una perspectiva flexible del yo y la acción comprometida. Dentro de este modelo, los valores ocupan un lugar central, ya que aportan dirección y sentido a la conducta, orientando las decisiones y los cambios hacia una vida más plena y significativa, incluso en presencia de malestar. Dada la importancia de los valores dentro de este enfoque, el artículo de hoy estará centrado única y específicamente en entender qué son y por qué son tan importantes y valiosos.

¿Qué entendemos por valores?

“Valores” es una palabra que podemos escuchar con cierta frecuencia lo largo de nuestro día a día, pero ¿sabemos realmente a lo que nos estamos refiriendo? ¿tenemos nuestros valores tan claros cómo realmente pensamos? ¿vivimos en base a esos valores, o solo lo creemos? ¿para qué sirven? ¿tan importantes son?

Son muchas preguntas, todas muy buenas. En algunos casos, hay personas que si tienen muy claros cuáles son sus valores, pero en otros casos, describirlos o concretarlos puede ser una tarea más complicada. Además, casi todos conocemos los valores más compartidos (familia, solidaridad…), pero hay muchísimos más con los que puedes sentirte más identificado.

Antes de continuar, es importante aclarar que los valores están influenciados por múltiples factores, como el país en el que vivimos, nuestra cultura, creencias, espiritualidad, familia o educación, entre otros. Aun así, los valores son personales y pueden ser muy distintos de una persona a otra. No existe una jerarquía correcta de valores ni una única forma válida de vivirlos: cada persona construye los suyos a partir de su propia historia y experiencia, y esa diversidad es natural y saludable. No todos tenemos los mismos valores y eso está bien.

¿Sabrías decirme cuáles son tus valores? ¿Vives en bases a ellos? Los valores en ACT 2

El trabajo en valores nos permite vivir una vida que valoramos, que nos nutre como personas. Desde la perspectiva de ACT, los valores son como una brújula, es aquello que nos ofrece dirección. Indican la dirección que seguir con nuestras acciones para acercarnos hacia aquello que nos llena. En este punto es importante resaltar la diferencia entre los valores y los objetivos de la persona. Para ello, podemos servirnos de una metáfora que nos puede ayudar en el entendimiento de esta diferencia: La metáfora del esquiador:

“Suponte que vas a esquiar y subes en el telesilla a la cumbre. Aparece un hombre a tu lado y te pregunta cuál es tu meta. La respuesta es que es la caseta del telesilla de abajo. De pronto aparece un helicóptero, el hombre te empuja dentro y te baja de inmediato a la caseta de telesilla de abajo. Cuando vuelves a subir, de nuevo aparece el mismo hombre y el helicóptero y te ayuda a alcanzar tu meta. Te enfadas mucho, aunque te han ayudado a alcanzar tu meta.
Porque esquiar no es solamente alcanzar la base del telesilla de nuevo. Esquiar es cómo llegar allí. Saber dónde vas a ir, qué objetivo tienes que alcanzar, etc.”

Por lo tanto, los valores no son cosas que alcanzar, nos ofrecen la guía. Las metas, por el contrario, serían aquellas cosas que podemos hacer en el día a día en las que trasladar dichos valores. Por ejemplo, si un valor importante para ti es “ser familia”, una de las metas o acciones comprometidas con dicho valor sería organizar una cena familiar al mes. En otras palabras, los valores no son alcanzables, tampoco hace falta. Sin embargo, las acciones comprometidas si son alcanzables.

Explorar tus valores por áreas de vida

Para conocer tus valores, es importante ir por cada área que sea importante en tu vida. Por ejemplo, familia, pareja, hijos, amistades, carrera profesional, educación… Una vez descritas aquellas áreas que son más importantes para ti, puedes hacerte preguntas importantes para cada una de ellas:

  • Familia: ¿Qué tipo de relaciones me gustaría tener con mi hermano?
  • Pareja: Si la relación fuera ideal, ¿cómo te comportarías con tu pareja?
  • Hijos: ¿Cómo me gustaría relacionarme con mis hijos?
  • Amistades: ¿Qué te gustaría aportar a tus relaciones con tus amigos?
  • Carrera profesional: ¿Qué es lo que más valoras en tu puesto de trabajo?
  • Educación: ¿Qué es lo que consideras valioso del aprendizaje?

Puede que para ti haya otras áreas que sean más importantes, o hayas pensando en alguna que yo no e incluido. Puedes hacer el ejercicio con esa área también.

¿Sabrías decirme cuáles son tus valores? ¿Vives en bases a ellos? Los valores en ACT 3

Ponerles palabras y mirar lo que ya haces

Una vez contestadas esas preguntas, será más fácil verbalizar con palabras cuales son tus valores. Ahora, podremos pasar al siguiente paso, ¿qué acciones realizas en tu vida para acercarte a dicho valor? Y podríamos escribir aquellas cosas que ya hacemos que creemos que nos acercan a nuestros valores, a cómo queremos caminar por la vida.

Puede que tengas una respuesta para todas, muchas respuestas para alguna y ninguna para otras… Es importante no juzgarse, esto es un ejercicio de conocimiento y autoconomiento. El último paso sería decidir, por cada área, si así es suficiente, o si te gustaría añadir algo más.

Los valores como proceso

Es importante resaltar que los valores son un proceso continuo, no una meta cerrada. Los valores no son una lista fija ni algo que se alcanza y se da por completado, más bien es un proceso dinámico que se revisa y se ajusta a lo largo de la vida. Nuestros valores pueden matizarse, ampliarse o cambiar de prioridad según el momento vital en el que nos encontremos.

Por último, comprometerse con una vida basada en valores implica acción, pero también flexibilidad y amabilidad hacia uno mismo. En ocasiones, convertimos los valores en nuevas exigencias: “debería ser más familiar”, “tendría que estar más presente”, “no lo estoy haciendo bien”. Sin darnos cuenta, los valores se convierten en una fuente más de presión.

Desde ACT, el compromiso no significa hacerlo todo ni hacerlo perfecto. Es importante aceptar que habrá días de cansancio, dudas y contradicciones. Aquí es donde la autocompasión juega un papel fundamental. Mirarnos con comprensión cuando no llegamos, cuando fallamos o cuando nos alejamos del camino, nos permite retomar el rumbo sin castigarnos.

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Recursos

Te dejo un vídeo explicativo que puede ayudar también mejor a entender la diferencia entre una vida orientada en valores en contraste con una vida orientada en metas:

Ver vídeo aquí

Si sientes que necesitas acompañamiento para clarificar tus valores y tu dirección vital, o simplemente tienes curiosidad por indagar y conocerte mejor en este aspecto, un profesional de la psicología puede ayudarte. Pedir ayuda es una decisión saludable que favorece el autoconocimiento y el bienestar emocional.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

1. ¿Qué son los valores en ACT?
Son direcciones personales que guían la conducta hacia una vida significativa, incluso en presencia de malestar.

2. ¿En qué se diferencian los valores de los objetivos?
Los valores son una guía continua, mientras que los objetivos son metas concretas y alcanzables.

3. ¿Cómo puedo identificar mis valores?
Reflexionando sobre áreas importantes de tu vida y preguntándote cómo te gustaría actuar en cada una.

4. ¿Los valores cambian con el tiempo?
Sí, son dinámicos y pueden ajustarse según las experiencias y etapas vitales.

5. ¿Qué pasa si no actúo según mis valores?
Es parte del proceso; la autocompasión permite retomar la dirección sin juicio.

Sobre la autora

Laura Redondo Fidalgo es Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga en Sinews. Aborda problemáticas que van desde la ansiedad, la depresión, el duelo y la autoestima, hasta los problemas en las relaciones interpersonales, entre otros. Su orientación es cognitivo-conductual, pero integra herramientas y técnicas de otras corrientes, como las Terapias de Tercera Generación, según las necesidades de cada paciente, gracias a su constante formación.

Laura Redondo
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
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A mi hijo le han diagnosticado TDAH, ¿qué puedo hacer ahora?

A mi hijo/a le han diagnosticado TDAH, ¿qué puedo hacer ahora?

¿Acabas de recibir el diagnóstico de TDAH para uno de tus hijos y no sabes muy bien qué significa? Es normal sentirse abrumado, con dudas o incluso con algo de miedo. El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es una condición más común de lo que parece, y recibir un diagnóstico no es un final, sino el inicio de un camino hacia la comprensión y el acompañamiento.

Si has sido tú quien ha recibido el diagnóstico, puede ayudarte leer este otro artículo de un compañero sobre el TDAH en adultos.

¿Qué es el TDAH?

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, tal y como recoge el DSM-5 (el manual diagnóstico de referencia para los profesionales de la salud mental). Estos trastornos comienzan en el periodo del desarrollo y se mantienen a lo largo de toda la vida.

El grado de heredabilidad del TDAH es muy alto: se estima en torno al 77%. Sin embargo, aunque la genética tiene un papel importante, el ambiente también influye y moldea el desarrollo del niño. Aproximadamente entre el 5% y el 7% de la población infantil tiene TDAH, siendo más frecuente en niños que en niñas. Esta diferencia parece deberse, en parte, a un sesgo en el diagnóstico: las niñas suelen mostrar síntomas más internalizantes (menos visibles), mientras que los niños tienden a presentar síntomas más externalizantes (más evidentes).

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Subtipos de TDAH

Si un profesional ha confirmado el diagnóstico de TDAH en tu hijo, es probable que además haya especificado un subtipo. Existen tres subtipos principales:

  • Inatento: cumple criterios de inatención, pero no de hiperactividad-impulsividad.
  • Hiperactivo-impulsivo: cumple criterios de hiperactividad-impulsividad, pero no de inatención.
  • Combinado: cumple criterios de ambos tipos.

Estos subtipos dependen del número y tipo de criterios diagnósticos que se cumplan:

Inatención:

  • Comete errores por descuido, no presta atención a los detalles.
  • Tiene dificultad para mantener la atención en tareas o actividades.
  • Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • No sigue instrucciones ni termina tareas.
  • Tiene problemas para organizarse y gestionar el tiempo.
  • Evita tareas que requieren esfuerzo mental sostenido.
  • Pierde con frecuencia objetos necesarios.
  • Se distrae fácilmente por estímulos externos o pensamientos.
  • Olvida actividades cotidianas.

Hiperactividad e impulsividad:

  • Se mueve constantemente, juguetea con manos o pies.
  • Se levanta cuando se espera que permanezca sentado.
  • Corre o trepa en situaciones inapropiadas (en adultos, sensación de inquietud).
  • No puede jugar o realizar actividades tranquilamente.
  • Actúa como “impulsado por un motor”.
  • Habla en exceso.
  • Responde antes de que se termine la pregunta.
  • Tiene dificultad para esperar su turno.
  • Interrumpe o se inmiscuye en conversaciones, juegos o actividades.

Criterios de diagnóstico

Estas dificultades deben haberse manifestado antes de los 12 años, ya que el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo. Es fundamental realizar un diagnóstico diferencial, porque no todos los problemas de atención, regulación emocional o conducta se deben al TDAH. Factores como hábitos o rutinas (por ejemplo, el uso excesivo de pantallas) también pueden influir.

Aunque el diagnóstico es clínico, se recomienda una evaluación completa que incluya información del colegio, la familia y el propio niño, además de pruebas estandarizadas. En ellas se valoran las capacidades generales, los procesos atencionales, las funciones ejecutivas y la situación socioemocional.

Se estima que el 85% de los niños con TDAH presenta alguna comorbilidad, por lo que es importante una evaluación profunda. No se debe diagnosticar antes de los 6-7 años, pero esto no impide intervenir antes para trabajar las áreas donde se observan más dificultades.

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¿Cómo podemos entender el TDAH?

El modelo del cerebro en tu mano, propuesto por el Dr. Dan Siegel, es una forma muy visual y sencilla de entender cómo funciona nuestro cerebro, especialmente útil para explicarlo a niños o familias. Evidentemente, el cerebro es mucho más complejo, pero esta metáfora educativa nos ayuda a comprender sus partes principales y cómo se relacionan entre sí.

Imagina tu mano cerrada en forma de puño:

  • La muñeca representa el tallo cerebral, encargado de las funciones más básicas y automáticas, como la respiración o la supervivencia.
  • El pulgar doblado hacia dentro simboliza la zona emocional, donde se procesan las emociones intensas, los recuerdos y las reacciones instintivas (como la amígdala).
  • Los dedos que cubren el pulgar representan la corteza prefrontal, la parte “pensante” del cerebro. Es la que nos permite reflexionar, tomar decisiones, planificar, controlar impulsos y regular las emociones.

Cuando el puño está cerrado, todas estas partes del cerebro trabajan de forma coordinada: pensamos, sentimos y actuamos de manera equilibrada. Pero cuando el estrés o la frustración aumentan, los dedos se levantan, es decir, la parte racional se “desconecta” de la emocional. En ese momento actuamos de forma más impulsiva o emocional, lo que Siegel llama “flip your lid” (perder la calma).

En el caso de los niños con TDAH, el principal desafío se encuentra precisamente en esa corteza prefrontal, la zona encargada de las funciones ejecutivas: planificar, regular la conducta, dirigir la atención y gestionar las emociones. Por eso, no es que “no quieran”, sino que muchas veces les cuesta poder hacerlo.

Como explica el psicólogo Rafa Guerrero, la corteza prefrontal funciona como el director de orquesta del cerebro: organiza, marca el ritmo y coordina todas las demás áreas. Cuando ese director tiene dificultades, cada instrumento (la emoción, la atención, la acción) puede ir por su cuenta.

¿Cómo ayudar a los niños/as con TDAH?

El tratamiento ideal es multidisciplinar, con la participación de diferentes profesionales: psicólogos, neuropsicólogos, psiquiatras infantiles, psicopedagogos, logopedas y profesores.

Tipos de intervención

  • Medicación: siempre bajo supervisión profesional. No se recomienda como primera opción en menores, salvo en casos graves o cuando la terapia no ha dado resultado. Incluso entonces, debe combinarse con intervención psicológica.
  • Intervención con el niño: terapia psicológica y neuropsicológica adaptada al caso. Si existen otras dificultades (por ejemplo, de aprendizaje), puede requerirse apoyo psicopedagógico o logopédico. Cada caso debe valorarse de forma individual.
  • Intervención con los padres: los padres son una pieza clave. Este espacio permite resolver dudas, comprender la neurodivergencia y aprender estrategias para el día a día. La coordinación entre el terapeuta y la familia es esencial.
  • Intervención con los profesores: dado que los niños pasan gran parte del tiempo en la escuela, la colaboración con el centro educativo es fundamental. Una coordinación fluida y personalizada favorece su bienestar emocional y su progreso académico.
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Recibir un diagnóstico de TDAH no es un punto final, sino el comienzo de un camino hacia la comprensión, el acompañamiento y el apoyo.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo frecuente, con un alto componente hereditario, aunque también influido por el ambiente. Puede presentarse en tres subtipos: inatento, hiperactivo-impulsivo y combinado; y los síntomas deben haberse manifestado antes de los 12 años. El diagnóstico debe ser completo, incluyendo información de familia, escuela y pruebas estandarizadas, ya que suelen coexistir otras dificultades.

El modelo del “cerebro en la mano” nos recuerda que los niños con TDAH no carecen de voluntad, sino que enfrentan dificultades reales de autorregulación. Requieren comprensión, estrategias adecuadas y adultos que los acompañen.

La intervención más eficaz es la multidisciplinar y coordinada, combinando trabajo profesional, colaboración familiar y participación escolar. Con un entorno comprensivo y estrategias adecuadas, los niños con TDAH pueden desarrollar todo su potencial y fortalecer sus capacidades.

Recursos

Vídeo de Dan Siegel

Los 4 cerebros de Arantxa – Rafael Guerro (libro para los más pequeños)

Sobre la autora

Laura Redondo Fidalgo es Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga en Sinews. Aborda problemáticas que van desde la ansiedad, la depresión, el duelo y la autoestima, hasta los problemas en las relaciones interpersonales, entre otros. Su orientación es cognitivo-conductual, pero integra herramientas y técnicas de otras corrientes, como las Terapias de Tercera Generación, según las necesidades de cada paciente, gracias a su constante formación.

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¿Crees que controlas tu mente? Te propongo un experimento

¿Crees que controlas tu mente? Te propongo un experimento

Resumen

El artículo explora la relación que tenemos con nuestros pensamientos y la dificultad real de controlarlos. A través de ejemplos y metáforas, explica por qué evitar pensamientos incómodos aumenta el malestar y cómo aceptar su presencia favorece una relación mental más saludable.

¿Qué pensarías si te dijera que se estima que, en un día, una persona puede llegar a tener en torno a 60.000 pensamientos? ¿Te lo creerías? ¿Te parece mucho? ¿Te parece poco? ¿Cómo te relacionas con tus pensamientos? ¿Todo el rato le das vueltas a lo mismo? Si no tienes todas las respuestas, te invito a leer el resto del artículo, espero que tras la lectura de este artículo, puedas entender un poco mejor qué es un pensamiento.

Para comprender mejor el poder que tienen nuestros pensamientos sobre nosotros, te propongo que realicemos un pequeño experimento.

El poder del elefante rosa

Me gustaría comenzar realizando un ejercicio. Voy a pedirte que NO PIENSES EN UN ELEFANTE ROSA. Durante los próximos segundos, intenta centrarte en no pensar en elefante rosa. Me atrevo a adivinar que han podido ocurrir dos escenarios posibles. En uno de ellos, nada más leer “elefante rosa”, aunque la instrucción fuera no pensar en ello, no has podido evitar que la imagen del elefante viniera a tu cabeza. Seguramente, de manera involuntaria, su imagen haya aparecido en tu mente. Puede que, después de esta primera aparición, hayas intentado controlar no pensar en ello, escenario número dos. Sin embargo, ¿ha sido fácil controlar que no apareciera? Tal vez te hayas distraído, o te hayas centrado en otra cosa. A pesar de ello, apostaría a que cuando dejes de intentarlo, esa imagen volvería a tu mente. Y dirás, vale puede ser, pero ¿qué tiene que ver esto con mis pensamientos? Mucho más de lo que pensamos.

Tras este ejercicio experiencial, podemos extraer varias conclusiones. La primera de ellas es que muchos de nuestros pensamientos son automáticos, es decir, no estamos conscientemente haciendo un esfuerzo por tener pensamientos, los pensamientos viajan por nuestra mente de manera independiente. La segunda de las conclusiones que se puede extrapolar del ejercicio es que no querer pensar en algo, paradójicamente, tiene el efecto contrario, más aparece en tu mente. Por último, en tercer lugar, se puede ver cómo intentar no pensar en algo requiere energía y esfuerzo mental, no es algo que sea sencillo. En un momento determinado, dejar de pensar en algo puede ser beneficioso, a corto plazo es un gran alivio. Pero, si es una estrategia que requiere de gran esfuerzo, ¿es una estrategia que puede ser útil y asumible a largo plazo?

Es muy útil imaginarse nuestra mente como una autopista, en la que siempre hay tráfico. Dependiendo de la hora del día, hay más coches que otros. En algunas incluso hay atascos. Es una autopista que no se puede cerrar. La autopista sería nuestro cerebro y el tráfico y los coches los pensamientos.

¿Crees que controlas tu mente? Te propongo un experimento 2

Entonces, ¿qué es un pensamiento?

Ahora que hemos vivido en primera persona lo difícil que es controlar un pensamiento, es momento de preguntarnos: ¿qué es realmente un pensamiento?

En algunas ocasiones, hay personas que piensan con imágenes. A pesar de ello, en este artículo nos centraremos en aquellos otros pensamientos que no son imágenes, sino que son palabras. Si, has leído bien, los pensamientos no son ni más ni menos que lenguaje. Probemos con otro ejercicio, vamos a intentar crear cierta conciencia sobre lo que pensamos. En muchas ocasiones, ni si quiera somos conscientes de lo que estamos pensando, damos por hecho que tener ese diálogo interno a lo largo del día es natural y damos por hecho que lo que pensamos es certero y real. Pero, ¿y si te digo que no todo lo que pensamos es real? A veces nos engañamos. Antes de nada, sigamos con el ejercicio. Puede que te ayude cerrar los ojos. Concéntrate en lo que está pasando por tu mente ahora mismo y escríbelo más abajo.

  • Pensamiento 1:
  • Pensamiento 2:
  • Pensamiento 3:

Tras el ejercicio, es como si hubiéramos sacado fuera de nosotros lo que llevamos dentro. ¿Qué forma y apariencia tienen ahora? Efectivamente palabras. Las palabras, palabras son. Quiero decir que, igual que nosotros podemos contar una historia, inventada desde 0, si el contenido de nuestra mente es lenguaje, ¿por qué no podría ocurrir lo mismo?

Para entender por qué el lenguaje es tan poderoso en nuestra mente, necesitamos mirar brevemente hacia nuestra historia como especie.

¿Crees que controlas tu mente? Te propongo un experimento 3

El lenguaje es una parte fundamental de nuestra naturaleza. Gracias al lenguaje, los seres humanos podemos evaluar las consecuencias de nuestras acciones, predecir o anticiparnos al futuro, aprender de nuestro pasado, acumular conocimiento y regular nuestras conductas y las de otros. De hecho, gracias al lenguaje hemos llegado hasta el punto al que hemos llegado, donde hay un gran desarrollo cultural, de conocimientos y de adaptación al ambiente. Por ende, podemos decir que el lenguaje ha ayudado a la supervivencia del ser humano. En el pasado era vital comunicarse, esto permitió a nuestros antepasados defenderse, atacar y por lo tanto, permanecer sobre la Tierra. Sin embargo, hoy en día, vivimos en una sociedad donde el peligro potencial hacia nuestra vida no es una realidad. En ese sentido, confundir el pensamiento con la realidad puede generar un gran malestar.

Por ejemplo, antiguamente cuando una persona decía que les iba a atacar un mamut, les iba a atacar un mamut, el pensamiento y la realidad coincidían, la alerta y la amenaza eran reales. Sin embargo, hoy en día podemos pensar que nos van a despedir, vamos a enfermar o que nos va a pasar algo malo y no ser real, no tener evidencias de ello. Por lo tanto, el pensamiento y la realidad son dos dimensiones distintas.

Por esto mismo, si tenemos “pensamientos positivos/agradables” pensamos que tendremos experiencias positivas y, por el contrario, si tenemos “pensamientos negativos/desagradables” tendremos experiencias negativas. Es una relación causa-efecto, si pienso de una determinada manera entonces ocurren unas determinadas cosas. Al relacionarnos así con nuestra manera de pensar, es lógico que queramos escapar, huir y evitar todos aquellos pensamientos “negativos”. Pero, como hemos visto antes, cuanto más intentamos huir de un pensamiento, más nos acompaña.

Intentamos evitar lo inevitable

Aunque sea una realidad que puede no gustarnos, el sufrimiento forma parte inherente a la vida. Sufrimiento entendido como pérdidas, decepciones, la tristeza… Estos son momentos o emociones por las que todos pasamos. A pesar de ello, en las sociedades más modernas, el desarrollo parece que va en pro de rechazar la incomodidad. Pero, ¿podríamos mover una montaña?. Podríamos intentarlo, pero seguramente no lo conseguiríamos. Con esto ocurre lo mismo.

Aunque evitar el sufrimiento pueda parecer una respuesta lógica, la realidad es que en las sociedades actuales esta estrategia puede volverse en nuestra contra. Actualmente se entiende la realidad como dos equipos enfrentamos: o me siento bien o me siento mal. Si me siento bien, es que pienso en positivo, es normal y puedo vivir bien. Por el contrario, si me encuentro mal, es porque pienso en negativo, no es normal y entonces ya no vivo en la comodidad. Nuestro objetivo prioritario es sentirnos bien porque pensamos que sentirnos mal es negativo, por eso intentamos evitar las dudas, las preocupaciones, las emociones “negativas” (si es que eso existe). La verdad es que, si esos sentimientos tienen un motivo, intensidad, frecuencia y duración coherentes, forma parte del ser. Hay otras ocasiones en las que evidentemente será un problema a trabajar con un profesional.

Algunos ejemplos se pueden ver con frases como:

  • “No llores”
  • “No te preocupes”
  • “Piensa en positivo y te olvidarás de todo”
¿Crees que controlas tu mente? Te propongo un experimento 4

Cuando intentamos escapar de toda incomodidad, puede llegar a ocurrir lo que se conoce como Trastorno de Evitación Experiencial. Este problema se da cuando la persona utiliza la evitación como una estrategia generalizada, afectando a muchas áreas de su vida y limitando su funcionamiento. Nos construimos nuestra propia trampa, intentando escapar de recuerdos, pensamientos, emociones o imágenes que nos generan malestar, acabamos evitando todo aquello que también nos proporciona bienestar. Cuando evitamos algo que nos incomoda, sentimos un alivio inmediato, esto refuerza el hecho de evitar. Es como un círculo sin fin, en el que nos construimos un castillo en el que estamos la mar de cómodos, pero que tampoco son hace felices por todas las cosas que estamos dejando de hacer.

En conclusión, entender que los pensamientos son la realidad nos lleva a sentirnos mal cuando el contenido de estos pensamientos es aversivo. Como no nos gusta pasarlo mal, evitamos, y al intentar evitar el pensamiento solo le estamos haciendo más fuerte. Aceptar nuestra humanidad, con todas sus luces y sombras, no es rendirse: es empezar a vivir de una manera más plena.

Existen muchas estrategias que pueden ayudarnos a construir una relación más saludable con nuestros pensamientos. Como hemos visto, los pensamientos son como compañeros de viaje: no siempre podemos controlar quién sube a bordo, pero sí podemos decidir cómo convivir con ellos. En el próximo artículo hablaremos con más detalle sobre algunas de estas herramientas.

Mientras tanto, recuerda que no tienes por qué atravesar este camino en soledad. Si llevas tiempo sintiéndote mal, si el malestar interfiere en tu vida o simplemente si sientes que necesitas apoyo, buscar ayuda profesional es un acto de valentía y cuidado hacia ti mismo. Un acompañamiento adecuado puede marcar la diferencia y ayudarte a encontrar nuevas formas de vivir en mayor bienestar.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

1. ¿Es posible controlar nuestros pensamientos?
No completamente. Muchos pensamientos son automáticos y aparecen sin un control consciente.

2. ¿Por qué cuanto más intento no pensar en algo, más aparece?
Porque la evitación del pensamiento suele producir un efecto paradójico que lo intensifica.

3. ¿Los pensamientos son siempre reales o verdaderos?
No. Los pensamientos son lenguaje y no siempre reflejan la realidad ni hechos objetivos.

4. ¿Qué ocurre cuando evito constantemente pensamientos o emociones incómodas?
Puede desarrollarse una evitación experiencial que limite la vida diaria y aumente el malestar.

5. ¿Cuándo es recomendable buscar ayuda profesional?
Cuando el malestar persiste, interfiere en la vida cotidiana o genera sufrimiento significativo.

Sobre la autora

Laura Redondo Fidalgo es Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga en Sinews. Aborda problemáticas que van desde la ansiedad, la depresión, el duelo y la autoestima, hasta los problemas en las relaciones interpersonales, entre otros. Su orientación es cognitivo-conductual, pero integra herramientas y técnicas de otras corrientes, como las Terapias de Tercera Generación, según las necesidades de cada paciente, gracias a su constante formación.

Laura Redondo
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Laura Redondo
Psicóloga
Niños, adolescentes y adultos
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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¿Cómo le digo a mi hijo que ha perdido a alguien?

¿Cómo le digo a mi hijo que ha perdido a alguien?

Para comenzar este artículo, lo primero que me gustaría resaltar, es que los niños SI experimentan procesos de duelo. Al igual que cualquier otro ser humano, cuando viven una pérdida tienen que procesarla, hacerla hueco, y restituir una nueva realidad. Algunos de los motivos más comunes por los cuales un niño puede enfrentarse a un proceso de duelo son: el divorcio de los padres, la muerte de seres queridos, la pérdida de mascotas, perder posesiones especiales o perder amigos a causas de mudanzas.

Sin embargo, existen muchos mitos que rodean a los procesos de duelo en niños y adolescentes.

Mitos asociados a los procesos de duelo en niños y adolescentes

  • Los niños no se dan cuenta de lo que sucede tras una pérdida.
  • Los niños y adolescentes NO realizan procesos de duelo.
  • Los adultos deben disimular, si ocultan su dolor los niños serán más felices.
  • No pueden entender y comprender los rituales sociales asociados a la pérdida, por lo que es mejor que no asistan a ellos.
  • No debemos estar tristes porque entonces la persona fallecida se pone más triste.

Una vez esclarecido que los niños transitan por situaciones de duelo, es importante anotar que los niños toman conciencia de la muerte con facilidad. El concepto de muerte tiene cuatro características que son:

  1. Irreversibilidad: aquella persona que ha fallecido no va a volver a vivir.
  2. Universalidad: todos los seres vivos mueren en algún momento.
  3. No-funcionalidad: el cuerpo deja de funcionar, todas las funciones vitales se para.
  4. Causalidad: hay una causa, la muerte tiene una explicación y es una razón física.

Dependiendo de las edades evolutivas, los niños tienen asociadas más o menos características al concepto, este es un aspecto que se debe de tener en cuenta a la hora de cómo transmitir la información de la pérdida.

¿Cómo le digo a mi hijo que ha perdido a alguien? 3

¿Qué concepto de la muerte tiene mi hijo según su edad?

  • De 0 a 2 años: perciben la muerte como ausencia. Es equivalente a partir o al abandono. En esta etapa vital son muy sensibles al estado de ánimo negativo que puedan experimentar sus cuidadores.
  • De 3 a 6 años: consideran que la muerte es temporal y reversible, es una edad en la que está muy presente el pensamiento mágico. Además, interpretan de manera literal cualquier explicación que demos por ello sería recomendable evitar metáforas como “ha subido” o “se fue”.
  • De 6 a 9 años: en estos años adquieren el concepto de irreversibilidad, saben que la muerte es algo definitivo y que afecta a todos los seres vivos. Sin embargo, todavía no tienen adquirido el concepto de la propia muerte.
  • De 9 a 12 años: son conscientes de que es irreversible y universal. Así mismo, aparece la conciencia de la propia muerte. Es una etapa en la que se espera que aumente le miedo a la muerte de los seres más cercanos.

Por lo tanto, se puede deducir que, sobreproteger a los menores puede que no sea la mejor ayuda. Obviamente, en la mayoría de los casos, los adultos toman las decisiones que respectan a los menores pensando en su mayor bienestar, con una buena intención. Sin embargo, aunque pueda parecer contraintuitivo, ocultar la muerte puede ser peor. Lo que ocurre cuando los niños no tienen información es que fantasean, haciendo que en muchos casos creen la peor situación inimaginable o una realidad que es incorrecta. Además, cuando no hablamos del tema con ellos, no permitimos la expresión emocional. Por el contrario, si les transmitimos esta información siguiendo una serie de pautas y con las palabras adecuadas a su edad, ayudaremos a que el proceso de duelo sea sano.

¿Cómo puede afectar la pérdida a los menores?

Manifestaciones a nivel afectivo:

  • Tristeza y aislamiento
  • Ansiedad, irritabilidad y agresividad
  • Disminución de la autoestima
  • Conductas regresivas
  • Dificultad de atención y concentración
  • Hiperactividad
  • Culpa
  • Incredulidad

Manifestaciones a nivel somático

  • Pérdida de apetito
  • Insomnio
  • Molestias gástricas o abdominales
  • Agotamiento
  • Sensación de ahogo
  • Dolores de cabeza

A nivel somático es importante señalar que estos síntomas, tras haber consultado con un profesional, no se explican por ninguna otra causa.

Manifestaciones a nivel social y/o escolar

  • Aislamiento social
  • Desadaptación escolar
  • Disminución en el rendimiento escolar
  • Rechazo al colegio

Es importante señalar que si estos síntomas tienen un impacto importante en la vida del menor sería recomendable acudir a un profesional.

¿Qué necesita mi hijo de mi en estos momentos?

En líneas generales, lo que los niños necesitan de los adultos cuando se enfrentan a un proceso de duelo es:

  • Usar un lenguaje sencillo y adaptado a su edad
  • No abrumar usando demasiadas palabras
  • Intuición para saber cuándo está preparado para hablar
  • Tener una mentalidad abierta
  • Escuchar y aceptar sus sentimientos
  • Ser coherentes, nosotros como adultos también estamos tristes por la situación.
  • No mentir nunca
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¿Qué puedo hacer según la edad de mi hijo/a para facilitar la compresión de la muerte?

Niños de entre 0-2 años

En esta etapa evolutiva, les ayudaría mucho mantener las rutinas que se tenían previas a la pérdida del ser querido. Además, les ayudaría poder anticipar la muerte, así como garantizar su salud y cuidado. Por el contrario, que las rutinas se vean alteradas, que haya cambios bruscos y rápidos, así como cuidadores nuevos que no son muy conocidos, podrían ser factores que dificultasen la adaptación a la nueva situación del menor.

En esta etapa se debe estar alerta si se observan pérdidas de peso significativas, no se puede consolar al niños o no se recupera el patrón de sueño.

Niños de entre 3-6 años

En estas edades se recomienda usar un lenguaje claro y adaptado, tranquilizar ante la posibilidad de otras muertes e intentar que comprendan la insensibilidad post-mortem. También se pueden usar ejemplos de la naturaleza o que ya conozcan para ayudar a su comprensión. Por otro lado, se deberían evitar metáforas como “está en un lugar mejor”, “nos ve siempre y nos cuida” o “duerme eternamente”. Debemos recordar que en esta etapa hay una comprensión muy literal del lenguaje, por lo tanto lo interpretarán tal y como se lo contemos. También se deberían evitar las explicaciones que sean muy complejas.

En esta etapa se debe estar alerta si hay mucha ansiedad de separación, pesadillas recurrentes, no quiere comer, no quiere jugar o tiene miedos incapacitantes.

Niños de entre 6 – 10 años

Cuando los niños se encuentran entre este periodo de edades, lo más recomendable es que los adultos les expliquen y dejen participar en los rituales, que éstos respondan a las preguntas y curiosidades que tengas, que el entorno permita su expresión emocional y que puedan entender las dimensiones de la muerte. En caso de que la pérdida sea esperada, es una edad en la que sería recomendable poder prepararlos de antemano. Así mismo, entre los 9 y 10 años serían recomendable valorar su opinión.

Por contra, debemos evitar no aclarar sus teorías imaginadas, no explicarle cómo son rituales o lo que se va a encontrar, así como ocultarles los detalles del fallecimiento. Cuando hablamos de los detalles del fallecimiento siempre hay que tener en cuenta que todos los datos y la información debe estar adaptada a la edad de los niños. En esta etapa se debe estar alerta si se observan signos de alta ansiedad, depresión, no poder separarse de las figuras de apego por miedo a que fallezcan o se observen problemas de rendimiento.

Niños de entre 10 – 13 años

Aquellas conductas que facilitan el proceso de duelo durante estas edades son: tratar de enseñarles a valorar los recuerdos, compartir las experiencias de los adultos con ellos, normalizar lo que siente, solicitar su ayuda en los rituales de despedida y compartir los sentimientos y emociones. Por el contrario, aquellos comportamientos que podrían dificultar los procesos de duelo serían agobiarles con demasiadas preguntar, no respetar su intimidad, y usar frases que dificulten su expresión emocional como por ejemplo “No te sientas triste”.

Durante estas edades se debe estar alerta si se observan signos de extrema tristeza, excesiva responsabilidad, aislamiento, insensibilidad, somatizaciones o incapacidad para volver a adaptarse al colegio.

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Adolescencia y adolescentes

En esta etapa evolutiva dejar que se sientan parte activa del proceso, valorar sus opiniones, evitar los mensajes de fortaleza o responsabilidad, intentar minimizar los cambios, serían acciones que los adultos podrían llevar a cabo para facilitar el proceso. En el lado contrario, exceder en responsabilidades propias de los adultos, retrasar comunicarles la noticia, no dejarles participar en los sucesos, anteponer a otras personas o atosigarles con demasiados ejemplos propios, serían comportamientos que podrían dificultar el proceso de duelo.

En este caso, aquellos signos a los que debemos estar atentos son los siguientes: aumento del consumo de sustancias, aislamiento extremo, pensamientos recurrentes sobre la muerte, irritabilidad extrema, cambios de humor que no cesan, responsabilizar de la muerte a la persona que comunicó la noticia, aparición de ansiedad de separación, trastornos obsesivos o somáticos, sintomatología depresiva, e ideación y plan suicida.

Finalmente, es importante resaltar que se deben tener en cuenta también las características propias de cada cultura, la personalidad del menor y las creencias de cada familia. En este presente artículo se ofrece una guía de las manifestaciones más comunes, eso no implica que no pueda haber otras. Por ese mismo motivo, ante la duda se recomienda asistir a un profesional.

En resumen, es fundamental reconocer que los niños y adolescentes atraviesan procesos de duelo cuando se enfrentan a una pérdida. Por ello, es importante conocer cómo podemos manejar mejor estas situaciones. Se trata de no sobreproteger, ser coherentes, empáticos y honestos, y comunicar la información de una manera sencilla y adaptada dependiendo de la edad del menor. Por último, el duelo es un proceso natural y esperable tras una pérdida, no todos los duelos tienen que ser patológicos. Sin embargo, si se observan algunos de los signos de alarma o interfiere con la vida del menor, no dude en consultar con un profesional.

Sobre la autora

Laura Redondo Fidalgo es Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga en Sinews. Aborda problemáticas que van desde la ansiedad, la depresión, el duelo y la autoestima, hasta los problemas en las relaciones interpersonales, entre otros. Su orientación es cognitivo-conductual, pero integra herramientas y técnicas de otras corrientes, como las Terapias de Tercera Generación, según las necesidades de cada paciente, gracias a su constante formación.

Laura Redondo
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Laura Redondo
Psicóloga
Niños, adolescentes y adultos
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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El aborto espontáneo y el duelo perinatal no estás sola

El aborto espontáneo y el duelo perinatal: no estás sola

El duelo se define como la reacción emocional ante la pérdida significativa de algo o alguien importante en tu vida. Es el proceso que experimenta una persona para anteponerse y adaptarse a dicha pérdida. Existen muchos tipos de duelo, entre ellos encontramos el duelo sin derechos o desautorizado. Este tipo de duelo ocurre cuando, desde la sociedad no reconocemos la pérdida de un tercero o no dejamos al doliente que la exprese. Parece mentira, ¿verdad? ¿En qué situaciones crees que podría darse este tipo de duelo?

Una de las experiencias en las que se da es en el duelo perinatal. La pérdida perinatal se define como la pérdida del bebé por parte de una persona embarazada desde que se conoce el embarazo hasta el primer mes de vida del bebé. Una de las causas más comunes de pérdida perinatal es el aborto espontáneo. El aborto espontáneo se define como la pérdida prematura del bebé durante las primeras 23 semanas del embarazo. Dentro del aborto espontáneo está: (1) el aborto espontáneo precoz, o aquel que ocurre desde el momento de la concepción hasta la semana número trece de embarazo y (2) el aborto espontáneo tardío, o aquel que sucede a partir de la decimocuarta semana hasta la número veintitrés.

Según las estadísticas, se estima que el riesgo de sufrir un aborto espontáneo en personas embarazadas es del 25%. Incluso, se piensa que este porcentaje podría ser mayor, ya que muchas pérdidas se producen incluso antes de que la persona sea consciente de su estado. Un 25%, eso quiere decir que 1 de cada 4 embarazadas perderá a su bebé de manera espontánea. Esto es, si tienes un grupo de 10 personas y estas se quedasen embarazadas, lo más probable es que al menos 2 pierdan a su bebé. Impactante cuanto menos, ¿no?

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La temida frase del “yo también”

La pérdida por aborto espontáneo es un tema tabú, muchas personas lo han sufrido, pero no han comunicado su pérdida. No es hasta que alguien saca el tema que muchas otras personas se animan a contarlo. Pero ¿por qué es tabú algo que puede ser tan doloroso? Existen varias razones por las que ocurre esto:

  1. El duelo por aborto espontáneo no se concibe dentro de las normas socialmente aceptadas por lo que el círculo de la persona que lo ha sufrido espera un sufrimiento menor.
  2. No existen rituales funerarios asociados lo que genera la sensación de que esta pérdida no debe ser llorada
  3. La ley del primer trimestre: las personas embarazadas suelen esperar al tercer mes de gestación para comunicar su situación de embarazo. Por ello, cuando ocurren los abortos espontáneos, que suelen dar en este espacio temporal, el entorno no es conocer de la situación lo que hace que se sientan más solas, aisladas y sin apoyo.
  4. Desensibilización desde el ámbito médico al no ser una situación que ponga en peligro la vida de la persona ni tenga solución
  5. El desconocimiento de la naturaleza de la pérdida, como explica la Teoría de la Ambigüedad, es uno de los factores más influyentes en el proceso de duelo
  6. La insatisfacción con el tratamiento y la falta de preparación por parte de los profesionales sanitarios para abordar el tema.

Las consecuencias del aborto espontáneo

No es difícil ponerse en la piel de una persona que ha tenido que vivir esta experiencia. La pérdida de un bebé esperado se puede considerar como un evento traumático, llegando a ser una de las experiencias vitales más dolorosas para los padres. Por ello, las consecuencias psicológicas derivadas son muchas y diversas:

  • Sintomatología ansiosa
  • Sintomatología depresiva
  • Estrés postraumático
  • Emociones intensas de dolor, culpa, rabia y vergüenza
  • Aislamiento
  • Estigmatización
  • Sensación de “brazos vacíos”
  • Procesos de duelos naturales
  • Procesos de duelo complicado
  • Entre otras muchas
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El duelo esperable

El duelo es un proceso necesario por el que transitar para integrar nuestras pérdidas. De acuerdo con los teóricos como Worden, ante una pérdida son varias las tareas que tienes que llevar a cabo:

  • Aceptar la realidad
  • Trabajar las emociones y experimentar el dolor
  • Adaptarse al entorno sin el ser querido
  • Recolocar y recordar al ser querido

Las emociones que transitamos a lo largo del duelo no son cómodas, eso no quiere decir que sean negativas o innecesarias. Al revés, por mucho que queramos “quitárnoslas de encima” éstas nos ayudarán a sanar. Por lo tanto, el hecho de experimentarlas no implica que sea un problema. Sin embargo, hay en algunos casos en los que la experiencia se puede complicar y es recomendable acudir a un profesional.

¿Cómo puedo identificar si estoy atravesando un duelo complicado?

Según el CIE-11 son los siguientes criterios los que pueden indicar que estás experimentando un duelo prolongado:

  • Estrés por separación: anhelo de la persona perdida y/o sentimientos intensos de dolor emocional, pena o angustia presente de manera diaria e intensa.
  • Confusión sobre el propio papel en la vida o disminución del sentido de sí mismo
  • Dificultad para aceptar la pérdida
  • Evitación de recordatorios de la realidad de la pérdida
  • Incapacidad para confiar en los demás desde la pérdida
  • Amargura o enfado relacionados con la pérdida
  • Dificultad para seguir adelante con la vida (por ejemplo, hacer nuevos amigos y perseguir intereses)
  • Entumecimiento emocional desde la pérdida
  • Sensación de que la vida es insatisfactoria, vacía o sin sentido desde la pérdida
  • Sentirse aturdido, atontado o conmocionado por la pérdida

Cuando estos síntomas aparecen y (1) han pasado al menos seis meses desde la pérdida y (2) los síntomas mencionados están alterando de manera clínica y significativa la vida diaria de la persona afectada, tanto a nivel social, laboral u otras áreas importantes en el día a día, estamos ante la situación en la que sería recomendable pedir ayuda profesional.

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La terapia puede ayudar

Tanto si se experimenta un proceso de duelo esperable como si es complicado, la terapia es un lugar de validación y apoyo psicológico. Además, tras haber sufrido una experiencia que aún constituye un tema tabú en la sociedad, la terapia es un espacio en el que se tiene en cuenta esta realidad social.

Aunque el duelo es una reacción natural, es un fenómeno idiosincrásico, por lo que se debe considerar teniendo en cuenta las características personales y contextuales de cada individuo. Enfoques terapéuticos como la Terapia Cognitivo Conductual o la Terapia de Aceptación y Compromiso podrían ayudar a transitar estos procesos.

Finalmente, me gustaría subrayar que el duelo perinatal por aborto espontáneo es una experiencia profundamente dolorosa que merece ser reconocida y validada tanto a nivel personal como social. A pesar de ser un tema tabú, es esencial que sepas que no estás sola en tu dolor y que tienes derecho a expresar tus emociones y recibir apoyo. La falta de reconocimiento y los prejuicios sociales pueden intensificar tu sufrimiento, por lo que es crucial fomentar un entorno de empatía y comprensión. No hace falta pasar por esto sola, haciendo como si no pasase nada, compártelo con alguien con quien tengas confianza. Y, si no sale bien, siempre habrá profesionales que puedan ofrecerte un espacio seguro para procesar tu pérdida. Al reconocer la validez de tu duelo, podemos empezar a romper el silencio y brindarte el apoyo necesario para atravesar esta difícil experiencia.

Sobre la autora

Laura Redondo Fidalgo es Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga en Sinews. Aborda problemáticas que van desde la ansiedad, la depresión, el duelo y la autoestima, hasta los problemas en las relaciones interpersonales, entre otros. Su orientación es cognitivo-conductual, pero integra herramientas y técnicas de otras corrientes, como las Terapias de Tercera Generación, según las necesidades de cada paciente, gracias a su constante formación.

Laura Redondo
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
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