Como me describió un paciente, «sufrir un ataque de pánico puede ser una experiencia abrumadora y aterradora. Es como si de repente me viera envuelto en un torbellino de emociones y sensaciones físicas intensas, sin ningún aviso ni control sobre lo que me está ocurriendo. El inicio suele ser rápido y siento que el corazón se me sale del pecho, casi como si fuera a explotar.

Mi respiración se vuelve superficial y rápida, y me cuesta recuperar el aliento, lo que me hace sentir como si me estuviera asfixiando. Es como si mi cuerpo estuviera en alerta máxima y estuviera convencida de que algo terrible está a punto de ocurrir, aunque no pueda precisar exactamente qué es. Mi mente se agita con pensamientos ansiosos y me resulta casi imposible concentrarme en otra cosa. Es como si mis pensamientos se desbocaran y estuviera atrapada en este caótico estado mental.

Todo lo que me rodea parece borroso y me siento alejado de la realidad, casi como si viviera en un sueño. Al mismo tiempo, mis sentidos se vuelven hipersensibles, haciendo que incluso los sonidos o movimientos más pequeños me resulten abrumadores. El mundo se convierte en un lugar aterrador y sólo quiero escapar de él.

Físicamente, mi cuerpo puede temblar de forma incontrolable y me puede entrar un sudor frío. También pueden aparecer náuseas, que se suman al malestar y la angustia. Es como un círculo vicioso: cuanto más reacciona mi cuerpo al pánico, más me aterrorizo, lo que alimenta aún más los síntomas.

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La experiencia es totalmente agotadora, tanto mental como físicamente. Cuando el ataque de pánico remite, me siento agotada, como si acabara de correr una maratón. También puedo sentir vergüenza, sobre todo si el ataque de pánico ha ocurrido en público, y me preocupa que los demás me juzguen por no ser capaz de manejar mis emociones.

En general, tener un ataque de pánico es una montaña rusa indescriptible de miedo, confusión y desesperación. Es como estar atrapado en una tormenta de emociones y sensaciones, buscando desesperadamente la calma y la seguridad en medio del caos.»

¿Qué es un Ataque o Episodio de Pánico?

Los ataques de pánico son episodios a menudo inesperados de miedo intenso con sensaciones de falta de control, malestar o terror, frecuentemente asociados con una sensación de estar muriéndose. Estos episodios pueden aparecer sin razón alguna o tras una situación estresante, y suelen evolucionar rápidamente en cuestión de 10 minutos o incluso menos tiempo. Si bien el pico máximo de intensidad puede ser bastante rápido en llegar, la duración media de un episodio de pánico ronda entre los 5 y 20 minutos, en algunas ocasiones puede durar más, incluso horas.

Aunque no todas las personas lo experimentan igual, los síntomas más comunes son palpitaciones (taquicardia), sudoración, temblor de manos, flojedad de piernas, náuseas, molestias abdominales, mareos, dolor de cabeza, opresión en el pecho, sensación de ahogo y sofocación. En casos más extremos, pueden llegar a producirse vómitos, desmayos, o estados de mucha confusión y despersonalización. Como en muchos casos tiende a ocurrir inesperadamente, las personas tienen dificultad para reconocerlo como un síntoma de ansiedad, y a pensar que están sufriendo un infarto u otro problema médico grave.

A nivel biológico, un ataque de pánico es una respuesta «normal» de nuestro organismo, pero en una situación inconveniente. Me explico, en una situación de emergencia o peligro grave, nuestro organismo pone en marcha la «respuesta de lucha, huida o bloqueo» (traducido del inglés, “The Flight, Fight or Freeze Response»). Esto significa que, ante una situación de peligro, nuestro cerebro pone en marcha un mecanismo de supervivencia que implica la liberación de ciertas sustancias (principalmente adrenalina y cortisol), los cuales activan en primer lugar nuestro corazón, haciendo que lata más rápido (palpitaciones/taquicardia). Esto hace que llegue más oxígeno a los músculos, lo cual nos permitiría salir corriendo o defendernos. Al mismo tiempo, para suplir la mayor necesidad de oxígeno, nuestra respiración se vuelve más rápida y/o profunda (hiperventilación). Este mecanismo también permite reforzar o proteger algunos órganos vitales y responder mejor ante la situación.

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El problema con los ataques de pánico es que el cerebro pone en marcha esta «respuesta de lucha, huida o bloqueo» en situaciones en las que no es realmente necesaria, lo cual nos desconcierta profundamente y provoca las sensaciones de estar volviéndonos locos o estar perdiendo el control.

¿Qué puedo hacer si sufro Episodios de Pánico?

Muchos pacientes que sufren un ataque de pánico por primera vez suelen llamar a una ambulancia, pero normalmente no es necesario ir al hospital. A pesar de ser extremadamente angustiosos y desagradables, los ataques de pánico por lo general no son peligrosos y no necesitan un tratamiento hospitalario. Para manejar episodios de pánico sin ayuda farmacológica, se pueden llevar a cabo diferentes pautas, algunas a nivel cognitivo y otras conductuales.

En primer lugar, cuando se empieza a sentir los primeros síntomas del ataque de pánico (palpitaciones, tensión muscular, presión en el pecho, sudoración), es muy importante hacer un ejercicio mental tranquilizador. En otras palabras, cuando se dispara el episodio, es muy normal pensar cosas como «me estoy volviendo loco», o «me está dando un infarto», o «voy a perder el control», los cuales hacen que los síntomas empeoren. Es muy importante decirnos a nosotros mismos mensajes algo más positivos como, «es solo un episodio de ansiedad, “se pasará pronto», o «no me voy a morir ni mucho menos».

También es importante darse un tiempo y espacio para permitir que la ansiedad (exceso de adrenalina y cortisol) se disipen. Para ello se pueden realizar ciertas pautas conductuales como, por ejemplo:

  • Dejar de hacer lo que se esté haciendo momentáneamente.
  • Buscar un espacio tranquilo o salir a pasear pausadamente. Estar en un entorno tranquilo puede ayudar a reducir la intensidad del ataque de pánico.
  • Hacer un ejercicio de respiración, intentando respirar pausadamente a través de la nariz, manteniendo la respiración unos segundos y luego espirar lentamente por la boca. Esto ayudará a regular la respiración y aportará cierta sensación de calma.
  • Mantener la atención en la respiración, en vez de los síntomas o pensamientos negativos, y enfocarse en conseguir pausar la respiración lo más posible. De esta manera, lograremos ir bajando las palpitaciones del corazón.
  • Utilizar afirmaciones positivas y tranquilizadoras, como "Esto pasará", "Solo es un episodio de pánico", o “Claro que puedo gestionar esto!".
  • Darse tiempo suficiente hasta recobrar la tranquilidad, en vez de salir corriendo.
  • Buscar apoyo en alguien conocido de confianza, y decirle lo que te está ocurriendo. A veces, el hecho de compartir nuestros sentimientos puede aliviar. De estar solo, llamar o enviar un mensaje de texto a alguien de confianza también puede ayudar. Pero recordar que lo importante es gestionar el pánico uno mismo.
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Un ataque de pánico es como un «terremoto cerebral» por lo que, si nos pasa una vez, nos puede volver a pasar. Es muy probable que el propio episodio de pánico sea un síntoma de que estamos pasando por una racha de mayor estrés, lo cual nos tiene el sistema hiperactivado. Por ello, es muy recomendable, por una parte, parar a pensar que está pasando en nuestras vidas y cómo podemos reducir nuestro nivel de estrés (auto-cuidado). Es una buena idea programar una cita con un médico para hablar sobre estos síntomas. Las personas mayores de 50 años podrían tener problemas de salud no diagnosticados.

Por otro lado, es muy aconsejable buscar ayuda psicológica, e incluso psiquiátrica, ya que si no hacemos nada y el nivel de estrés se mantiene o empeora, la probabilidad de más episodios se eleva. Y si se están experimentando ataques de pánico con frecuencia o éstos afectan significativamente la vida diaria, definitivamente, acudir a un profesional de la salud mental lo antes posible. Terapias como la Terapia Cognitivo Conductual (TCC), pueden ser muy eficaces para aprender a gestionar los ataques de pánico y la ansiedad.

Sobre el autor

Guillermo Gabarain Beristain es Psicólogo y Coach en SINEWS MTI con más de 15 años de experiencia, habilitado tanto en España como EEUU para ejercer como psicólogo, bilingüe y con experiencia internacional. Formado en metodologías científicamente validadas, como Terapia Cognitivo Conductual, Terapia Centrada en Soluciones, Método Gottman de Terapia de Parejas, Prevención e Intervención en Crisis, así como en enfoques Humanista y Sistémico. Su principal actividad se centra en el trabajo con adultos y parejas, y está especializada en el tratamiento de trastornos de depresión y ansiedad, duelos complejos, problemas de adaptación por migración, trastornos por uso de sustancias y adicciones, y problemas de pareja.

Guillermo Gabarain
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Guillermo Gabarain
Psicólogo
Adultos y parejas
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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