¿Acabas de recibir el diagnóstico de TDAH para uno de tus hijos y no sabes muy bien qué significa? Es normal sentirse abrumado, con dudas o incluso con algo de miedo. El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es una condición más común de lo que parece, y recibir un diagnóstico no es un final, sino el inicio de un camino hacia la comprensión y el acompañamiento.

Si has sido tú quien ha recibido el diagnóstico, puede ayudarte leer este otro artículo de un compañero sobre el TDAH en adultos.

¿Qué es el TDAH?

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, tal y como recoge el DSM-5 (el manual diagnóstico de referencia para los profesionales de la salud mental). Estos trastornos comienzan en el periodo del desarrollo y se mantienen a lo largo de toda la vida.

El grado de heredabilidad del TDAH es muy alto: se estima en torno al 77%. Sin embargo, aunque la genética tiene un papel importante, el ambiente también influye y moldea el desarrollo del niño. Aproximadamente entre el 5% y el 7% de la población infantil tiene TDAH, siendo más frecuente en niños que en niñas. Esta diferencia parece deberse, en parte, a un sesgo en el diagnóstico: las niñas suelen mostrar síntomas más internalizantes (menos visibles), mientras que los niños tienden a presentar síntomas más externalizantes (más evidentes).

A mi hijo le han diagnosticado TDAH, ¿qué puedo hacer ahora? 2

Subtipos de TDAH

Si un profesional ha confirmado el diagnóstico de TDAH en tu hijo, es probable que además haya especificado un subtipo. Existen tres subtipos principales:

  • Inatento: cumple criterios de inatención, pero no de hiperactividad-impulsividad.
  • Hiperactivo-impulsivo: cumple criterios de hiperactividad-impulsividad, pero no de inatención.
  • Combinado: cumple criterios de ambos tipos.

Estos subtipos dependen del número y tipo de criterios diagnósticos que se cumplan:

Inatención:

  • Comete errores por descuido, no presta atención a los detalles.
  • Tiene dificultad para mantener la atención en tareas o actividades.
  • Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • No sigue instrucciones ni termina tareas.
  • Tiene problemas para organizarse y gestionar el tiempo.
  • Evita tareas que requieren esfuerzo mental sostenido.
  • Pierde con frecuencia objetos necesarios.
  • Se distrae fácilmente por estímulos externos o pensamientos.
  • Olvida actividades cotidianas.

Hiperactividad e impulsividad:

  • Se mueve constantemente, juguetea con manos o pies.
  • Se levanta cuando se espera que permanezca sentado.
  • Corre o trepa en situaciones inapropiadas (en adultos, sensación de inquietud).
  • No puede jugar o realizar actividades tranquilamente.
  • Actúa como “impulsado por un motor”.
  • Habla en exceso.
  • Responde antes de que se termine la pregunta.
  • Tiene dificultad para esperar su turno.
  • Interrumpe o se inmiscuye en conversaciones, juegos o actividades.

Criterios de diagnóstico

Estas dificultades deben haberse manifestado antes de los 12 años, ya que el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo. Es fundamental realizar un diagnóstico diferencial, porque no todos los problemas de atención, regulación emocional o conducta se deben al TDAH. Factores como hábitos o rutinas (por ejemplo, el uso excesivo de pantallas) también pueden influir.

Aunque el diagnóstico es clínico, se recomienda una evaluación completa que incluya información del colegio, la familia y el propio niño, además de pruebas estandarizadas. En ellas se valoran las capacidades generales, los procesos atencionales, las funciones ejecutivas y la situación socioemocional.

Se estima que el 85% de los niños con TDAH presenta alguna comorbilidad, por lo que es importante una evaluación profunda. No se debe diagnosticar antes de los 6-7 años, pero esto no impide intervenir antes para trabajar las áreas donde se observan más dificultades.

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¿Cómo podemos entender el TDAH?

El modelo del cerebro en tu mano, propuesto por el Dr. Dan Siegel, es una forma muy visual y sencilla de entender cómo funciona nuestro cerebro, especialmente útil para explicarlo a niños o familias. Evidentemente, el cerebro es mucho más complejo, pero esta metáfora educativa nos ayuda a comprender sus partes principales y cómo se relacionan entre sí.

Imagina tu mano cerrada en forma de puño:

  • La muñeca representa el tallo cerebral, encargado de las funciones más básicas y automáticas, como la respiración o la supervivencia.
  • El pulgar doblado hacia dentro simboliza la zona emocional, donde se procesan las emociones intensas, los recuerdos y las reacciones instintivas (como la amígdala).
  • Los dedos que cubren el pulgar representan la corteza prefrontal, la parte “pensante” del cerebro. Es la que nos permite reflexionar, tomar decisiones, planificar, controlar impulsos y regular las emociones.

Cuando el puño está cerrado, todas estas partes del cerebro trabajan de forma coordinada: pensamos, sentimos y actuamos de manera equilibrada. Pero cuando el estrés o la frustración aumentan, los dedos se levantan, es decir, la parte racional se “desconecta” de la emocional. En ese momento actuamos de forma más impulsiva o emocional, lo que Siegel llama “flip your lid” (perder la calma).

En el caso de los niños con TDAH, el principal desafío se encuentra precisamente en esa corteza prefrontal, la zona encargada de las funciones ejecutivas: planificar, regular la conducta, dirigir la atención y gestionar las emociones. Por eso, no es que “no quieran”, sino que muchas veces les cuesta poder hacerlo.

Como explica el psicólogo Rafa Guerrero, la corteza prefrontal funciona como el director de orquesta del cerebro: organiza, marca el ritmo y coordina todas las demás áreas. Cuando ese director tiene dificultades, cada instrumento (la emoción, la atención, la acción) puede ir por su cuenta.

¿Cómo ayudar a los niños/as con TDAH?

El tratamiento ideal es multidisciplinar, con la participación de diferentes profesionales: psicólogos, neuropsicólogos, psiquiatras infantiles, psicopedagogos, logopedas y profesores.

Tipos de intervención

  • Medicación: siempre bajo supervisión profesional. No se recomienda como primera opción en menores, salvo en casos graves o cuando la terapia no ha dado resultado. Incluso entonces, debe combinarse con intervención psicológica.
  • Intervención con el niño: terapia psicológica y neuropsicológica adaptada al caso. Si existen otras dificultades (por ejemplo, de aprendizaje), puede requerirse apoyo psicopedagógico o logopédico. Cada caso debe valorarse de forma individual.
  • Intervención con los padres: los padres son una pieza clave. Este espacio permite resolver dudas, comprender la neurodivergencia y aprender estrategias para el día a día. La coordinación entre el terapeuta y la familia es esencial.
  • Intervención con los profesores: dado que los niños pasan gran parte del tiempo en la escuela, la colaboración con el centro educativo es fundamental. Una coordinación fluida y personalizada favorece su bienestar emocional y su progreso académico.
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Recibir un diagnóstico de TDAH no es un punto final, sino el comienzo de un camino hacia la comprensión, el acompañamiento y el apoyo.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo frecuente, con un alto componente hereditario, aunque también influido por el ambiente. Puede presentarse en tres subtipos: inatento, hiperactivo-impulsivo y combinado; y los síntomas deben haberse manifestado antes de los 12 años. El diagnóstico debe ser completo, incluyendo información de familia, escuela y pruebas estandarizadas, ya que suelen coexistir otras dificultades.

El modelo del “cerebro en la mano” nos recuerda que los niños con TDAH no carecen de voluntad, sino que enfrentan dificultades reales de autorregulación. Requieren comprensión, estrategias adecuadas y adultos que los acompañen.

La intervención más eficaz es la multidisciplinar y coordinada, combinando trabajo profesional, colaboración familiar y participación escolar. Con un entorno comprensivo y estrategias adecuadas, los niños con TDAH pueden desarrollar todo su potencial y fortalecer sus capacidades.

Recursos

Vídeo de Dan Siegel

Los 4 cerebros de Arantxa – Rafael Guerro (libro para los más pequeños)

Sobre la autora

Laura Redondo Fidalgo es Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga en Sinews. Aborda problemáticas que van desde la ansiedad, la depresión, el duelo y la autoestima, hasta los problemas en las relaciones interpersonales, entre otros. Su orientación es cognitivo-conductual, pero integra herramientas y técnicas de otras corrientes, como las Terapias de Tercera Generación, según las necesidades de cada paciente, gracias a su constante formación.

Laura Redondo
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Laura Redondo
Psicóloga
Niños, adolescentes y adultos
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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