Pregunta:

«Hola, me llamo Inmaculada, mi hijo de 4 años tiene Trastorno de Espectro Autista y todavía no habla, se comunica de forma muy escasa con nosotros. ¿Qué podemos hacer para ayudarle a mejorar? Gracias por responder.»

Respuesta:

Hola Inmaculada, gracias por preguntarnos. Como todos sabemos la comunicación y el lenguaje es una de las áreas de afectación principal en el Trastorno del Espectro del Autismo. En primer lugar sería necesario realizar una evaluación para obtener una valoración objetiva y real de las características a nivel comunicativo del niño. La necesidad más básica que puede encontrarse es la de contar con una herramienta comunicativa.

Un niño pequeño, una persona con quién no se ha intervenido previamente y no maneja ninguna herramienta o alguien que ha confundido las herramientas que posee y no es capaz de realizar un uso funcional de las mismas, va a presentar esta primera necesidad que será la base sobre la cual construir habilidades más complejas.

En edad infantil siempre se intentará desarrollar el lenguaje oral como vehículo de comunicación. Por norma general en estos momentos de la vida se priorizará siempre la comunicación funcional frente a la comunicación formal. Es fundamental que el niño comprenda la importancia del acto comunicativo y por ello se reforzará y atenderá en todo momento. Teniendo en consideración que vosotros, la familia sois el elemento más estable del niño y con quien pasa la mayoría de tiempo, es fundamental que contéis con estrategias que fomenten la comunicación y las relaciones sociales.

Podemos destacar las siguientes estrategias:

  • Ponerse siempre cara a cara.
  • Ajustarse al nivel del niño/a, es decir, si su comprensión se reduce a una palabra o a órdenes sencillas el lenguaje con el que nos deberíamos dirigir a él debería ser también sencillo, con oraciones de 1 o 2 palabras como mucho.
  • Emplear palabras de alto impacto, es decir, aquellas que más signficado tengan, coincidiendo con sus intereses. Por ejemplo, si el niño esta jugando con la pelota, podemos decir la palabra “pelota” en lugar de frases más largas como “qué bien, cómo salta la pelota”.
  • Ser consistente con el lenguaje que se emplea. Es decir, utilizar siempre la misma palabra para los objetos o acciones. Por ejemplo, cada vez que el niño juegue con las pompas decimos la palabra “pompas”, evitando emplear otro palabras como “burbujas” para no crear confusión.
  • Utilizar frases cortas e informativas, que reflejen lo que está sucediendo en un momento determinado.
  • Dar modelos de lenguaje cada vez que el niño se comunica de forma no verbal. Es decir, si el niño nos entrega una bolsa de patatas para abrirla, podemos decir “ayuda” o “abrir”, poniendo voz a su comunicación.
  • Evitar hablar rápido, deprisa o realizando muchas preguntas.
  • Evitar adelantarse a la comunicación o las emisiones del niño/a. Ser pacientes y esperar el tiempo que haga falta.
  • Crear oportunidades de comunicaciones a lo largo de las situaciones de la vida cotidiana. Crear rutinas de juego que permitan al niño poder iniciar la comunicación y que esta sea lo más espontánea y natural posible.
  • Evitar las órdenes y el uso de frases condicionales, sustituyendolas por oraciones declarativas. Por ejemplo: “vamos a abrir la puerta”, “vamos a comer”.
  • Evitar forzar la repetición. La comunicación debería ser lo más natural y espontánea posible. Dar órdenes como “di quiero coche” inhibe una comunicación funcional, y aunque el niño lo repita no tendría una función comunicativa.

Para fomentar la función más basíca de comunicación, la primera en la que ponemos el foco de atención, aquella de petición y rechazo, se recomienda:

  1. Poner a la vista, pero fuera del alcance, recipientes con alimentos u objetos de interés. Las estanterías y botes transparentes son dos elementos muy útiles en este caso.
  2. Realizar juego interactivos y emplear canciones infantiles. Estas pequeñas rutinas normalmente contienen un lenguaje simple y repetitivo que incluye un elemento de anticipación antes del clímax. Un cuidadoso uso del tiempo, pausas y ritmo en este tipo de juego ayudan a crear oportunidades para desarrollar la comunicación en situaciones lúdicas.
  3. Por último, cabría destacar que la clave de la estimulación está en seguir siempre el interés y la motivación del niño y crear situaciones y oportunidades de comunicación en todo los contextos vitales del niño y sobre todo en situaciones de su vida diaria, teniendo en cuenta que cualquier momento puede ser propicio para el aprendizaje.

Esperamos que haya sido de ayuda, y recuerda que estos son parámetros generales. Lo ideal sería que un logopeda ateinda el caso de tu hijo y pueda ayudaros.