El lenguaje se puede manifestar de forma oral, escrita o signada, pero la adquisición de las mismas es diferente. Este artículo se centrará en el lenguaje oral.

Los primeros tres años de vida son fundamentales para el desarrollo del lenguaje ya que el cerebro está en proceso de maduración y es cuando se encuentra en estado óptimo para la adquisición de estas habilidades.

Cada menor sigue su propio ritmo de desarrollo, sin embargo, todos siguen una progresión natural en la adquisición de habilidades relacionadas con el lenguaje más o menos similar.

Dentro de los trastornos propios del lenguaje, se puede diferenciar entre receptivos (dificultades de comprensión), expresivos (dificultades de producción) y de procesamiento.

Signos de aprendizaje según la edad:

Entre los cero y los cuatro meses los bebés se suelen calmar al escuchar la voz de la madre y muestran un interés claro por las caras de las personas. Por otro lado, son capaces de llorar para obtener diferentes cosas, como alimento o confort. El llanto es uno de los primeros actos de comunicación, ya que a través de él aprenden que pueden modificar el entorno. Además del llanto, empiezan a mostrar sonrisa social y se ríen.

A los seis meses, son capaces de responder a su nombre, de seguir estímulos auditivos con los ojos y empiezan los balbuceos y las vocalizaciones. Esto es seguido por la comprensión de rutinas verbales, como “adiós” y señalizar y decir las primeras palabras, lo que suele suceder alrededor de los nueve meses. Alrededor de los doce meses, los menores son capaces de seguir una orden verbal y de producir tres palabras con significado (por ejemplo: “mamá”, “papá”, “agua”). A los quince meses, los niños son capaces de identificar las partes de su cuerpo cuando se le preguntan por ellas (se le pregunta “¿dónde tienes las orejas?” el niño será capaz de señalarlas). En cuanto a la expresión, adquieren más vocabulario.

Entre los dieciocho y los veinticuatro meses, serán capaces de reconocer las partes de su cuerpo, así como de seguir órdenes verbales simples. La producción se caracteriza por un aumento del número de palabras que utilizan, tienen un vocabulario de alrededor de 50 palabras y de hacer combinaciones de dos palabras (“más galletas”). Además, conocen su nombre y son capaces de emplearlo.

De los veinticuatro a los treinta y seis meses, los niños comprenden y cumplen órdenes verbales complejas y pueden realizar frases de tres palabras. Además de esto, son capaces de emplear la partícula interrogativa qué para formular preguntas. También comienzan a emplear pronombres como “tú” o “yo”, comprenden “tú”, “yo” o “ella” y responden a preguntas simples. Entre los 36-48 meses, cabe destacar la comprensión de acciones y el uso de la interrogación “¿por qué?”.

Entre los 48-60 meses, los menores son capaces de comprender todo lo que se les dice, así como de generar oraciones completas y contar cuentos. En esta etapa comprenden términos relacionados con el espacio como “detrás” o “al lado”. Se consideran típicos errores en palabras largas y complejas como “hipopótamo”, pero una persona ajena al núcleo cercano del niño es capaz de comprender y mantener una conversación con él.

Finalmente, a los seis años son capaces de comprender y cumplir órdenes de todo tipo de complejidad y poseen la habilidad para expresarse sin cometer errores relacionados con la articulación de sonidos así como narrar eventos e inventarse historias.

Signos de alerta en el aprendizaje:

Previamente se ha descrito el desarrollo típico del lenguaje de un niño en las diferentes etapas de la infancia. Hay una serie de redflags o signos de alerta que permitirán identificar si el lenguaje del menor es el esperado para su edad o si, por el contrario, se debe consultar a un especialista.

Entre el primer y el cuarto mes, la presencia de un llanto extraño y la ausencia de sonrisa social deben llamar la atención. Por otro lado, entre el sexto y el noveno mes, se debe estar atento a la falta de vocalizaciones y balbuceo, así como de palabras bisílabas frecuentes como “mamá/papá”. 

A los doce meses, la pérdida de habilidades que ya tenía adquiridas es un signo de alarma. Por otra parte, a los quince meses el menor debería ser capaz de señalar y utilizar combinaciones de tres palabras, en caso de no hacerlo se debería acudir a un especialista. Otro signo de alarma es la falta de seguimiento de instrucciones simples, reconocer las partes de su cuerpo y decir al menos 25 palabras entre los dieciocho y los veinticuatro meses. Tras esto, a los treinta y seis meses, deberían emplear frases de dos palabras y seguir órdenes de dos comandos.

Desde los treinta y seis hasta los cuarenta y ocho meses, el uso de palabras incorrectas o la sustitución de unas palabras por otras debe llamar nuestra atención. Finalmente, desde los cuarenta y ocho meses hasta los seis años, se considera alarmante un uso no adecuado del habla, es decir, la presencia de un habla con errores a la hora de producir sonidos, así como la incapacidad de contar una historia o seguir una conversación.

Como conclusión, a pesar de que cada menor tiene un desarrollo único, es necesario que una edad determinada se corresponda con el logro de determinados hitos. De no ser así, sería recomendable consultar con un logopeda que podrá resolver las dudas al respecto.

EDAD

LENGUAJE RECEPTIVO

LENGUAJE EXPRESIVO

SIGNOS DE ALARMA

0-4m

La voz de la madre los tranquiliza.

Llanto, sonrisa social y risa.

Llanto extraño. Ausencia de sonrisa social.

6m

Responden a su nombre. Siguen estímulos auditivos con los ojos.

Balbuceo y vocalizaciones.

Ausencia de vocalizaciones y balbuceo.

9m

Rutinas verbales como “adiós”.

Primera palabra.

Ausencia de palabras bisílabas como “mama/papá”.

12m

Seguimiento de instrucciones verbales.

Expresión de tres palabras con significado.

Pérdida de habilidades adquiridas previamente.

15m

Identificación de partes corporales.

Aumento de vocabulario.

Falta de señalar y combinaciones de tres palabras.

18-24m

Reconocimiento de partes del cuerpo.

Seguimiento de instrucciones verbales simples.

Reconocimiento de su nombre.

Aumento significativo del léxico del menor (alrededor de 50 palabras).

Uso de su nombre y combinaciones de dos palabras.

Falta de seguimiento de instrucciones simples, reconocimiento de las partes del cuerpo y posesión de un vocabulario de 25 palabras o menos.

24-36m

Comprensión de ordines verbales complejas.

Comprensión de los pronombres (“tú”, “yo” y “él/ella”).

Producción de frases de tres palabras.

Preguntas con “qué”.

Empleo de los pronombres (“tú” y “yo”).

Respuesta a preguntas simples.

Ausencia de frases de dos palabras y seguimiento de instrucciones de dos órdenes.

36-48m

Comprensión de acciones.

Preguntas con “qué”.

Uso incorrecto de palabras en las emisiones.

48-60m

Comprensión total.

Producción de frases completes y capacidad para contar historias y seguir conversaciones.

Presencia de errores articulatorios.

Incapacidad para contar historias y seguir una conversación.

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