Esta pandemia ha creado un escenario global que ha cambiado nuestras vidas: el dolor por las pérdidas inesperadas de seres queridos, manejar la preocupación por la inestabilidad económica, aprender de nuevo a equilibrar el tiempo de trabajo y el tiempo con nuestras familias. Esto ha provocado mucha reflexión en los medios de comunicación cuestionando nuestros estilos de vida. Si has estado viviendo en el extranjero durante algún tiempo, lejos de tu familia de origen, puede que te hayas echado de menos a tu familia y amigos en tu país y le estés volviend a dar vueltas a tu elección de vivir en el extranjero. En mis sesiones con mis clientes expatriados, frecuentemente les encuentro preocupados con su decisión de vivir en el extranjero. En la actual crisis mundial, esa elección puede parecer más determinante que nunca. Nadie quiere sentir que está dejando atrás a sus seres queridos. Tampoco queremos sentirnos obligados a conectarnos y estar más presentes cuando nuestra relación con ellos es complicada. 

En algunos casos, la decisión de vivir en el extranjero también viene con una fuerte motivación para encontrar la tan necesaria distancia emocional de dinámicas familiares o relacionales tóxicas. Recuerda: en algunos casos, vivir en el extranjero es la opción más saludable posible. Sin embargo, estas dinámicas pueden seguir en acción incluso a miles de kilómetros de distancia; en estos casos, establecer límites saludables y mantenerlos se convierte en algo primordial. 

Durante el confinamiento por el Coronavirus, a menudo nos hemos visto con mucho tiempo en nuestras manos. ¿Encontraste tiempo para reflexionar sobre el curso de tu vida? ¿Por qué no aprovecharlo ahora y repensar nuestras relaciones más significativas? ¿Qué impacto tienen esas relaciones en tu vida? ¿Te preocupas mucho por ello y piensas todo el rato si de verdad quieres mantenerte en contacto con ellos? ¿Te encuentras continuamente justificando quién eres delante de ellos? ¿Temes ponerte en contacto porque cada vez que lo haces te hacen sentir culpable? ¿Crees que no importa lo que hagas, nunca nada es suficientemente bueno para ellos?

Si mientras leías las preguntas anteriores, te venían a la cabeza recuerdos difíciles, probablemente hayas experimentado algún tipo de manipulación. Por desgracia, la manipulación psicológica y emocional es una herramienta poderosa y muy utilizada por políticos, en marketing y también en relaciones cercanas como un mecanismo de control. Esta manipulación no siempre es intencional y se aprende rápidamente de una generación a otra. Liberarse de la transmisión de la culpa de una generación a la siguiente no es fácil. Esos mensajes de manipulación emocional suelen estar muy arraigados y aparecen disfrazados como consejos de alguien con más experiencia en la vida. Otras veces simplemente nos recuerdan todos los sacrificios que han hecho por nosotros. Es importante no caer en la trampa de estos mensajes, recordándonos que sólo nosotros somos responsables de nuestras emociones. En el libro de Susan Forward, ‘Padres tóxicos’, [i] describe varias dinámicas familiares con diferentes tipos de manipulación psicológica que pueden tener efectos emocionales terribles. Desde padres negligentes que fueron incapaces de cuidar de las necesidades emocionales y físicas de sus hijos hasta dinámicas abusivas.

Si has lidiado con dinámicas familiares poco saludables toda tu vida, probablemente te has quedado sin ideas sobre cómo sanar vuestros lazos. Tal vez también te hayas dado cuenta de que lo más probable es que ellos no sientan la necesidad de cambiar. Sabes que tienes que empezar a validar tus propias necesidades emocionales para cuidarte mejor y el primer paso es poner límites saludables. Sabes que te preocupas mucho por ellos, y que para crear una relación saludable necesitas empezar a validar tus propias necesidades emocionales y empezar a establecer límites. Sin embargo, mantener esos límites parece una idea terrible e imposible de poner en práctica. ¿Qué te ha impedido en el pasado hacer los cambios que necesitas? ¿Es la idea de que eres egoísta por necesitar ese espacio? ¿O te sientes culpable porque piensas que no eres una «buena hija/hijo/compañero» si pides eso?

La culpa es probablemente uno de los obstáculos más duros que la gente encuentra cuando piensa en poner límites. Imagina la culpa como el tira y afloja entre lo que ‘deseas hacer’ y lo que crees que ‘debes hacer’.  Los «debería» a menudo vienen de los mensajes familiares y valores que hemos aprendido mientras crecíamos. Algunos de ellos son directos, como: «La familia es lo primero”. Sin embargo, en la mayoría de los casos, aprendemos esos valores simplemente observando a nuestros padres y personas más cercanas. Por ejemplo, llegando a la conclusión de que ser una buena madre significa ser desinteresada ya que siempre ponía las necesidades de los demás por delante de las suyas. Esos mensajes familiares forman parte de nuestro código de valores. Cuando te sientes culpable por una interacción con tu familia, ¿has pensado qué «debería» ha aparecido en esta situación? ¿Todavía te identificas con esos valores como adulto? ¿O te has rebelado? Y lo más importante, ¿qué es lo que realmente quieres?

Cómo establecer y mantener límites saludables

En primer lugar, ¿sabes qué aspectos de vuestra relación te hacen daño? Tu cuerpo puede ser tu aliado para aprender cuando alguien ha traspasado tus límites. Puedes notarlo cuando rompen tus barreras porque tu cuerpo también reaccionará con ansiedad, lo sentirás rígido o tenso, etc. Tómate un tiempo para pensar qué es lo que te ha hecho sentir mal: ¿sientes que tienes la obligación de hablar con ellos todos los días? o ¿O sientes que no tienes control sobre tu vida y que ellos podrían interrumpirte en cualquier momento con una crisis emocional?

Ahora, piensa qué límites debes establecer para protegerte a ti mismo y a tus necesidades emocionales. Para ello, reflexiona sobre qué aspectos de tu vida compartes con ellos, la frecuencia con la que estás en contacto con ellos, y si consideras que la relación es unilateral en términos de apoyo emocional.

Consejo #1: ¿Qué partes de tu vida compartes con ellos? 

Creciste sintiéndote inválido o dependiendo continuamente de dicha validación. ¿Les pones al día sobre tu vida constantemente y, en ocasiones, sientes que llegas al punto de contarles aspectos demasiado personales o compartes en exceso? ¿Cómo es su reacción cuando les cuentas tus momentos vulnerables? Si vamos a compartir con alguien aspectos íntimos de nuestra vida, busca personas que sepan responder con compasión. Esto es especialmente importante cuando tu familia no acepta y critica aspectos fundamentales de tu identidad (por ejemplo, tu orientación o identidad sexual, tus creencias religiosas, política, etc.). Recuerda, en las dinámicas disfuncionales, se corre el riesgo de caer en un círculo vicioso en el que cuánta más información privada compartes, más información tienen que puede ser utilizada en tu contra. En cambio, ¿por qué no enfocas la atención en ellos o en temas neutrales? 

Consejo #2: ¿A quién acudes para obtener apoyo emocional?

Cuando has llevado las heridas emocionales de tu infancia, es comprensible que anheles el apoyo, la orientación y la validación que nunca has tenido. Cuidado con lo que Freud llamó ‘la compulsión a la repetición’. Esto significa constantemente vernos implicados en escenarios similares a otros de nuestra infancia en los que nos hirieron, pero con la esperanza de que esta vez, las cosas mejoren. ¿Esperas que tus padres reaccionen de manera compasiva esta vez? Y después, ¿te encuentras deseando no haber acudido a ellos y enfadándote contigo mismo por volver a tener esperanzas?

Consejo #3: ¿Cuándo les respondes?

Si en el pasado te sentías el cuidador emocional de tus padres, lo más probable es que, sin querer, sigas desempeñando el mismo rol como adulto. Esta interacción puede ser un desafío cuando vives en el extranjero, principalmente por la diferencia horaria: ¿tienes o tienen la expectativa de que debes estar disponible a cualquier hora del día? ¿Sientes que eres su bombero emocional, siempre pendiente y listo para calmarlos? ¿Has pensado alguna vez en cambiar tus patrones de comunicación? Si todavía les respondes cuando llaman con una crisis, estás reforzando sin saberlo esa dinámica poco saludable.

Consejo #4: ¿Con qué frecuencia estáis en contacto?

¿Cómo mantienes el contacto con las personas que estás tratando de poner límites? ¿Les llamas una vez por semana? ¿Cómo te sientes después de hablar con ellos? ¿Has pensado cuál sería una frecuencia razonable para ti que no te generara mucho malestar?

Hay varias maneras de demostrarles que ellos te importan y que te preocupas por ellos: por ejemplo, enviándoles un artículo o un chiste que te recuerde a ellos.

¿Por qué no reducir la frecuencia de tus llamadas y demostrarles de otra manera -de forma más respetuosa con tus necesidades- que estás ahí para ellos?

Consejo #5: Aprender a romper los mensajes de culpabilidad

A veces, la culpa y la vergüenza son cadenas emocionales muy fuertes que impiden que las personas pongan distancia con relaciones poco saludables. La culpa se puede experimentar internamente cuando se cuestiona si es justo pedir lo que necesitas. También puede imponerse externamente. Ten cuidado con la forma en que respondes a esos mensajes: el verdadero mensaje o demanda suele estar oculto. Aprende a abordar directamente el problema mientras te aseguras de no asumir la responsabilidad de los sentimientos de la otra persona o caer en la trampa de la culpa.

¿Sientes que mostrar a tus seres queridos que te preocupas por ellos y estar disponible para ellos significa olvidar tu propio bienestar emocional?

¡Entonces es el momento de asumir que los cambios siempre empiezan y terminan contigo! ¿Por qué no intentas aceptar tus elecciones y hacer los cambios que necesitas para sentirte mejor?  

Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Lucía Largo
Psicóloga
Adultos y adolescentes
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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